“Ahora todos somos iguales”. Desde el paso del huracán Irma y su furia destructora, se escucha esta frase en cada rincón de la isla francoholandesa San Martín. Sus habitantes esperan un futuro mejor, pero la distancia social sigue siendo enorme entre quienes tienen más y los que poseen menos.

En Quartier d’Orléans, uno de los barrios más pobres de San Martín, Nicaise Jasaron mira a sus hijos jugar. Alrededor de ella, los techos de lata están abiertos como latas de conserva. Algunas viviendas de madera han sido borradas del mapa. En esta zona desheredada de la isla, el huracán Irma golpeó a con toda su furia.

Las personas que menos tenían no saben qué hacer tras el paso de la tormenta. AFP
Las personas que menos tenían no saben qué hacer tras el paso de la tormenta. AFP

“Estamos todos en el mismo barco”, estima esta madre. “El ciclón nos hizo dar cuenta de que las catástrofes naturales nos afectan de la misma manera a todos”.

¿La reconstrucción puede ser vista como una oportunidad? “Para reducir las desigualdades, sí”, confía esta treinteañera, oriunda de la parte francesa de esta isla caribeña.

Esta responsable de una boutique enumera lo que le disgusta de “su isla”: que la población haya crecido tanto, los precios inmobiliarios altísimos, los inmigrantes que han venido de otras islas del Caribe para “aprovecharse” de las prestaciones sociales francesas o para dedicarse a diversos tráficos (drogas, armas, prostitución).

Los botes de pescadores y de turismo están entre lo que se debe recuperar. AFP
Los botes de pescadores y de turismo están entre lo que se debe recuperar. AFP

Según cifras oficiales de 2016, la población del lado francés se triplicó en los años 80. Ahora un tercio de los habitantes son inmigrantes. La tasa de desempleo supera el 30% y 6 de cada 10 habitantes reciben ayuda social.

Desde que el huracán devastó la isla, entre 600 a 1.000 personas se van  a diario San Martín. Algunos no regresarán.

“Quizás sea una oportunidad para que haya más empleo o para comprar un terreno”, espera Jasaron, quien sueña con poder adquirir “un pedacito de San Martín.

Del lado holandés, la brecha social es también importante. “Esta ha sido siempre una isla de ricos y pobres, en donde algunas de las personas más adineradas del mundo tienen mansiones en barrios extremadamente pobres”, señaló hace poco el ministro holandés del Interior, Ronald Plasterk, tras visitar la isla.

“Y la brecha se ha acentuado aún más debido al huracán porque los edificios más sólidos sufrieron relativamente menos daños que en los barrios de Middle Region en Philipsburg, en donde trabajadores viven en viviendas de mala calidad”.

En la punta occidental de la isla, en tierras francesas, las lujosas mansiones cuestan una pequeña fortuna. Esto no frenó el poder devastador de la naturaleza. Algunas casas se quedaron sin techo ni puertas.

En estas zonas privadas de este pequeño paraíso la limpieza de escombros no ha comenzado. “Estamos esperando a las aseguradoras para que vean los daños tal y como están ahora”, explica Greg Hilaire, conserje de una de estas propiedades, ubicada cerca de una mansión del presidente estadounidense Donald Trump.

Las pérdidas incluyen carros que resultaron quemados por la emergencia. AFP
Las pérdidas incluyen carros que resultaron quemados por la emergencia. AFP

“En este barrio, 95% de las viviendas sufrieron daños o fueron arrasadas”, explica Gérald, agente inmobiliario de Carimo, una agencia especializada en la venta de bienes de siete a ocho cifras.

¿El huracán mejorará las enormes diferencias en San Martín  ? “Lo que se paga aquí es el sol, como en todas las islas (...) Imagine que un huracán devaste los Campos Elíseos en París. No cambiaría nada, todo sería reconstruido como antes”, estima el agente.

Este ciclón podría sin embargo permitir la erradicación el drama de los alquileres a precios exorbitantes de viviendas donde se hacinan migrantes sin papeles en condiciones precarias, opina Gérald. Y de construir más viviendas sociales.