Monseñor José Manuel Garita Herrera:
Monseñor José Manuel Garita Herrera: "hemos de aportar la alegría, la esperanza, la luz y la sal del Evangelio de Jesucristo, para dar sentido y fruto a lo que somos como cristianos e hijos de la Iglesia".

 Mi IV Carta Pastoral sobre nuestra Iglesia diocesana y su misión evangelizadora hoy lleva el título "Y serán mis testigos...". Espero que sea una humilde motivación que nos ayude a todos a amar y servir más y a comprometernos más decididamente con ella.

Y serán mis testigos es la indicación con la cual Jesús, al ascender a los cielos, marca el rumbo de la experiencia que habrían de vivir comunitariamente sus discípulos. La Iglesia, que es misión, emerge de la Pascua como una realidad que, anclada en la totalidad del misterio de su Señor, es llamada a prolongarse con el testimonio de quienes creyeron en Él y han sido vivificados por su triunfo sobre la muerte, para comunicar al mundo el anuncio de su salvación para nosotros.

La Iglesia nace de la imperiosa necesidad de anunciar y hacer vida esta verdad, de compartirla con toda persona, de llevarla a toda realidad.

Hoy en día es frecuente la tendencia, en muchos creyentes, que busca separar la fe en Cristo de su experiencia de discípulos en el seno de la Iglesia.

Olvidan estos que la fe posee una dimensión eclesial irrenunciable; pues, fuera de la comunidad eclesial nos condenamos a vivir la fe como si esta fuera una experiencia subjetiva, y terminamos haciendo de ella una proyección de los propios gustos y deseos.

La espiritualidad cristiana es “un modo de conducirse por la vida”, como seres humanos débiles pero animados por la gran misericordia y gracia que Dios nos da.

Las personas con las que Dios nos da la oportunidad de compartir, durante este peregrinar hacia su presencia, deben de notar en nuestra conducta esos principios y valores con los que vamos dando olor de Evangelio a todo lo que hacemos.

La Juventud Misionera de Cartago, es vivo ejemplo de un servicio de las puertas hacia afuera de la iglesia. Foto Keyna Calderón.
La Juventud Misionera de Cartago, es vivo ejemplo de un servicio de las puertas hacia afuera de la iglesia. Foto Keyna Calderón.

De la misma forma, en cada comunidad parroquial se deben notar esas obras de amor especialmente hacia las periferias existenciales que abundan hoy. Es allí, en la cercanía y en la ternura hacia los excluidos de la sociedad, donde debemos hacer presente a Jesucristo que vino a servir y no a ser servido.

Con estas líneas muestro algunas ideas contenidas en la Carta, que si gusta leer completa puede ingresar al sitio www.iglesiaciudadquesada.com.

Si queremos caminar de forma responsable en este peregrinar que nos concede nuestro Padre misericordioso, no debemos quitar nuestra mirada, llena de esperanza, de la única plenitud de alegría a la que hemos de aspirar, que es la vida eterna. Nuestra conducta debe marcar la diferencia en la forma de hacer las cosas en medio de la sociedad, en la que hemos de aportar la alegría, la esperanza, la luz y la sal del Evangelio de Jesucristo, para dar sentido y fruto a lo que somos como cristianos e hijos de la Iglesia.

Monseñor José Manuel Garita Herrera / Obispo de Ciudad Quesada