Después de caminar 172 kilómetros el presi lo recibió en Casa Presidencial

Por: Eduardo Vega 19 mayo
El ganadero Jorge Castro, garrote en mano, botas de hule y sombrero, conversó con el presidente Luis Guillermo Solís en Casa Presidencial. CORTESÍA CASA PRESIDENCIAL.
El ganadero Jorge Castro, garrote en mano, botas de hule y sombrero, conversó con el presidente Luis Guillermo Solís en Casa Presidencial. CORTESÍA CASA PRESIDENCIAL.

El presidente de la República, Luis Guillermo Solís, recibió en su propio despacho de Casa Presidencial, a don Jorge Castro, quien caminó 172 kilómetros, desde Los Chiles a Zapote, como protesta por la contaminación que hacen las piñeras de la zona.

Todavía este viernes muchos se preguntaban si al final el presi recibió a este humilde ganadero, que lo único que quiere es que las piñeras hagan su trabajo con higiene, respeto por el medio ambiente y por las fincas vecinas en Los Chiles.

La molestia de este empunchado ganadero es que debido al mal manejo de residuos en las piñeras, se hacen un montón de moscas que están enfermando el ganado y contaminando el agua de las fincas vecinas.

Por casi una hora, don Jorge conversó con Solís sobre lo que él ha considerado un problema de medio ambiente que debe ser atacado ya mismo por las autoridades. Luisgui lo escuchó atentamente y le confirmó que buscará los mecanismos necesarios para meterle mano al asunto.

No fue una reunión a la carrera o con presiones, por el contrario, Solís le abrió muy alegre las puertas de su oficina a don Jorge, y como no podía faltar en una reunión a media tarde con lluvia, hubo cafecito.

El ganadero no pudo meter a la reunión a su grandes amigos en los 172 kilómetros de recorrido, el caballo Cielito, tampoco a la vaca Negra o a la perrita Muñeca, pero sí ingresó con el palo de escoba que le ayudó a mantenerse en pie en los momentos más duros de la troleada.

No hubo ningún problema para que don Jorge se sentara a tomar el café con ese garrote, nadie pensó que podía usarlo como arma ni mucho menos, incluso en los primeros minutos de la converzona lo tuvo en la mano, pero cuando llegó el yodito lo puso a un ladito para mandarse sabroso.