Aparatos sobreviven y pegan salvadas

Por: Marcelo Poltronieri 16 julio
Estos teléfonos se encuentran al costado oeste del Parque Central de San José. Foto Adrián Soto.
Estos teléfonos se encuentran al costado oeste del Parque Central de San José. Foto Adrián Soto.

Quizás ya ni los vea o ni les preste atención por el celular, pero los teléfonos públicos fueron y seguirán siendo una salvadota para miles de personas.

De hecho, cada vez son menos los aparatos que hay en el país debido al paso arrasador de los teléfonos inteligentes.

De hecho, si comparamos la cantidad que había hace 15 años en el país con respecto a los que hay ahora podríamos decir que lo que ocurrió aquí fue una masacre de teléfonos públicos.

Don Javier Alvarado, aunque tiene celular, prefiere usar los públicos por economía. Foto Adrián Soto.
Don Javier Alvarado, aunque tiene celular, prefiere usar los públicos por economía. Foto Adrián Soto.

Por ejemplo, según datos del Instituto Nacional de Electricidad (ICE) hace 15 años había cerca de 22.000 teléfonos públicos en el país, mientras que actualmente solo hay 4.682 que se dividen en: 2.819 en vía pública, 662 en centros penales y 1.201 en otros sitios.

“La telefonía pública es un negocio que aún lo utiliza un segmento de la población costarricense, por tal razón se mantienen aquellos teléfonos públicos en zonas estratégicas y especiales como parte de la responsabilidad solidaria con la sociedad”, explicó Luis Paniagua Chaves, de la división comercial del ICE.

Gilberth Aguirre es uno de los clientes frecuentes que tienen los teléfonos del Parque Central de Chepe. Foto Adrián Soto.
Gilberth Aguirre es uno de los clientes frecuentes que tienen los teléfonos del Parque Central de Chepe. Foto Adrián Soto.

La Teja se fue a dar una vuelta por el centro de San José para medir con qué frecuencia se utilizaban estos aparatos y nos encontramos dos caras bastante marcadas.

Por ejemplo, en el costado oeste del Parque Central antes había 24 teléfonos de este tipo y ahora hay solo 12, sin embargo, se usan más de lo que pensábamos.

Claro que nunca estuvieron todos llenos al mismo tiempo, ni mucho menos, pero vimos que unas 10 personas los usaron en cuestión de una hora.

Caso contrario a los que están sobre el bulevar de la avenida central (por el Banco Central), ya que en el tiempo que estuvimos ahí ni una sola alma se arrimó para usarlos.

Aunque doña Silvia Badilla tiene celular, su hijo, Jason Cornejo, prefiere llamar desde los públicos. Foto Adrián Soto.
Aunque doña Silvia Badilla tiene celular, su hijo, Jason Cornejo, prefiere llamar desde los públicos. Foto Adrián Soto.
De todo un poco

Conversamos con varios usuarios del servicio telefónico y nos llevamos varias sorpresas. Desde personas que tienen celular y prefieren usar el público, a otros que nunca dejaron de usar las maquinotas porque se encariñaron.

Tal es el caso de Javier Alvarado, un breteador de la UCR que dice tener celular, pero que lo agarramos llamando desde un teléfono público.

“Yo tengo celular, pero la mayor cantidad de tiempo me gusta usar el teléfono público porque me sale más barato”, cuenta el pusleador.

De hecho, Alvarado asegura que una tarjeta de ¢500 le puede durar hasta dos semanas, mientras que si le echa eso a su teléfono prepago no le dura nada.

Ahora ninguno de los teléfonos públicos de los que vimos en San José usan menudo. Foto Adrián Soto.
Ahora ninguno de los teléfonos públicos de los que vimos en San José usan menudo. Foto Adrián Soto.

Por otro lado está el caso de Jason Cornejo, a quien no le hacen gracia los celulares y prefiere andar buscando teléfonos públicos para llamar.

“No se me complica porque cerca de mi casa hay uno a 300 metros, por una panadería. Además ahora es más fácil usar los teléfonos públicos porque ya no hay filas como antes”, expresó Cornejo.

Además de esos dos casos nos encontramos a los que les robaron el celular, como a don Luis Chacón, quien tampoco le ha hecho mucho la fuercita por comprarse otro.

“A mí no me molesta usar los teléfonos públicos, más bien desde que me robaron el celular no me pueden controlar tanto en la choza”, comentó muerto de risa.

A estos pobres teléfonos por el Banco Central, sobre el bulevar de la avenida central, casi nadie los visita. Foto Adrián Soto.
A estos pobres teléfonos por el Banco Central, sobre el bulevar de la avenida central, casi nadie los visita. Foto Adrián Soto.
Ventajas y desventajas

Para los usuarios de los públicos hay ventajas y desventajas en seguir usando estos chunchotes.

Para muchos es beneficioso que como casi nadie los usa no se hagan largas filas para llamar.

“Antes aquí había filas de más de 20 minutos y había que irse a buscar teléfonos desocupados por otro lado”, contó José Cisneros.

Por otra parte, otra de las ventajas es que ya los teléfonos no se usan con menudo, por lo que así se aseguran que la máquina no se les va a tragar la moneda y los va a dejar “ciegos”.

A don Luis Chacón le robaron el celular y por eso para el estas máquinas son una salvadota. Foto Adrián Soto.
A don Luis Chacón le robaron el celular y por eso para el estas máquinas son una salvadota. Foto Adrián Soto.

Mientras que para otros como Gilberth Aguirre marcar el número de tarjeta cada vez que va a llamar es un bostezo.

Sumado a esto, hay quienes ya no usan este servicio, pero igual lo recuerdan con mucho cariño.

“Yo vivía en Moravia y cerca de mi casa había un teléfono público. A veces algún vecino daba el número de ahí para que lo llamaran y uno contestaba y le pedían ir a buscar a esa persona. Uno a veces le iba y le avisaba, pero si uno andaba con prisa no podía”, recordó entre risas doña Silvia Badilla.

Cifra
  • 17.318 teléfonos públicos menos hay en el país que hace 15 años.