Algunos comportamientos podrían darle pistas para saber si sus hijos están siendo víctimas de algún tipo de abuso

Por: María Ester Flores Sandoval 12 octubre
Cuando algunos padres descubren que uno de sus hijos está sufriendo algún tipo de abuso sexual infantil, lo interrogan intimidando y haciendo sentir mal al niño, que aún no entienden lo que está pasando. Foto con fines ilustrativos.
Cuando algunos padres descubren que uno de sus hijos está sufriendo algún tipo de abuso sexual infantil, lo interrogan intimidando y haciendo sentir mal al niño, que aún no entienden lo que está pasando. Foto con fines ilustrativos.

Cuando los niños o las niñas manifiestan sus inquietudes sexuales a través de preguntas, y exploran su propio cuerpo, o bien tienen juegos sexuales con otros niños, por lo general los adultos entran en pánico.

El tipo de preguntas, el tono y los gestos de sus padres suelen transmitir muchos sentimientos de culpa hacia los menores. Otros actúan agresivamente, les pegan si los encuentran autoestimulando sus genitales, agregando insultos como; niño malo, cochino, eso no se hace, te voy a castigar, eso no es de Dios, y similares. En el fondo lo que pretenden es inculcar un fuerte temor con el fin de reprimir sus instintos, sin advertir lo mucho que esto lesionará la sexualidad adulta de estos pequeños.

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Otro de los abordajes negativos es al descubrir que uno de sus hijos está sufriendo algún tipo de abuso sexual infantil. Interrogan intimidando y haciendo sentir mal a los niños, que aún no entienden lo que está pasando. Los revictimizan, impidiendo que puedan decir quién es la persona abusiva, en especial si hay amenazas de por medio, generando una gran cantidad de síntomas en ellos tales como enuresis (orinarse cuando la habían controlado esfínteres), Encopresis (no controlar el defecar en lugares que no es el baño), miedos nocturnos, pesadillas, agresión, mal comportamiento en el hogar y escuela. Conductas muy sexuadas, incluyendo lenguaje sexual adulto. Masturbación compulsiva o llanto inesperado.

La Unicef señala: “aunque la mayor parte de los casos de abuso se ocultan, sabemos que casi 150 millones de niñas y 73 millones de niños menores de 18 años han experimentado un coito forzado u otras formas de violencia sexual en todo el mundo”.

Las familias deben tratar estos temas con naturalidad y con lenguaje simple para los niños, explicar con paciencia y comprensión. Nunca hacerlos sentir mal con su sexualidad y menos frente a los abusos.

La Unicef nos prepara con las siguientes pautas en caso de abuso: “Capacitar a la víctima para informar de manera inmediata de ulteriores episodios de abuso. Enseñar a la víctima a identificar y comprender su propia sexualidad y la del adulto de una forma sencilla y objetiva. Darle pistas claras e inequívocas de cuándo un acercamiento de un adulto tiene una intencionalidad erótica. Adiestrar al menor en técnicas de evitación de situaciones que suponen un claro riesgo de abusos sexuales, según las experiencias pasadas. Enseñar al niño modos eficaces para rechazar peticiones no deseadas en el ámbito erótico”.

Y el ingrediente mágico que sana todo en esta vida para los niños es darles amor. Exprese sus conocimientos e inquietudes con amor, abrazos, palabras dulces, cariño, tiempo y jugar con amor.