Una de las frustraciones más grandes que pueda tener una relación de pareja es que no tenga rumbo, y que sean las circunstancias las que marquen el destino de la relación.
A veces se le pregunta a una pareja qué objetivos tienen y dicen que no saben.
Tampoco saben por qué están juntos o por qué se casaron y la vida les marca el sendero por el que tienen que transitar, sin preguntarse por qué o para qué.
Son relaciones de pareja o familias que solo subsisten y que son presa fácil de cualquier viento, son como un barco a la deriva sin norte, sin ilusiones y lo más grave es que no se percataron que el tiempo pasó y la vida los encontró mar adentro, sin nada que les ayude a enfrentar la tempestad. Lo único que acatan es tirarse al mar a ver si la corriente los puede sacar a flote.
Algunas veces se logra, otras no y lo que se pudo haber hecho no se hizo y al final el dolor y la angustia son los que terminan con lo poco que queda de esas personas, que un día pudieron enderezar su rumbo o darle una dirección a su relación, a su matrimonio y a su familia, pero pudo más la indiferencia o el orgullo, que el deseo de cambiar y salir adelante.
