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La crisis energética divide por dos el mercado británico de la electricidad

El Reino Unido se enfrenta a quiebras encadenadas de empresas energéticas y su mercado eléctrico se ha reducido a la mitad desde finales de agosto. La crisis energética es mundial, pero el mercado británico está especialmente afectado. He aquí algunas explicaciones.

Un total de 25 empresas energéticas han cerrado desde el mes de agosto debido a la crisis desencadenada por un repentino aumento del precio del gas.

Quedan 28 operadores en el país, indicó a la AFP el regulador del sector, Ofgem. En el Reino Unido han arreciado las críticas desde que se anunció que Bulb, un proveedor de energía renovable que hasta ahora era el séptimo mayor operador, con unos 1,7 millones de clientes, va a entrar en concurso de acreedores.

Se calcula que la operación le puede costar al contribuyente británico 1.700 millones de libras (2.300 millones de dólares, 2.000 millones de euros), o más, hasta una eventual venta o adquisición de sus clientes por parte de otros operadores.

Los expertos prevén que este coste repercutirá en las facturas de los consumidores en cientos de libras a lo largo de un año, lo que sumado al aumento en los límites de tarifa dejarán en una complicada situación a los hogares más pobres.

Otros países europeos también se ven afectados por esta crisis, generada por una fuerte demanda debida a la recuperación, la llegada del invierno en Europa y el temor a que Rusia apriete las tuercas de su suministro, entre otros factores.

En España, Francia y Alemania, han quebrado en los últimos meses algunos operadores pequeños, pero el Reino Unido tiene ciertas particularidades que lo hacen más vulnerable.

A pesar de la creciente participación de la energía eólica en su producción, el país es más dependiente del gas natural que otros.

El Reino Unido también está "menos integrado en el mercado supranacional", dice a la AFP Veronika Grimm, profesora de la Friedrich-Alexander Universitat de Núremberg, en Alemania.

"En Europa, las subidas de precios se han visto amortiguadas por el mercado común de la electricidad", explica la experta. Y la capacidad de almacenamiento de gas en el Reino Unido es también "particularmente baja", añade.

Muchos proveedores británicos se han visto atrapados entre estas subidas récord del precio del gas y el límite de los precios que se pueden cobrar a los clientes, creados para proteger a los consumidores de las alzas repentinas.

"Podrían ser necesarias pruebas de resistencia en el futuro para garantizar que las empresas que entran en el mercado están suficientemente bien posicionadas" para resistir la presión, considera Grimm.

Mientras algunos diputados, sobre todo los conservadores, piden que se elimine este límite, otros críticos, como el sindicato Unison, reclaman la nacionalización, al menos parcial, del sector.

La experta señala que la liberalización de las últimas décadas ha favorecido la competencia y las nuevas entradas en el mercado.

En consecuencia, muchos pequeños operadores no tenían la fuerza financiera necesaria para soportar el aumento de los precios de compra.

Sin embargo, algunos especialistas consideran que la privatización ha aportado beneficios: "grandes reducciones de costes e innovaciones" como la facturación inteligente y la recarga de coches eléctricos, mientras que el sector seguía dependiendo en gran medida del carbón antes de la liberalización, señala Richard Green, profesor del Imperial College London.

Grimm también estima que el regulador debería "acelerar la transición energética". Más energías renovables significa menos dependencia del gas natural, subraya.

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