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"Tenemos el conocimiento para salvar el planeta", reivindican los indígenas

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Uyukar Domingo Peas, indígena ecuatoriano, lamenta que pese a la emergencia de la crisis climática países y empresas sigan destruyendo la Amazonía y no recurran a los conocimientos ancestrales de las comunidades originarias para salvar al planeta.

"La Amazonía debe quedar intacta para la juventud y el resto de la humanidad", asegura con determinación este hombre de 58 años de la nación achuar, que lleva tres décadas luchando contra la destrucción de la selva.

Si todavía quedan "reservorios de recursos naturales" es "gracias a la práctica que nosotros tenemos para protegerlos durante miles de años", dice a la AFP.

El 80% de los bosques tropicales del planeta -cerca de 800 millones de hectáreas -se encuentran en territorios indígenas, según las organizaciones que los defienden.

Aprovechando que a lo largo de la semana han desfilado por la tribuna de la Asamblea General de la ONU en Nueva York los líderes del planeta que han hecho un alegato para frenar una catástrofe climática que se avecina, indígenas de todo el mundo han participado la Semana del Clima, un conglomerado de eventos independientes.

Este viernes fueron los invitados especiales de las marchas de los Viernes por el Futuro que han pedido al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que declare la emergencia climática ante señales alarmantes en el planeta: lluvias catastróficas que han afectado a millones de personas en Pakistán y Puerto Rico, sequías, incendios y temperaturas tórridas.

Los indígenas acusan al "capitalismo" de causar la destrucción de sus bosques. Pero Peas necesita su dinero para llevar a cabo la Iniciativa Cuenca Sagrada Territorios de Vida, que pretende proteger 35 millones de hectáreas (el tamaño de Italia) en la selva amazónica de Perú y Ecuador, y alberga a 30 pueblos indígenas con 600.000 habitantes.

Espera que pronto participen en la Cuenca Sagrada los 9 países que comparten la Amazonía, el mayor pulmón del planeta con casi 300 millones de hectáreas, 3 millones de habitantes en más de 500 pueblos distintos y otros tantos idiomas.

"Queremos que las empresas y bancos dejen de invertir por dinero e inviertan por el bien común" porque "el cambio climático no es solo de indígenas es de todo ser humano. La economía debe ser solidaria", subraya.

El objetivo es "conservar, reforestar y restaurar" los daños que desde hace cuatro décadas han causado las industrias extractivas, sobre todo la petrolera y la minera, y detener los megaproyectos de infraestructura como las vías de acceso que abocan a la destrucción de la selva.

Para ello aboga por una "nueva bioeconomía", con nuevas fuentes de energía, conexiones, programas de turismo, productos de valor agregado, gobernabilidad de los territorios indígenas y un programa de liderazgo para conseguir que los jóvenes indígenas no emigren a las ciudades.

"Queremos cuidar la selva y vivir de la selva", asegura.

En comparación con las sumas colosales que se necesitan para los proyectos petroleros y mineros que contaminan sus tierras y sus ríos, su iniciativa necesita 19 millones de dólares en un periodo de 10 años.

"¡La madre tierra no espera que la salvemos, espera que la respetemos!", dice la líder ecuatoriana de la nación waorani, Nemonte Nenquimo.

La pandemia de covid y la "histeria colectiva de los países que dependen del petróleo" a raíz del conflicto en Ucrania han asestado un duro golpe a la lucha indígena por el clima, reconoce Levi Sucre, de la comunidad bribrí, los indígenas repartidos entre Costa Rica y Panamá, y coordinador de la Alianza Mesoamericana de los Pueblos y Bosques y copresidente de la Alianza Global de las Comunidades Territoriales.

Con las prioridades puestas en la recuperación económica, los derechos indígenas "han retrocedido alarmantemente en los dos, tres últimos años", asegura a la AFP.

Aunque el caso más alarmante es el de Brasil, donde el gobierno "desconoce deliberadamente a los pueblos indígenas", sostiene.

Los representantes de los pueblos indígenas se quejan de que los recursos acordados en las reuniones del clima apenas les llega.

Monica Kristiani Ndoen, una joven líder indígena indonesia, recordó esta semana que el "desafío es acceder directamente a fondos del clima".

"Las comunidades indígenas solo conseguimos una gota: menos del 1% llegó en la última década. La cuestión es saber a dónde van los fondos", se pregunta.

Para el venezolano Gregorio Díaz Mirabal, coordinador de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica), el problema es que "no estamos en los espacios donde se están tomando las decisiones", pese a que "tenemos más de 600 años regalando aire puro, agua dulce al mundo a cambio de nada".

"Si quieren que sigamos contribuyendo con oxígeno, con ríos, con bosques, agua potable, respeten nuestra casa", espeta.

af/gm

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