Antiguo propietario del carrazo quería desarmarlo para venderlo como repuestos

Por: Sergio Alvarado 27 abril, 2019
Juan Carlos es mecánico y por eso solo él toca su nave. Cortesía Juan Carlos Alvarado

Manejar un convertible, sintiendo el sol, la brisa y las miradas de los que admiran este tipo de chuzos, es algo con lo que soñó por muchos años Juan Carlos Alvarado.

Este mecánico, de 45 años y dueño de un lubricentro, la pasa de manera fenomenal cuando anda regando veneno en su Volkswagen Rabbit Cabriolet de 1987, el cual rescató cuando lo iban a desarmar para usarlo como repuestos.

Este amante de los autos clásicos y convertibles es oriundo de Oreamuno, en Cartago, y nos contó algunos detalles de esa pasión y de su amor por esa hermosa nave.

¿Quién diría que este chuzo casi termina como repuestos? Cortesía Juan Carlos Alvarado

¿Siempre ha sido un gran fiebre de los carros?

Desde niño, una de las ilusiones que uno tenía de carajillo era de grande tener plata para regalarse un carro como este que siempre soñé. Quería uno diferente al de los demás.

¿Cómo lo consiguió?

Ese carro viene de San José, desde la calle de la Amargura. Lo iban a desechar para repuestos, tenía problemas de Riteve, gases y otros que a mí se me hacía fácil corregir porque tengo maquinaria y, además, me gusta trabajar con los carros a mi gusto.

El motor del carro fue lo primero que arregló. Cortesía Juan Carlos Alvarado

¿Cómo se enteró del carro para salvarlo?

Fue una suerte, el dueño llegó acá al lubricentro (en Oreamuno), me dijo que lo iba a desarmar para repuestos porque no tenía cómo arreglarlo. Como yo también vendo carros me preguntó si me interesaba y le dije que sí, pero que tenía que meterle mucho para arreglarlo y llegamos a un acuerdo.

¿En cuánto se lo dejó?

Él pedía ¢2,7 millones, pero al final lo compre en millón y medio. Lo restauré todo, le metí aros, lo arreglé por dentro, la parte estética, pintura y demás. Le he invertido más de dos millones en arreglos.

El brumoso acompaña sus viajes con buena música. Cortesía Juan Carlos Alvarado

¿Qué le ha hecho?

Bastantes cosas. Ese carro nadie lo toca, solo yo. Le hice trabajos de motor, tiene audio, equipo de sonido, luces LED, le he metido muchas cosas.

¿En cuál parte empezó a trabajarlo?

En el motor, era lo que más urgía. Trae motor 1800, pero se tuvo que desarmar todo y restaurar para que pasara en gases. A poquitos se fue trabajando, pero no fue sencillo.

Muchos le piden permiso para tomarse fotos dentro del vehículo. Cortesía Juan Carlos Alvarado

¿Cómo reacciona la gente en la calle cuando ve el chuzo?

A la gente le gusta mucho, porque es un carro que cuesta mucho ver. Cuando se convierte la gente se sorprende, porque cuesta ver uno que tenga el techo duro, yo acá he visto si acaso como tres.

¿Le piden fotos y cosas por el estilo?

Claro, la gente llega y me dice que les recuerda muchas cosas o si le pueden tomar fotos para enseñárselas a familiares, me piden hasta permiso para subirse. Yo siempre les digo que el carro es para disfrutarlo, no para tenerlo ahí guardado solo para mí.

¿En qué consisten las luces LED en un carro?
Las luces LED están sustituyendo a las de xenón. Con una vida útil de más de 10.000 horas, presentan un bajo consumo energético. Además, gracias a su enorme velocidad de reacción, estas luces iluminan la carretera con gran precisión y resolución, además son capaces de iluminar a plena intensidad en fracciones de segundo, mientras que las de xenón tardan algunos segundos en poder ofrecer toda su luminosidad.