Llegó el pitazo final. España se impuso a Argentina en la final de la Copa del Mundo y, de inmediato, el lente de nuestra cámara buscó la reacción de Lionel Messi.
La Pulga simplemente se quedó de pie, con la mirada perdida y en silencio. No reaccionó ni siquiera cuando, a su lado, algunos compañeros protagonizaron momentos de tensión con los españoles.
Poco a poco, varios rivales se acercaron para saludarlo y dedicarle una palabra de aliento. También lo hicieron algunos de sus compañeros de la Albiceleste.
Tras unos minutos parado, se sentó en la gramilla, solo y sin hablar con nadie. A su alrededor únicamente estaban las cámaras que no dejaron de enfocarlo. Se quitó los tacos y se quedó mirando hacia las graderías, procesando en silencio el duro golpe de no poder conquistar la cuarta estrella en su último Mundial.
Finalmente se levantó cuando los llamaron para preparar la premiación. Caminó descalzo por el campo y luego volvió a ponerse los tacos. Pero la imagen se mantuvo: Messi solo, al frente del grupo y casi siempre en silencio.
Tras recibir la medalla de plata, se fue, junto a sus compañeros, al frente de los aficionados y empezó a llorar. La gente empezó a cantar y ellos se quedaron allí un largo rato.
Así terminó la historia mundialista de Lionel Messi: en silencio, tras disputar su última Copa del Mundo

