Eduardo Vega.23 agosto

Para Diederick Cantillo Solano su Datsun 220C modelo 1977 no es un chuzo cualquiera, es su compa de vida, ya que prácticamente crecieron juntos y han vivido grandes aventuras desde que lo conoció.

Este Datsun es de 1977, pero parece que lo fabricaron este 2020. Cortesía.
Este Datsun es de 1977, pero parece que lo fabricaron este 2020. Cortesía.

Cantillo nació en 1986 y el Datsun llegó a la familia un año después, porque su papá, don Manuel Cantillo (60 años) lo compró para usarlo como taxi, labor que desempeñó el chuzo de forma excelente hasta el año 2000 cuando le quitaron las placas oficiales y lo guardaron bajo techo durante muchos meses.

“Crecí viendo ese carro todos los días por eso desde pequeño lo soñé, siempre le dije a mi papá que cuando fuera grande se lo iba a comprar, se lo decía desde que estaba en la escuela. Soñaba con restaurarlo, dejarlo en perfecto estado para usarlo por todo el país”, reconoció Diederick, quien ahora tiene 34 años.

La máquina está puras tejas de motor, mucho mejor que cuando lo sacaron de agencia. Cortesía.
La máquina está puras tejas de motor, mucho mejor que cuando lo sacaron de agencia. Cortesía.

Con el sueño de comprar el taxi todavía en su cabeza, cuando cumplió 20 años comenzó a trabajar y con el primer salario le hizo una propuesta a su papá: le daba 300 mil colones por la nave, pagándole 50 mil al mes; el papá aceptó y así cumplió su primer sueño, el segundo era chanearlo.

“Cuando lo compré comencé a meterle, estamos hablando que fue hace 14 años, así que la restauración fue poco a poco. Yo siempre lo soñé con sus partes originales por eso la gran mayoría las mandé a traer de Tailandia, ahí las conseguí nuevas y originales. Menos el radio y los aros, todo es original.

Detalles como los emblemas fueron los que más costó conseguir. Cortesía.
Detalles como los emblemas fueron los que más costó conseguir. Cortesía.

“En estos 14 años le he invertido unos 12 millones de colones, pero no es un asunto de dinero, hablamos de un carro que es parte de mí; creció conmigo, desde que tengo memoria lo veo y por eso lo chineo tanto”, explica.

Recuerda que el repuesto más caro que compró fue el bumper delantero, el cual le costó 700 mil colones y el lujito que más le tocó el bolsillo fue la pintura, le salió en dos millones y medio de colones porque es una pintura especial, conocida como Candy, es para carros de exhibición, tiene un brillo especial. Le cambió el motor y la caja de cambios, los cuales son originales y las consiguió aquí en Tiquicia.

Ha rodado por todo el país, desde el mar hasta las montañas. Cortesía.
Ha rodado por todo el país, desde el mar hasta las montañas. Cortesía.

A este apasionado del chuzo le han ofrecido bastante dinero por la nave, pero siempre pegan con pared, ya que no lo vende, es como un hermano, tanto así que ni se ha dado a la tarea de pensar en un precio.

“No hay plata que pague lo que siento por este Datsun”, asegura.

Este fiebre de los motores esta casado con doña Marta Loaiza con quien tiene dos hijos, Santiago de 6 años y Leonardo de 4. Asegura que esta nave le quedará a Santiago y otro Datsun que está restaurando será para Leonardo.

Don Diederick ya le heredó la pasión por este Datsun a sus hijos Santiago y Leonardo, quienes también lo aman. Cortesía.
Don Diederick ya le heredó la pasión por este Datsun a sus hijos Santiago y Leonardo, quienes también lo aman. Cortesía.

“Cuando salimos tiene que ser con tiempo porque la gente me detiene para hacerle fotos, para que le cuente la historia del carro, los taxistas de la vieja guardia me preguntan detalles y yo me alegro mucho de hablar del carro que tuvo la placa SJP 861.

“Lo he andado por todo el país, en realidad lo he convertido en un carro muy cómodo, le puse dirección hidráulica, por ejemplo. Como es de diésel, cuando voy a Guanacaste gasto uno 20 mil colones en combustible para todo el viaje, es supereconómico, por eso es el carro perfecto”, comenta.