Pablo Salazar, Johnny Woodly, Félix Montoya, Pablo Gabas, Erick Marín, Kenneth García y Óscar Rojas, por citar algunos nombres, tienen en común que superan los 33 años y siguen pateando bola en el campeonato nacional, incluso, la mayoría juegan como titulares.
La genética es importante para mantenerse en competencia, pero también lo es la dieta y el ejercicio que cada uno hace por su cuenta.
"Creo que es disciplina, tanto al entrenarme como fuera de la cancha, sobre todo con la alimentación y el descanso. Yo trato de dormir una hora en la tarde y ocho horas en la noche", explicó Pablo Salazar, defensor del Herediano, de 34 años.
Salazar cuenta con una ayuda extraordinaria en su casa: su esposa Elena Hidalgo. Ella nos explicó que, por ejemplo, que en su casa solo se come arroz integral, y eso aplica para sus hijas María Paula y Valentina, de 11 y 7 años respectivamente.
"Me encanta, hemos visto muchos nutricionistas y también investigo en Internet. Especialmente cuando Pablo viene saliendo de una lesión trato de ver cómo puedo ayudarlo", dijo Elena.
El rol de esta esposa y madre incluye prepararle al jugador el desayuno, así como sus batidos, ya que es lo primero que el jugador se toma en el día.
"Todos en la familia hemos aprendido a comer de manera diferente, con mucha fruta, arroz y pasta integral. Si hacemos pizza, es con pan pita integral, todo es bajo en grasa, en sodio y sales", indicó Hidalgo, quien de vez en cuando se escapa sola y se come algo menos sano.
Elena también le alista las meriendas al jugador, ya sean las proteínas para después de entrenar, el yogur, la frutas o galletas integrales.
"Si les toca viajar a un partido a Pérez Zeledón o Limón, Pablo lleva su emparedado de pan integral", contó la empunchada señora.
Hidalgo dice que los chineos con Pablo fueron mayores después de que sufrió una lesión en una de sus rodillas, que lo alejó de las canchas por seis meses y lo tuvo casi 60 días sin caminar.
"Yo hasta le ando buscando que haga piscina, yoga o pilates; lo llevo y lo traigo", añadió la esposa.
Pablo es sincero y pese a su disciplina, asegura que los postres son su debilidad, por eso, cuando tiene chance, así esté en pleno torneo, se come un poco de tres leches.
La nutricionista está en casa
Un caso muy parecido es el de Johnny Woodly, delantero de Grecia, de 37 años, quien pese a no ser titular, entra normalmente de de cambio. Incluso, el año pasado estuvo jugando en Alajuelense y San Carlos.
Hasta el extécnico manudo Benito Floro lamentó, a inicios de este 2017, que el atacante se hubiera ido de la Liga porque sus goles hacían falta en la casa de Morera Soto.
El moreno cuida mucho lo que come y la dormida. Él también le da mucho mérito al trabajo de esposa Andrea Cerdas.
"Ella es mi nutricionista personal, no incluye mucho aceite ni cosas grasosas en la dieta. No es nutricionista profesional, pero es la que me cuida. Ha estado conmigo casi toda la carrera entonces sabe qué puedo comer, qué días está bien que coma carne, cuándo pasta, qué día pollo", indicó el futbolista griego.
"Yo como arroz normal, también mucha ensalada, así como carne blanca (pollo y pescado). Me gustan las carnes rojas, pero las como tres días antes de un partido, ya que es muy pesada, dura más en hacer la digestión", indicó Woodly.
Johnny cuenta que no es dulcero, pero de vez en cuando pellizca alguna cucharada de postre cuando su señora se está comiendo alguno. En cuanto a la comida chatarra, alguna vez perdida se come algo; sin embargo, no es algo que le desvele.
Por su parte, Erick Marín, defensa de 35 años del Guadalupe FC, asegura sentirse mejor jugando ahora que cuando tenía 20 años. Incluso, dice que si la mentalidad que tiene actualmente la hubiera tenido hace 15 años, seguro habría dado más en el fútbol.
"Yo hago mucho ejercicio, trato de tener una dieta balanceada y después de entrenar hago gimnasio, me cuido mucho.
"Trato de evitar la comida rápida, no tomar gaseosas, ni azúcar. Todo eso me ha ayudado bastante. Después de ahí, como casi de todo, igual me gusta mucho la comida casera, el arroz, frijoles, ensalada", añadió.
El guadalupano le hace la cruz a las carnes y a la comida grasosa antes de un partido.


