Sergio Alvarado.4 enero
Víctor Badilla, de 18 años, ya maneja un chuzo que es una pieza histórica y que un día le heredarán. Fotografía: John Durán
Víctor Badilla, de 18 años, ya maneja un chuzo que es una pieza histórica y que un día le heredarán. Fotografía: John Durán

En Tiquicia andan miles de carros por las calles, unos más singulares que otros, pero sin duda el Oldsmobile F85 deluxe, modelo 1961, de don Albert Badilla, es prácticamente único en el país.

Se trata de una nave que posiblemente cueste encontrar en muchos países, lo que la vuelve más especial.

Durante los años 50 y 60, tener un chuzo de estos era sinónimo de clase y estilo. No cualquiera podía darse el lujo de adquirir un automóvil así, de seis metros de largo, una verdadera joyita.

Además, lo vuelve más especial el hecho que la compañía que los producía ya ni siquiera existe.

Con un solo dedo se mueve la palanca de las direccionales. Fotografía: John Durán
Con un solo dedo se mueve la palanca de las direccionales. Fotografía: John Durán

La Oldsmobile era una división de vehículos manejada por General Motors, que se mantuvo por 107 años y cerró sus operaciones en el 2004, por lo que personas como Badilla tienen que cuidar mucho estos chuzos que ya no se ven a la vuelta de la esquina.

Irónicamente, cuando Albert se encontró esta nave, la tenían tirada a su suerte afuera de una casa en Tres Ríos, llevando agua, polvo y sol.

Este vecino de San Josecito de Alajuelita dice que cuando lo vio fue como que el carro se le hubiera quedado viendo mientras le pedía que lo rescatara y lo devolviera a sus tiempos de gloria.

Este vehículo no tiene problemas de espacio. Fotografía: John Durán
Este vehículo no tiene problemas de espacio. Fotografía: John Durán

“Este carro venía con un motor 5000 V8, dirección hidráulica y aire acondicionado, era una edición de lujo en esa transición de los 50 a los 60, de aquellos carros con una transmisión más suave y familiar, bastante espacioso. En esa época no cualquier carro venía así”, nos explicó sobre sus singulares condiciones.

Albert actualmente anda el carro como una joyita y piensa dejárselo a su hijo Víctor; sin embargo, recordó todo lo que tuvo que bretear para tenerlo así, un trabajo que le tomó cuatro años desde que lo compró y en el que dejó sudor, mucho esfuerzo y hasta sangre, pues la nave la pudo bonita él mismo.

El carro mantiene todo el diseño original. Fotografía: John Durán
El carro mantiene todo el diseño original. Fotografía: John Durán

"Tiramos abajo la carrocería, la transmisión y el motor, a veces uno se pegaba una herida o una cortada grande y ya no quería tocarlo más por unos días.

“Ya después me entraba de nuevo el amor, le hacía otro poquito, era un dolor de cabeza porque tal vez una pieza no encajaba de donde uno la había quitado. El frente lo tuve que desarmar cuatro veces para tenerlo así, tiene piezas muy pequeñas y acomodadas de maneras muy específicas, por eso lo tedioso”, indicó.

Su dueño se pegó una breteada bastante grande con los detalles del frente del chuzo. Fotografía: John Durán
Su dueño se pegó una breteada bastante grande con los detalles del frente del chuzo. Fotografía: John Durán

Muchas partes debía trabajarlas a pura herramienta, cortar, lijar y otro tipo de cosas que no eran tarea sencilla, porque la idea era dejarlo como sacado de fábrica. El amor por este tipo de naves viene de su papá, Víctor Badilla.

Como es lógico, ahora el carro llama muchísimo la atención por donde quiera que vaya y a su dueño le pasan pidiendo fotos y le hacen todo tipo de preguntas.

Los detalles de la nave tienen un acabado de lujo. Fotografía: John Durán
Los detalles de la nave tienen un acabado de lujo. Fotografía: John Durán

“Una vez en Puntarenas un par de señores mayores lo vieron y me pidieron que si se podían tomar una foto y después hasta se les salieron las lágrimas, me dijeron que les recordó su juventud pues tuvieron uno parecido”, contó.

Ya veremos si el joven Víctor lo aprovecha, sino su papá le seguirá sacando mucho más brillo.

¿Cuándo se debe cambiar el líquido para frenos?
Cada año o 20,000 kilómetros en sistemas ABS y cada 2 años o 40,000 kilómetros en sistemas convencionales. El líquido debe cambiarse debido a que absorbe humedad y se generan depósitos que pueden dañar las distintas partes del sistema.