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Doctor logró revivir un Jeep Willys que hoy es su mayor orgullo

Un hermoso chuzo es el consentido del médico, quien duró diez años buscándolo y tres años y medio para restaurarlo.

Para el doctor Javier Soto, un amante de restaurar carros y dejarlos como un ajito, su pieza más preciada es un Jeep Willys del año 1946.

Soto, de 54 años, tardó diez años en encontrar el chuzo de sus sueños y tres años y medio más en restaurarlo.

“Me gusta preservar la historia, buscar en medio de todo esta gama de lo que es el mundo de los motores algo que me exprese lo que es la historia, entonces empecé a buscar ese carro.

“El Willys lo busqué por una década, preguntando por aquí y preguntando por allá, para saber quién podría tener uno. Es un carro muy escaso y son muy pocos los que tienen uno”, añadió.

Pero tanto preguntar le sirvió porque le soltaron el santo sobre un Jepp Willys como él quería.

“Me dijeron que por el lado de Moravia tenían uno en una bodega que se parecía a un Willys, así que fui pero fu una decepción, porque lo que encontré fue un carro moderno modificado, pero luego de hablar con el dueño me preguntó si buscaba un Willys y me dijo que tenía uno en la bodega. Nos metimos en medio de aquel polvazal y allí lo vi, todo sucio, pero era un Willys”, manifestó don Javier.

Lo compró de una (no dijo el precio) y después empezó la hazaña junto a un ayudante.

“Se veía lindo, pero tenía fallas impresionantes. Según lo que me dijo el señor, el carro funcionaba y lo guardó por un año, pero dudo mucho que se movilizara durante al menos cuatro años”, añadió.

Trabajar en su gran pasión resultó complicado, pues debido a ser un modelo viejito cuesta mucho conseguir las piezas.

“Encontrar las piezas de primera entrada es una tristeza. No hay información, hay que ir de boca en boca y empecé a traer piezas originales de Estados Unidos. Yo soy médico, pero estudié Mecánica Automotriz en el Colegio Profesional de Desamparados y con el señor que me ayuda lo restauramos. Él con la parte mecánica, el motor y la transmisión y yo con la parte de la carrocería, los frenos y la electricidad”.

“Tardé tres años y medio armándolo, buscando piezas, armando el motor, la transmisión, la carrocería, pintándolo, haciendo piezas o viendo quién las hacía. Pero el resultado fue tan espectacular que estoy enamorado de él”.

Dijo que cuando estaba terminando la restauración descubrió que había lugares en Costa Rica que venden piezas de esos carros, así que lo poco que le faltaba, lo terminó de comprar aquí.

Este fiebre circula su nave por San José centro y Paso Ancho, en Desamparados. No hace distancias largas porque le da temor que se le dañe alguna pieza, sobre todo porque cuesta mucho encontrarlas.

“Es un carro que no pueden dejar de verlo, le toman fotos, me preguntan de qué año es. Los chiquillos preguntan de dónde salió y los papás les explican que eran los carros de la Segunda Guerra Mundial. Me han ofrecido comprarlo, pero no está a la venta. Me costó tanto dejarlo así que jamás lo vendería”, explicó.

Soto dijo que creció viendo películas de la Segunda Guerra Mundial y por eso tenía ese afán por conseguir un Jeep Willys.