Felipe Arrieta.1 julio
Cartaginés fue campeón de Concacaf en 1994 al derrotar 3-2 en la final al Atlante de México. Foto: Archivo GN
Cartaginés fue campeón de Concacaf en 1994 al derrotar 3-2 en la final al Atlante de México. Foto: Archivo GN

En un día como hoy, 1 de julio, que mi querido equipo cumple 113 años, es normal que me pregunten por qué soy aficionado al Cartaginés.

Sin duda, el brumoso es diferente, nuestro amor por el club no se mide por títulos, va más allá, es mucho más fuerte y difícil de explicar, pero intentaré hacerlo.

Los cartagos amamos profundamente a la provincia y la defendemos a capa y espada.

Estamos orgullosos de las ruinas de Santiago apóstol, de la Negrita y la basílica de Los Ángeles, del valle de Orosi, del imponente volcán Irazú y de las mejores papas de Costa Rica.

Nos reconocen en cualquier lado porque decimos guaso y arajo, y Dios guarde un cartago hable de tú porque merece ser desterrado de la provincia.

Ese orgullo por lo nuestro es lo que nos hace amar tanto al equipo, no tenemos por qué apoyar clubes de otra provincia, si tenemos al decano del fútbol nacional, el primero que pasó la barrera de los cien años.

Es cierto, las alegrías son a cuentagotas, pero podemos rajar que ganamos un título de Concacaf y por nuestra filas han pasado jugadores que hicieron historia como José Rafael “Fello” Meza, Leonel Hernández, Asdrúbal Meneses, Tarcisio Guillén, “Pelirrojo” Córdoba, y Wall Vaughns.

También disfrutamos de Gabelo Conejo, Héctor Marchena, Marvin Calvo, Marvin Solórzano, Marco Tulio Hidalgo, Cristian Mena, Bernal Mullins, “Chimi” Quirós y más recientemente Claudio Ciccia, Danny Fonseca y Rándall Brenes

Solo hemos ganado tres títulos nacionales y de eso ya pasaron 79 años, pero no importa, podrían pasar cien años más que mi amor por el Cartaginés nunca se acabará.