Dueño buscó modelo durante 30 años hasta que logró recuperar la nave que siempre quiso

Por: Sergio Alvarado 17 febrero, 2018
Don Johnny no cambia por nada su chuzo Fiat Tigrillo de 1974. Foto: Albert Marín.

Johnny Herrera, del barrio Fátima, en Heredia, se compró su primera nave en 1980. Fue un Fiat Tigrillo de 1974 que le gustaba bastante. En 1983 lo vendió por comprarse uno más moderno, pero quedó con el clavo de qué había pasado con aquel carro.

Dos años después, andando por barrio México, en San José, se encontró a la que había su nave y la vio maltratada. Dice que eso le pegó en el corazón y le dieron unas ganas inmensas de recuperar el carrito. Para ese ya era tarde, pero se dio a la tarea de buscar ese mismo modelo por puro gusto y nostalgia.

La nave cumple el dicho que es pequeñita pero matona. Foto: Albert Marín.

La búsqueda no fue fácil, duró 32 años en la misión hasta que hace ocho meses el deseo se le hizo realidad y ahora no cambia este chuzo por nada en el mundo. Afirma que no volverá a cometer ese mismo error y ahora el Tigrillo es su chineado.

“Ese carro me generó mucha ilusión porque fue mi primer automóvil, me salió muy bueno y muy económico”, explica don Johnny.

Hace ocho meses su dueño consiguió la nave luego de muchos años de buscarla. Foto: Albert Marín.

A Johnny siempre le gustaron bastante los carros italianos y europeos en general. Conocía bastante sobre la marca originaria de Turín, la FIAT, y no tenía problemas para conseguir repuestos, hasta que el modelo se descontinuó en el país y se volvió muy rudo encontrar uno igual.

“El carro lo encontré por casualidad, ya ni sabía dónde más buscar, pero con un primo mío nos metimos a Facebook y comentamos el tipo de carro que estábamos buscando. Al cabo de unas semanas me llama mi primo y me dice ’Johnny, apareció el Tigrillo, hay un señor en San Pedro de Montes de Oca que lo tiene y nos lo vende”, explicó.

Por dentro el chuzo es pequeño, pero está muy bien cuidado. Foto: Albert Marín.

Todavía quedaban algunas dificultades adicionales porque el carro ya no estaba en uso y hubo que reinscribirlo en el Registro Nacional y sacarle todos los papeles, además de hacerle un brete fuerte de restauración, pero dichosamente tenía todas sus partes originales, porque conseguir en Tiquicia hoy los repuestos de esa nave es una misión casi imposible por la antigüedad del modelo.

“Mi primer carro era cafecito con el techo beige, este es naranja, básicamente esa es la diferencia entre uno y otro, pero el auto es prácticamente el mismo. Ver este modelo en el país es muy complicado, creo que solo hay como cuatro en Costa Rica”, dice.

Don Johnny cuida este chuzo con mucha dedicación y lo tiene como un ajito. Foto: Albert Marín.

Johnny nos contó que todo el mundo ha tenido que ver con el chuzo por que llama mucho la atención por su color, tamaño y el perfecto estado en que se encuentra.

Tiene un motor de 850 centímetros cúbicos y es bien ahorrador: con diez rojitos ya le llena el tanque y le dura bastante.

“Me pasan diciendo que cuánto pido, que si lo vendo, pero jamás, el carrito morirá conmigo”, destacó.

El tablero de este chuzo tiene toda la marca de un chuzo de la época. Foto: Albert Marín.

Herrera es un enamorado de los carros clásicos, los chuzos de ahora le parecen bonitos, pero en calidad, armado y durabilidad no le llegan a los clásicos.

“El carro da la impresión de ser un deportivo pero en pequeñito, el tamaño es gran parte de su encanto. Ellos son muy rápidos, pero en el proceso de aceleración se tiene que hacer despacito, con mucha coordinación, no es solo meter el clutch y ya, por eso solo yo lo manejo”, agregó.

Durante todo este tiempo hubo gente atenta a cómo le iba a Johnny con la búsqueda hasta que consiguió la nave, como Rodolfo Martín,el trailero en las 18 gomas en el Territorio de Águilas, un amigo suyo que ahora es uno de los principales admiradores del Tigrillo.

¿Qué problemas puede tener mi carro si manejo constantemente con poca gasolina?
La gasolina actúa como refrigerante para la bomba de gasolina eléctrica, así que manejar con poca gasolina genera que la bomba succione aire, lo cual genera calor y ocasionará que se desgaste y falle. La reparación de este tipo de dispositivo es bastante costosa comparado con llenar el tanque de combustible. Además, la mayoría de los combustibles no son de buena calidad por lo que pueden dejar residuos en el tanque. Asimismo puede haber rastros de otras partículas, como polvo del ambiente. Éstos al tener el contenedor con poca gasolina, se filtran fácilmente por las líneas y pueden bloquear el filtro de gasolina, cosa que tendrá que repararse y que será también bastante caro.