El fútbol da revanchas… y Ricardo Márquez lo vivió en carne propia este domingo. El delantero del Cartaginés no solo anotó, también se quebró en plena cancha.
Si usted cree que en el fútbol todo es goles y celebraciones, lo que pasó este domingo en el estadio Colleya Fonseca le demuestra que también hay momentos que pesan… y mucho.
Corría el minuto 71 cuando Ricardo Márquez encontró por fin lo que tanto había buscado: el gol. El colombiano definió y mandó la pelota al fondo de la red en el duelo ante Guadalupe.
Pero lo que vino después fue lo que realmente marcó la escena.
Apenas cayó la anotación, Márquez no celebró como muchos esperaban. Más bien, se quebró. Se llevó las manos al rostro, bajó la cabeza y no pudo contener las lágrimas. Era evidente que no era solo un gol, era un desahogo.
De inmediato, sus compañeros entendieron todo. Corrieron hacia él, lo abrazaron, lo rodearon y empezaron a brincar juntos en una celebración cargada de emoción, de esas que no se ven todos los días.
Y es que este momento tiene historia.
Hace apenas unos días, el delantero vivió una de sus noches más difíciles. En el partido anterior ante San Carlos, tuvo dos opciones clarísimas frente al marco que no pudo concretar. Eran de esas jugadas que normalmente no se fallan.
La frustración fue tal que el propio jugador pidió salir del terreno de juego. Lloró, se tapó el rostro con la camisa y dejó ver lo mucho que le estaba afectando no poder responder como él mismo esperaba.
Tras ese episodio, el técnico Amarini Villatoro salió a respaldarlo sin dudar, asegurando que contaba con toda la confianza del cuerpo técnico y del grupo.
Incluso, especialistas señalaron que lo que vivió Márquez es más común de lo que parece: la presión sobre los delanteros es enorme. Si usted mete goles, es figura; si falla, las críticas caen de inmediato.
A eso se le suma otro detalle: el colombiano llegó con la expectativa de ser un hombre importante en ofensiva, pero los números no lo habían acompañado en el campeonato, lo que aumenta la carga emocional.
Por eso, lo de este domingo no es cualquier cosa.
El gol no solo suma en el marcador, también representa una liberación. Es quitarse un peso de encima, es demostrar que sigue ahí, que puede aparecer en momentos importantes y quizás por eso las lágrimas.

