Antes de convertirse en una de las máximas figuras del fútbol mundial y en el temido goleador del Manchester City, Erling Haaland era un niño delgado que no dejaba de correr detrás de un balón en un pequeño pueblo de Noruega.
Ahora, su primer entrenador, Espen Undheim, rompió el silencio y contó a CNN Sports cómo eran aquellos primeros años del delantero que hoy muchos conocen como el Cyborg del fútbol.
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Aunque actualmente impone respeto por su físico, velocidad y potencia, Undheim asegura que cuando conoció a Haaland, con apenas 8 años, no había nada que hiciera pensar que terminaría convirtiéndose en uno de los atacantes más dominantes del planeta.
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El entrenador trabajaba en las divisiones menores del Bryne FK, club ubicado en el sur de Noruega, donde el delantero comenzó a dar sus primeros pasos en el fútbol.
Lo que sí llamó inmediatamente su atención fue la mentalidad del pequeño futbolista.
“Lo especial de él era que siempre buscaba marcar. Aunque no estuviera bien ubicado, encontraba la manera de moverse para quedar en posición de gol. Y cuando anotaba, lo celebraba recorriendo toda la cancha”, recordó Undheim durante la entrevista concedida a CNN Sports.
Según el entrenador, esa capacidad para encontrar el gol era natural, pero estaba acompañada por una enorme competitividad.
Si no recibía un pase o desperdiciaba una oportunidad clara, Haaland se molestaba consigo mismo y quería mejorar de inmediato.
Un niño que vivía para jugar fútbol
Undheim contó que Haaland prácticamente pasaba todo el día jugando.
Cuando no estaba en la escuela, descansando, se encontraba en una cancha cubierta de Bryne disputando partidos con niños incluso mayores que él.
Con el paso de los años, comenzó a entrenar varias veces por semana hasta que fue promovido a categorías superiores.
En esa etapa, el hoy delantero del Manchester City también trabajó intensamente para mejorar su pierna derecha, ya que utilizaba casi exclusivamente la izquierda.
Su padre también fue clave
El entrenador considera que la personalidad de Haaland también fue moldeada por dos factores importantes.
El primero fue crecer en una comunidad agrícola como Bryne, donde aprendió disciplina y fortaleza y el segundo fue la influencia de su padre, Alf-Inge Haaland, exfutbolista profesional que también jugó en el Manchester City.
Sin embargo, Undheim aseguró que nunca sintió que el joven cargara con la presión de tener un padre famoso.
“Era el típico muchacho del pueblo. Muy divertido, muy rápido para responder y siempre hacía bromas antes y después de los partidos. Cuando lo escucho hablar hoy en entrevistas, sigue siendo exactamente el mismo niño que conocí”, afirmó.
El crecimiento que cambió todo
Con el paso de la adolescencia, Haaland no solo perfeccionó su técnica, sino que también experimentó un impresionante desarrollo físico.
Ese crecimiento le permitió combinar potencia, velocidad y definición, características que lo llevaron primero al Molde, luego al RB Salzburg, posteriormente al Borussia Dortmund y finalmente al Manchester City, donde se consolidó como uno de los mejores goleadores del mundo.
A pesar de la fama y los millonarios contratos, quienes lo conocieron desde niño aseguran que mantiene la misma personalidad humilde con la que comenzó su carrera en el fútbol.
Para Undheim, esa es precisamente una de las mayores fortalezas del delantero noruego.
“Es un buen compañero y una buena persona. Me sorprendería mucho que el éxito cambiara quién es realmente”, concluyó el entrenador en declaraciones a CNN Sports.


