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Extaxista sobre su carro: “Un miembro de la familia no se vende”

Don Gilberto Abarca es el dueño de un precioso Toyota Corona modelo 90, que adquirió de agencia y que nunca se ha separado de él.

Don Gilberto Abarca es el dueño de un precioso Toyota Corona modelo 90, que adquirió de agencia y que nunca se ha separado de él.

Este señor, de 73 años, utilizó el chuzo como taxi de 1990 hasta el 2007, nunca lo ha chocado y lo tiene en perfecto estado a pesar de las trabajadas que se pegó con la nave. Lo tiene tan bien cuidado que conserva el repuesto original y pocas veces lo ha utilizado.

Él está tan encantado con su Corona que les ha pedido a sus hijos que cuando ya no esté, no lo vendan para que se quede en la familia para hacer mandados, ya que está superencariñado con la nave.

El carro le costó 786 mil colones y lo canceló con pagos mensuales de ¢28.706, por lo que tardó cuatro años para salir de la deuda. Don Gilberto todavía conserva esos recibos de la Toyota y reconoce que la inversión fue muy rentable.

Luego compró otro taxi porque debía renovarlo, pero decidió mantener el Corona. Además, su negocio se complicó con la llegada al país de la aplicación de servicios de transporte, por lo que no pudo sostener el negocio. Ahora se la juega con una pensión y con la ayuda que le dan los hijos.

“Les hice que me prometieran que no lo van a vender y está a nombre mío por lo mismo. Tengo buenos hijos y quiero que se quede en la familia, que lo cuiden el tiempo necesario. Me han ofrecido comprarlo, pero a un miembro de la familia no se vende”, dijo este amante de su Corona.

Gracias a la breteadas con su carrito, don Gilberto terminó de pagar la casa y de criar a sus hijos.

Es por eso que la nave está llena de anécdotas, ya que rodó como taxi durante 17 años.

“Hace unos 25 años, un sábado, como a las diez de la noche iba de Aserrí a Guadalupe a guardar el carro y en San Rafael Arriba me paró una muchacha con tres niños.

“Me pidió que la llevara a Alajuelita y luego me vine directo para la casa, cansado. Al otro día no trabajaba y lavé el carro, cuando voy viendo un puño de llaves y de una vez pensé que eran de la joven de Alajuelita”.

Don Gilberto no sabía cómo ponerse en contacto con la joven por lo que pasó el fin de semana sin poder actuar.

“El lunes salí a trabajar como a las seis de la mañana y a las nueve tomé una carrera en Desamparados y la muchacha me contó que el sábado había perdido las llaves en un taxi y que andaba con las del esposo. Entonces le dije: ‘vea yo ando estas que me las dejaron el sábado’. Era la misma muchacha, una verdadera coincidencia porque uno jamás creería que le tocaría la misma persona otra vez”, expresó don Gilberto.

El señor comentó que aprendió a manejar en un International Harvester y luego se metió a ser taxista.

“Ese carro era, como decimos, un gajo. Imagínese que lo cambié por una moto, pero eran las ganas que uno tenía por aprender”, dijo.

El Corona de don Gilberto está en perfectas condiciones y lo puede llevar a donde quiera. “Claro, ya yo no salgo largo, pero está perfecto”.