Eduardo Vega.5 septiembre

Keylor Navas también es el portero titular de un equipo en un campo de refugiados en Malaui, el corazón cálido de África, como se le conoce a ese país.

Así lo descubrió Javier Camacho Valerio, un costarricense que creó una fundación para ayudar a los afectados por las guerras civiles africanas.

El propio David le puso a su camiseta el número uno y el apellido del Halcón tico. Cortesía.
El propio David le puso a su camiseta el número uno y el apellido del Halcón tico. Cortesía.

Malaui es un país al este de África y no está en guerra, más bien se caracteriza por recibir a todas las personas que están sufriendo en los países cercanos por conflictos armados.

Por eso desde hace muchos años esa nación tiene campos de refugiados para ciudadanos principalmente de la República Democrática del Congo, también hay de Ruanda, Burundi y Somalia.

Una mañana, del pasado mes de marzo, Javier estaba cerca de uno de estos sitios y se acercó a ver una mejenga. En ese momento se llevó la gran sorpresa de ver a Keylor Navas como portero titular de una de las selecciones de los jovencitos.

Camisa amarilla manga larga, el número 1 bien grande puesto con un lapicero y más grande el apellido del poterazo, así lucía el jugador que defendía uno de los dos marcos.

“Naves”, así fue como David, un muchacho de 13 años y nativo del Congo, escribió el apellido del que considera uno de los mejores porteros del mundo, ese que esta semana firmó por cuatro temporadas con el París Saint Germain.

El jovencito seguramente lo escribió de esta forma pues él habla suajili (lengua de Tanzania y Kenia, también hablada en zonas fronterizas de Uganda, Mozambique, Ruanda, Burundi, Somalia, Zambia y Congo).

“En marzo pasado comenzamos una campaña para recaudar fondos y así ayudar a los niños del campo de refugiados. Queremos demostrarle al mundo que en estos lugares sí hay sueños e ilusiones, los niños sí tienen deseos de crecer y ser mejores cada día, que desean salir del campo de refugiados y cumplir metas.

David sueña con conocer a Keylor, a quien ve como un ejemplo a seguir. Cortesía.
David sueña con conocer a Keylor, a quien ve como un ejemplo a seguir. Cortesía.

“Fue en medio de esa campaña, visitando una de las escuelas, que me topé con la mejenga y vi la camiseta de Navas. Cuando terminó la mejenga llamé a ese portero y le pregunté que por qué puso ese apellido en la camiseta, que si era por el portero del Real Madrid y me dijo que sí”, explica Javier.

Entonces el tico se montó en una montaña rusa de emociones porque David le comenzó a contar que admira con todo a Keylor, que su gran sueño de vida es ser como el Halcón, que quiere triunfar, ganarlo todo y que eso lo motiva a mantener sus sueños vivos. Una de las mayores ilusiones en la vida del jovencito es conocer algún día al Halcón en persona.

“No tiene una idea lo que sentí, en verdad que me conmovió demasiado darme cuenta que en un lugar tan lejano, tan pobre y con tantos problemas, la figura de un costarricense sirve para que un niño logre mantener sus sueños y confiar en que los cumplirá como lo hizo Keylor… es imposible no llorar”, reconoció Javier.

Hasta el 2 de setiembre de este 2019, David seguía en el capo de refugiados donde la pobreza y la ausencia de oportunidades son amargas realidades.

El proyecto de una escuelita en Malaui sigue viento en popa, falta dinero, pero Javier no se arruga, sigue buscando recursos. Cortesía.
El proyecto de una escuelita en Malaui sigue viento en popa, falta dinero, pero Javier no se arruga, sigue buscando recursos. Cortesía.
No alcanza la comida. En el campo de refugiados de Dzeleka a cada persona le dan al mes 14 kilos de maíz para que haga una especie de atol, dos kilos de frijoles y un litro de aceite, eso es todo, nada de carnes ni mucho menos vegetales y esos 16 kilos no alcanzan para todo el mes; por eso Javier también motiva a la gente para que inicien proyectos de crianza de gallinas y que así al menos tengan huevos, algo difícil por la falta de dinero.
Dolor en carne propia

En el 2016, Javier creó una organización no gubernamental que se llama APOFU, que significa “Apoyando el Futuro”. Desde ese año ha vivido en África la dura realidad de miles de refugiados que huyen de guerras en sus países en busca de un mejor futuro.

Antes de su primer viaje a ese continente, ingresó a un programa estadounidense que ayuda a refugiados de esos países.

Javier comparte todos los días con refugiados africanos a quienes les ayuda a mantener sus sueños de triunfar en la vida. Cortesía.
Javier comparte todos los días con refugiados africanos a quienes les ayuda a mantener sus sueños de triunfar en la vida. Cortesía.
“Es imposible explicar lo que uno siente cuando se da cuenta que un tico como Keylor Navas impacta tan fuerte una vida en un país africano tan pobre”, Javier Camacho, Apofu.

El campo de Dzaleka, donde vive el pequeño “Navas”, funciona desde 1994. Antes era una cárcel (Dzeleka significa “no lo volverás a hacer”), pero el Gobierno tomó la decisión de ceder las 200 hectáreas para refugiados. Se ubica 45 kilómetros al norte de Lilongüe, la capital de Malaui.