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Lechero tiene un compañero de trabajo inseparable

Un Toyota Hilux del 87 ha sido el compañero de aventuras de este pulseador

Don Jorge Madrigal decidió hace 30 años que era hora de cambiar su Nissan Miller, su carrito de cajón, por un chuzo que tuviera doble cabina y que le permitiera jalar a su familia y utilizarlo de lleno en su negocio.

El Nissan se le hizo pequeño para jalar a su esposa Julieta y sus dos hijos mayores (tiene cuatro) y como él es lechero necesitaba una nave que le diera mayor comodidad. La salvada es que le comentaron de un señor de Santo Domingo que tenía el vehículo perfecto para sus necesidades y que estaría dispuesto a hacer un intercambio en el que ambos salieran ganando.

“Cuando lo vi por primera vez me gustó porque era un Toyota Hilux y doble cabina, como el que andaba buscando. Su dueño estaba interesado en el Nissan, así que logramos cerrar el negocio fácilmente”, comentó.

Don Jorge, quien vive en San Jerónimo de Moravia, recordó que su antiguo carro le costó ¢1.500.000, al que le agregó cuatro tejitas para sellar el bisnes. Desde ese día el Hilux se convirtió en su compañero de aventuras.

“Tengo 40 años de casado y para la luna de miel me fui a repartir leche con mi esposa, porque antes la gente esperaba que uno le llevará la leche a sus casas, no como ahora que todo lo compran en la pulpería o en el supermercado”, recordó Madrigal, quien vende leche en Moravia y Tibás.

Desde entonces, sus hijos mayores (Evelyn y Jorge Arturo), así como Hellen y Jason, los cumiches de la casa y su nieta, Valery, de cinco añitos son quienes han disfrutado las bondades de este chuzo.

“Valery es la chineada de la casa y es feliz andando en el carro del abuelo. Ahora que reabrieron el parque de Coronado me pide que la lleve a jugar y así nos damos una vuelta”, afirmó.

“Me ha salido muy bueno”

El carro de don Jorge es cuatro puertas, su motor es 2.4 Diésel (2L), su marcha es manual y conserva el color original.

“Le hice unos retoques en la parte de abajo, quiero pintarle el chasis y hace un año le arreglé el motor, le metí dirección hidráulica y le puse freno de discos.

Los asientos son los originales y no le hemos cambiado la tapicería. El dash es el original, el radio se lo cambié porque el que tenía se le quemó y me gustaba escuchar las noticias de radio Reloj, pero ahora son mis hijos los que buscan la musiquita que les gusta”, destacó.

Don Jorge, de 62 años, no se arrepiente de la inversión que hizo.

“Es un carro que me ha salido muy bueno, fuimos a conocer la ruta 32 cuando se inauguró y con él hemos ido a Puntarenas, al parque de Zarcero y a la basílica de los Ángeles.

“Antes lo usaba más, pero ahora solo lo saco para trabajar y de vez en cuando para hacer mandados. Mi jornada inicia a las cuatro de la mañana y a las ocho de la mañana ya estoy en la casa”, agregó.

Don Jorge y su esposa se encargan de lavarlo. Él se encarga del exterior del chuzo y doña Julieta le limpia el interior y el motor.

“A este carro le han salido muchos novios desde que lo compré, me preguntan cuál es su valor, pero yo les digo que su valor es incalculable y que no se lo vendo a nadie”, concluyó Madrigal.

Yenci Aguilar Arroyo

Periodista egresada de la Universidad Latina. Escribe sobre temas nacionales. Tiene experiencia en comunicación estratégica y organizacional.