El Monterrey es uno de los equipos más potentes del fútbol mexicano; por sus filas han pasado extranjeros de primera categoría, como el español Sergio Ramos, pero por sorprendente que parezca, la historia de los foráneos en el club la inició un costarricense.
Don Enrique Lizano, un futbolista tico salido del Herediano y seleccionado nacional en la década de los 30 y 40, pasó por muchos años inadvertido tras fallecer el 12 de diciembre de 1945 en México por complicaciones de un accidente de tránsito.
El “Rayado olvidado” y un misterio de 80 años
Hace un mes, en La Teja publicamos la historia del “Rayado olvidado”, como apodaron a don Enrique luego de que su paradero fue un misterio para su familia por 80 años, hasta que en noviembre del 2025 pudieron resolver el caso que, finalmente, les devolvió la paz.
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Una serie de reportajes en México del periodista Jesús Carvajal, del diario El Norte, ayudaron no solo a dar con su paradero, sino a que el Monterrey le hiciera un homenaje al tico, pues el choque por el que falleció ocurrió luego de un viaje del equipo.
Un accidente que marcó la historia del club
Aquel accidente marcó la historia del club: además de Lizano, falleció Guillermo Cuadros Vidal, cuando era apenas el primer año de fundación de Rayados, la plantilla con la que debutó en el fútbol azteca y la que lo obligó a retirarse por seis años de la competición.
Carvajal habló con La Teja y explicó por qué el nombre de don Enrique es tan importante en la historia de Rayados, al punto que fue parte de un tifo exhibido en las semifinales del torneo pasado en el estadio BBVA, durante el partido entre Monterrey y América.
“Él fue un jugador pionero; de hecho, podemos decir que fue el primer jugador extranjero firmado por el club. Había jugado con León de Guanajuato, se sabía que en Monterrey iba a formarse un equipo y entonces vino por lo que pudimos investigar junto con mi compañero Arturo Sánchez.
“Él llegó a jugar con un equipo que era la selección de Nuevo León acá en Monterrey, para demostrar que podía hacerse un equipo, y quedó campeón de una liga amateur. En ese equipo, como refuerzos estaban don Enrique Lizano y un español de apellido Vladé, que no recuerdo el nombre, y ese equipo, posteriormente, fue la base del Monterrey”, explicó.
El primer extranjero de Rayados
De esta manera, el tico no fue solo un legionario, sino el hombre que abrió el camino junto con Vladé como primeros foráneos del club, y el hecho de que falleciera en esas circunstancias potenció aún más su historia.
“Como les había contado el señor Diego Víquez (nieto de Lizano), la placa que pusieron en el estadio de Monterrey en conmemoración a don Enrique y el árbol que plantaron en su honor se mantendrán sin tocarse, ni siquiera por parte de la FIFA, cuando tome el estadio de mayo a junio para ser sede del Mundial de Norteamérica 2026.
“Por todo esto es que al final se hicieron visibles ambos jugadores fallecidos tras ese accidente, por lo cual hasta formaron parte de un tifo”, añadió Carvajal.
Figura del Herediano y la Selección de Costa Rica
Don Enrique era un recio defensor central que con el Herediano se ganó un nombre propio. Su calidad lo llevó a la Selección de Costa Rica, donde fue figura junto con referentes de la época como Alejandro Morera Soto, José Rafael “Fello” Meza y bajo la dirección de Ricardo Saprissa.
Con la Selección ganó los Juegos Panamericanos de 1935, logro que terminó de abrirle las puertas del fútbol internacional, una oportunidad que muy pocos futbolistas de su generación tuvieron.
La pista que nació en La Teja
Una curiosidad en esta historia es que una de las primeras pistas que tuvo Jesús para dar con los familiares surgió de una nota publicada en La Teja en el 2020, en la que se rememoraba la historia de Lizano, que para entonces seguía siendo un misterio sin resolver.
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Carvajal visitó el cementerio en Monterrey donde por décadas Lizano pasó inadvertido y, con ese hallazgo, habló con Diego Víquez, nombre que vio por primera vez en La Teja y que lo llevó finalmente a su familia.
“En la nota que hizo el periodista Andrés Mora en La Teja mencionó a sus seis hijos y a la esposa, Felicia Madriz. Busqué a los hijos, pero un compañero me dijo que también venía el nombre del nieto. Vi a Diego Víquez Lizano, lo contacté por Facebook, me contestó y al día siguiente hablamos.
“En aquel entonces él no tenía información, pero cuando hablamos ya contaba con datos recientes de dónde estaba el cuerpo y con eso fuimos a la tumba”, recordó.
Un lugar eterno en la historia de Rayados
Así, don Enrique dejó de ser el “Rayado olvidado” para ocupar su merecido lugar en la historia de uno de los clubes más grandes de América.




