Sergio Alvarado.29 junio
Mariano Torres tocó la gloria y le dio la 35 al Monstruo. Fotografía José Cordero
Mariano Torres tocó la gloria y le dio la 35 al Monstruo. Fotografía José Cordero

Ni el Covid, ni la Liga, ni Jafet Soto, ni los que le deseaban el mal a Paté, nada pudo evitar que el Saprissa volviera a su trono y se coronara por 35 veces campeón de Costa Rica, reafirmando porque es el equipo más dominante en Tiquicia.

El Monstruo derrotó 1-0 al León con un gol de Mariano Torres al minuto 67, luego de un contragolpe magistral en el peor momento que pasaba Saprissa, para tranquilizar todo y hacer celebrar desde casa a los millones de morados del país.

Este lunes, además, un rey se coronó en Tibás, el mismo que el 3 de febrero del 2019 llegó al que fue por muchos años su reino con promesas de títulos y juego lindo, del que al inicio muchos se burlaron y tomaron por bufón y debió aprender a los golpes.

En esta ocasión la corte estuvo vacía, los millones de seguidores del rey debieron aplaudir desde la casa y gritar y emocionarse al ver cumplida la promesa de gloria que, luego de casi año y medio desde que llegó Wálter Centeno, parecía añejarse.

La fiesta morada empezó desde el miércoles pasado en Alajuela, en la casa de su archirrival, de una afición que además de verse frustrada una vez más por no conseguir su anhelado título 30, esta vez lo perdió ante una de las figuras que más tiene atravesadas.

En un contraataque leta Saprissa anotó el único gol del partido. Fotografía José Cordero
En un contraataque leta Saprissa anotó el único gol del partido. Fotografía José Cordero

En los seis años y medio que tienen los erizos de no ser campeones han pasado muchos colerones, títulos perdidos en el último suspiro, pero ver a Wálter Centeno celebrar a costillas del liguismo, fue el insulto final, el último golpe.

Noche negra. Para la Liga todo fue muy cruel, jugar la final un lunes 29, cifra que les sale por todo lado, hasta en los tiempos de la JPS que se jugaron al mediodía salió el bendito número, era para quedar medio 35, número que tampoco les debe hacer mucha gracia.

Los manudos llegaron con la fe de una remontada a la Cueva, luego de perder 2-0 en casa el duelo de ida, no les quedaba mucha opción, era el todo o nada.

Lejos de su ejemplar afición, la que les cree pase lo que pase, muchas veces más por pura pasión que por razón, esa que les llena el estadio en cualquier circunstancia, los jugadores erizos solo se tenían a sí mismos en la cancha. A nadie más.

En las gradas de La Cueva solo estaba el presidente erizo Fernando Ocampo agitando una bandera rojinegra grande, la única que había en todo el estadio, el único símbolo amistoso en el terreno enemigo.

Para los jugadores morados la cosa era diferente, a pesar de la ausencia de público, en las calles alrededor del estuche tibaseño banderas y mantas hacían ver el apoyo, sumadas a las que estaban alrededor de la gramilla morada.

Todos los mensajes eran enfocados en que no había más allá, era el momento de liquidar al León, no darle chance a que se envalentonara y saldar una deuda que muchos sentían tenía Wálter Centeno, como entrenador, con el saprissismo.

Sufrió un rato. Claro, el arranque de la mejenga pudo poner nervioso a más de un morado, un buen remate de media distancia de Dylan Flores apenas a los tres minutos espabiló a Aarón Cruz y le hizo notar que no tendría un partido tan relajado como el anterior.

Dylan la tuvo para abrir la cuenta, pero Cruz estuvo fino. Fotografía José Cordero
Dylan la tuvo para abrir la cuenta, pero Cruz estuvo fino. Fotografía José Cordero

El siguiente en probar al meta fue Facundo Zabala, con un remate rastrero al primer palo que tenía tintes peligrosos.

En el primer tiempo los aficionados manudos se debían estar preguntando por qué el miércoles pasado su equipo no jugó como llegó a la Cueva, con ganas y con carácter, como se juega una final.

¿Por qué hubo que regalar un partido en una instancia tan importante, por qué esperar a tener el agua al cuello para punzar al rival o al menos mostrarle otra cosa?

Saprissa se dio cuenta que en esta ocasión el rival no entró ruleado y que las tres variantes que tiró Andrés Carevic respecto al partido anterior le estaban dando algo más.

La entrada de Flores hizo que la Liga tuviera en la primera parte el protagonismo con el balón, que lo manejara con propiedad y metiera peligro al asociarse con Alex López y Barlon Sequeira, otra de las variantes.

Eso sí, por más buenas sensaciones e intenciones que tuviera la Liga, mientras no cayera el gol, no le metía esa presión a Saprissa de que el resultado global peligraba y no lo hacía entrar en mayor pánico. La urgencia no era de ellos.

Más bien a los 24 minutos fue el Monstruo el que casi abre el marcador con un remate cerca del punto de penal de Christian Bolaños, pero Leonel Moreira se jaló un tapadón.

A pesar del buen manejo manudo, la Liga no tuvo una jugada en el primer tiempo como la que armaron entre Mariano Torres, Bolaños y Ariel Rodríguez al 36.

El argentino tiró un centro al área, Bola la pivoteó y el Samurai se mandó de chilena, pero una vez más apareció Leo con otro tapadón escandaloso digno de una final.

Señores, si Ariel hubiera hecho esa, apague y vámonos, además de haber liquidado al León, hubiera sido de esos goles que se repiten una y otra vez con los años.

Roja peligrosa
Esta roja puso a sufrir a los morados, pero al final resolvieron. Fotografía José Cordero
Esta roja puso a sufrir a los morados, pero al final resolvieron. Fotografía José Cordero

En cambio, Rodríguez dejó el partido al inicio de segundo tiempo por una roja directa bien ganada, luego que el hombre se barriera con todo, una jugada que levantó fuertemente a José Andrés Salvatierra y lo dejó tocado.

La faltota de Ariel sacó a Chepillo del partido, en su lugar entró Allen Guevara, para seguir acosando el arco morado, pulsear ese gol que salió a buscar desde el arranque, con la ambición que demandan estos juegos.

Con diez, el partido se le ponía todavía más favorable al León, pero la tibia respuesta de Andrés Carevic ante la situación no cambió mucho, la Liga le andaba de cerca al marco pero no lo suficiente para desesperar al rival.

Más bien le cayó el gol morado, el leñazo de gracia en un contragolpe de tres contra dos que Bolaños y Mariano definieron con espuela y clase.

La definición del argentino contó con esa poca de tranquilidad que necesitaron los erizos para hacer al menos una de las que les quedaron y haber peleado por algo más.

Saprissa se desahogó al terminar el partido, ha sido un año duro para todos. Foto José Cordero
Saprissa se desahogó al terminar el partido, ha sido un año duro para todos. Foto José Cordero

El gol fue la culminación de la fiesta, de demostrar que sí sería la noche de la 35, que por más ganas, pundonor y espíritu que mostró el rival eso no bastaba y que el fantasma de la 29 sigue acomodado feliz de la vida en El Llano de Alajuela.

Felicidades, morados, se ganaron el volver a rajar con que tienen al mejor equipo de Costa Rica, uno al que ni en tiempos del coronavirus pudieron frenar, menos la Liga.

Christian Bolaños alza la copa, fue el mejor del torneo y además quedó de goleador. Foto John Durán
Christian Bolaños alza la copa, fue el mejor del torneo y además quedó de goleador. Foto John Durán