En un pulso entre dos selecciones que nunca habían ganado un partido de eliminación directa en un Mundial, Egipto terminó con esa maldición histórica al vencer en penales 4-2 a Australia, tras un empate 1-1, en los dieciseisavos de final.
Emam Ashour adelantó a Egipto con un remate de cabeza en el minuto 13 y Australia igualó en el 55, con un tanto en contra de Mohamed Hany, igualmente de cabeza.
El marcador ya no se movió más, en un partido con más tensión que ocasiones y donde todo se decidió en la tanda de penales, en la que Egipto fue anotando todos sus lanzamientos, mientras que su rival se condenaba por los fallos de Harry Souttar, que envió muy alto, y Lucas Herrington, que estrelló en el larguero.
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Al técnico australiano, Tony Popovic, le salió mal su apuesta: en el 119 hizo un cambio de arquero, sacando del campo a Patrick Beach para dar entrada a Mathew Ryan, pero el recién ingresado no pudo detener ninguno de los tiros de los norteafricanos desde el punto fatídico.
“Hemos hecho historia”
Mohamed Salah, que estuvo en duda por lesión hasta el último momento, no hizo precisamente el partido de su vida, pero marcó, además atreviéndose con el estilo Panenka, su penal de la tanda decisiva.
“Si alguien iba a hacerlo, iba a ser yo. Tengo más experiencia que otros. Hemos hecho historia. Les dije a los chicos antes del partido que este es el escenario más grande en el que se puede jugar, que no nos afectara la presión”, apuntó Salah.
El Mundial conserva así al menos unos días más a Salah, una de las superestrellas de los últimos años y que a sus 34 años está ante su última gran oportunidad de hacer algo grande con su selección.

