Suena duro, pero el León de Alajuelense está muerto. No lo mató el Saprissa, lo hizo su misma gente.
La Liga le entregó un título más al que fue su rival. Y digo fue porque después de 10 títulos de diferencia, dejamos de ser dignos contrincantes y si le chima lo que digo, vea cuántos tiros a marco hicimos en el segundo partido de la final.
No es que Saprissa sea más grande que la Liga, es que a la Liga simplemente se le olvidó que lo era.
Los morados siguen haciendo lo mismo que debe hacer un grande, la Liga no. Y con esto jamás pretendo bajarle el piso a los tibaseños, al contrario, es ejemplificar que si Alajuelense se comportara como lo que su historia dicta, jamás habría 10 títulos de diferencia entre uno y otro.
Por ejemplo, Saprissa sigue peleando a muerte cada final, cada balón; nosotros llegamos a una final y no pateamos a marco una sola vez y a lo interno no pasa nada. ¿Entienden la diferencia?
Cuando digo que al León lo mató su gente me refiero a presidentes, juntas directivas, jugadores y la misma afición. ¡Aquí no se salva nadie!
Fernando Ocampo y ahora Joseph Joseph aniquilaron cualquier señal de identidad dentro de la institución, la cual llenaron de aprendices (y de morados, dicho sea de paso) en todas las áreas como si el club fuera un curso de la U, donde todos llegan a aprender.
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Los directivos muchas veces parecen fanáticos con saco y corbata y toman decisiones sin haber pateado una bola en su vida. Además, son tan orgullosos que aunque saben que el modelo no funciona, insisten en seguir por el mismo camino.
Por si fuera poco, han sido demasiado alcahuetas con técnicos, asistentes y jugadores que no dan la talla. Se pierden y se pierden títulos y ahí siguen. Lo importante es que las arcas están llenas, imagino.
Muchos jugadores NO son para LDA, sino caprichos del presidente de turno, que cree que con bombitas (de humo) se arman equipos.
Por último, la afición, también ha sido demasiado permisiva con todo lo anterior, no juzgando nada, aplaudiendo todo y comprando cuanta camisa y entrada le vendan al precio que sea.
El León está más muerto que nunca y lo más doloroso es que no lo mató el Monstruo, lo matamos los mismos liguistas.
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Pd: Si usted es manudo y le ofende esta columna, o cree que la escribió un morado, déjeme decirle: “bienvenido, usted es parte del problema”.
Pd 2: Felicidades al Saprissa, digno tetracampeón.
Entre Leones
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