.4 septiembre, 2019
 Llegada de Keylor Navas al Juan Santamaría este martes. Ni el pelo se le vio. Fotos: Shirley Vásquez
Llegada de Keylor Navas al Juan Santamaría este martes. Ni el pelo se le vio. Fotos: Shirley Vásquez

El tal Justien Bieber, de 25 años, al parecer por fin maduró. Y por sus recientes confesiones uno podría entender su pésima actitud hacia el prójimo, su pedantería y malacrianza.

El cantante canadiense, quien es seguido por 118 millones de personas, reconoció que “todos hicieron todo por mí, así que nunca aprendí los fundamentos de la responsabilidad”, agregando que a los 18 años no tenía “habilidades en el mundo real” a pesar de tener “millones de dólares y acceso a lo que quisiera”.

Otro triste ejemplo es Lionel Messi, quien cuando vino con la Selección Argentina, durante los festejos por la inauguración del nuevo Estadio Nacional, no tuvo la mínima cortesía hacia los ticos

¿Qué le costaba haber salido de la banca, en el medio tiempo, y caminar unos pasos hacia la cancha y saludar? También le entiendo su fea actitud, desde niño tuvo las miradas del mundo encima, y fue arrancado de su pueblo para ser plantado en Barcelona donde tuvo todas las atenciones habidas y por haber.

Al que no justifico y me es más chocante que Bieber y Messi juntos, es al portero Keylor Navas, quien salió de un pueblito perdido en el sur del país que se llama Pedregoso, el cuál pertenece a Pérez Zeledón.

Estudió en escuela y cole públicos, con mucho esfuerzo salió de su tierra hacia la capital, nunca tuvo los medios de comunicación encima ni tratos preferenciales que lo desubicaran. Y de repente, de simple mortal pasó a creerse un dios quien al llegar al país, después de un viaje en avión en primera clase a pierna suelta, no puede ni siquiera bajar el vidrio del carro, y no para dar declaraciones a la prensa ni para tomarse un café, sino solamente para saludar, agitar la mano y que la gente lo vea, un simple gesto que no debería estar pegado al cielo para un Hombre de Fe...