.11 junio
El juego en el Fello Meza, entre Cartaginés y Guadalupe FC, se desarrolló a puerta cerrada, sin embargo, en las afueras fue una locura. Foto: Rafael Pacheco
El juego en el Fello Meza, entre Cartaginés y Guadalupe FC, se desarrolló a puerta cerrada, sin embargo, en las afueras fue una locura. Foto: Rafael Pacheco

Posiblemente los aficionados de Saprissa, la Liga, o Heredia consideren desproporcionada la felicidad de los leales brumosos, en las afueras del estadio Fello Meza la noche de este miércoles, celebrando con pitos y caravana la clasificación a semifinales.

No es para tanto, dirán incluso los alajuelenses estancados en el título 29 desde hace rato y que todo apunta a que nuevamente se quedarán sin nada.

Sin embargo, hay que ponerse en los zapatos de los cartagineses y entender que tenían diez torneos que quedar fuera, en algunas ocasiones de forma dramática.

No obstante, la celebración llega en el peor momento por la pandemia del COVID-19, con una segunda oleada muy agresiva con 86 contagios ayer y hoy 77.

Y para las autoridades tras de cuernos palos, pues ahora deberán prestar atención a la etapa más caliente del campeonato, como si ya no tuvieran suficiente trabajo controlando a los violadores de la restricción vehicular, el ingreso de indocumentados por la frontera norte, combatiendo coyotes, ciclistas, y al montón de cabezas calientes que gustan irrespetar las órdenes sanitarias.

Los dirigentes del fútbol, que han actuado de forma muy responsable de la mano de las autoridades de Salud, deben prestar atención a lo que viene, para tratar de ver como previenen las pasiones desbordadas de los fanáticos en momentos en que la crisis nos tiene con el rancho ardiendo y pidiendo refuerzos a la ONU.

Una campaña de llamado a la calma, en la que involucren a los jugadores de los cuatro grandes, no estaría demás, pero que deben hacer algo, de eso no hay duda.