El año que Orlando Galo estuvo lejos de fútbol por una suspensión por dopaje, hizo que el volante reconectara con el niño que alguna vez soñó con ser profesional y que mejengueaba a diario en Jacó.
El no poder tener actividad con el Herediano, ni en partidos o entrenamientos, lo puso a buscar alternativas porque no podía quedarse solo con hacer gimnasio, correr o hacer otro deporte, de cualquier manera necesitaba estar pateando bola y allí es donde volvió a sus raíces.
Entre su natal Jacó y en playa Herradura, se tiraba muchas noches jugando partidos, cuyo único fin era divertirse, jugar por amor y gusto, muy lejos de lo que era su rutina los últimos años.
“Jugaba mucho, volví a ser el Orlando Galo que no era profesional, porque tenía que jugar, volví a mejenguear en mi pueblo con mis amigos, con el cuidado necesario y con el permiso del club para poder seguir jugando de alguna manera”, explicó.
Aquellas mejengas eran sin la presión del profesionalismo, pero igual existían las mismas ganas y competencia por ganar, allí es cuando se incorporó a un equipo de fútbol cinco de unos amigos.
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“En Jacó mejengueaba con amigos muy cercanos, había un equipo de amigos que trabajan en un restaurante y salían a las 10 de la noche, era la única hora que podían mejenguear y que yo estaba seguro que no me iban a golpear. Íbamos a las 11 de la noche, la cancha me quedaba muy cerca de la cancha y ya luego volvía a la casa.
“La cancha me quedaba como a 200 metros de la casa, me iba en la bici de mi mamá o caminando. Era mi vecindario, siempre estaba por ahí. Si podía ir todos los días a jugar, iba todos los días.
“Al día siguiente era levantarme a las 5 a.m. para ir al gimnasio, porque a esa hora lo abrían y el preparador físico del equipo de Jacó podía entrenarme, porque ya en el transcurso del día se le complicaba”, contó ante la pregunta de La Teja de cómo hacía para jugar al fútbol.
“Volví a ser el Orlando Galo que no era profesional y a mejenguear de nuevo en mi pueblo”.
— Orlando Galo, jugador de Herediano
Gran ayuda
En Heredia, Galo también tocaba canchas de fútbol aunque fuera lejos del club, allí Pablo Salazar, exjugador florense y actual entrenador del equipo femenino rojiamarillo, le tendió una gran mano.
“Pablo Salazar me entrenaba acá en Heredia en una cancha, se tomaba el tiempo y estaba a disposición mía, en realidad. Luego entrenaba con Manuel Víquez (preparador físico del Team) en el gimnasio de él, había muchas cosas a disposición mía que nunca me dejaron caer. Tener personas o ángeles que estuvieran al lado eran una bendición de Dios. Cuando uno dice que hay amigos, sí hay amigos, los puedo contar, pero luego son pocos los que siempre estuvieron allí.
“Con Pablo entrenaba todas las semanas, a veces hasta los domingos se tomaba el tiempo, veía y me ponía un mensaje de que fuéramos a entrenar y yo encantado porque eso es lo que quería, tocar el balón, correr, sentirme bien y no perder esa parte”, comentó.
Ya Galo está entrenando con los rojiamarillos, desde el 23 de agosto se pudo integrar al club, luego que le dieron la autorización por ir acoplándose, para que el 19 de octubre, día en el que ya tendrá el aval para jugar, se ponga de nuevo la camiseta de profesional y vuelva a lo que fue desde hace años.


