Sergio Alvarado.20 enero
Gabriela Valverde festeja su campeonato con Saprissa. Foto: Cortesía Diego Picado
Gabriela Valverde festeja su campeonato con Saprissa. Foto: Cortesía Diego Picado

Hace ocho años la futbolista Gabriela Valverde quedó intoxicada en una calle de Escazú. El asfalto le sirvió de cama, pero por su estado ni cuenta se dio. Estaba muy drogada.

Cuando estaba en aquella calle una compañera del equipo femenino de fútbol de Escazú la encontró e intentó que reaccionara, preocupada le gritaba ‘Gaby, ¿qué le pasa?, ¿por qué está aquí? Eran preguntas que no pudo contestarle y aun ahora le cuesta explicar cómo llego ese día a dormir en una calle escazuceña si ella es de San Pedro de Montes de Oca.

“De ese día lo que tengo son como flashazos, recuerdos de algunas cosas, de mi compañera hablándome, ver a mi compañera mirándome hacia abajo, levantándome, no sé ni cómo consiguieron el número de mi papá para que fuera a recogerme, a mi papá metiéndome al carro. Fue de las cosas más feas que pasé, ahí supe que había tocado fondo", comentó Gabriela, quien hoy lleva una vida sana y es unas de las figuras del campeón nacional, Saprissa, desde hace tres años.

El sábado pasado fue premiada como la mejor portera de la liga femenina costarricense en el 2018 y es una de las líderes del equipo morado, al que jamás imaginó que podía llegar cuando sus días se iban entre el alcohol, la marihuana, la cocaína, el éxtasis y el crack. Buscaba en las drogas la falsa ilusión de sentirse mejor.

“Siempre he sido una persona demasiado introvertida, muy tímida, entonces cuando probé el alcohol era como la medicina para eso, ya no era tan tímida, ahora podía hablar con todo el mundo, si tomaba podía ir a las fiestas, podía pasarla bien y si no lo hacia era la que quedaba aislada. Eso me abrió las puertas para probar otras cosas”, explica.

Gabriela Valverde recibió el galardón a la mejor portera del campeonato nacional. Foto: Cortesía Diego Picado
Gabriela Valverde recibió el galardón a la mejor portera del campeonato nacional. Foto: Cortesía Diego Picado

Cuando la encontraron tirada en la calle tenía 23 años, hoy 31. Lo ocurrido en Escazú fue una señal de alerta de que estaba a nada de perderse y mejor ni contar las oportunidades que desperdiciaba como futbolista. Todo eso la hizo reaccionar luego de cuatro intentos por rehabilitarse.

“Tuve que tocar fondo para reaccionar, lo perdí todo, oportunidades deportivas, a nivel profesional, de estudio, me quedé completamente sola; llegar a ese tipo de situaciones fue lo que me ayudó a tomar la decisión de buscar ayuda, lo que venía haciendo no me servía para nada”.

“El fútbol siempre fue una constante en mi vida, yo jugaba consumiera o no. Perdí oportunidades, como estar en la selección, por seguir consumiendo drogas. Trataba de no hacerlo antes de un partido, ponerme reglas, pero no las cumplía, siempre terminaba en lo mismo”.

Una mujer feliz

Hoy Gaby habla en el campo y ordena a sus compañeras en defensa y obedece con atención a su entrenador y los consejos de sus padres, situación que antes no hacía. Parte de su rehabilitación fue aprender a escuchar y aceptar que estaba mal, que tenía una enfermedad y necesitaba tratarse.

Si hay una posición en el fútbol que exige levantarse después de haber caído es la de quien cuida el marco. La temporada anterior hubo un momento en el que no pasó su mejor momento, pero al final se recuperó.

“Fue bastante complicado al inicio, tuve que aprender a conocerme más, fueron diez años de adicción que lo que hicieron fue borrar la esencia de Gabriela. Ahora tengo siete años de estar rehaciéndome”, comenta.

Gabriela se siente mejor que nunca en su carrera y pone las bases para su futuro con lo que hace actualmente. Foto: Cortesía.
Gabriela se siente mejor que nunca en su carrera y pone las bases para su futuro con lo que hace actualmente. Foto: Cortesía.

Hoy es una mujer feliz, además de jugar al fútbol entrena a niñas para ser porteras y pronto abrirá un gimnasio, un proyecto al que le tiene mucha fe.

Consagró su vida al deporte, actividad que sustituyó a las adicciones, que la mantiene ocupada para no flaquear ni volver a consumir, la gran prueba de todo aquel que ha salido del infierno de las drogas.

“Cuando uno tiene la enfermedad de la adicción uno utiliza las drogas para llenar un vacío que siente, cuando uno las deja ese vacío vuelve, es muy común que volvamos a consumir o a meternos en relaciones tóxicas o en algo que no nos haga bien. Lo importante es buscar algo que a uno lo haga sentir bien, que crezca y aprenda y en mi caso fue el fútbol. A quien esté tratando de salir de esto que practique algo que le haga sentir bien, música, arte, lo que sea; es fundamental para salir adelante, el deporte me tiene limpia el día de hoy”, comentó.

Todo esto habría sido imposible sin el apoyo de sus padres, quienes desde que Gaby es muy joven están divorciados, así que ella se pasaba de una casa a otra, pero por las adicciones, cuando trataban de ponerla en cintura, se iba para donde otra persona.

“Mis papás se informaron, es algo que yo rescato porque les ayudó a entender más lo que era la adicción y qué podían hacer para ayudarme. Fueron los que estuvieron ahí para mí, me dieron soluciones hasta que yo tomé una de ellas. Sin ellos no estaría acá con todo lo que he conseguido”.

Volvió la Sele

Cuando pensó que el barco de la selección ya se había ido para ella, en el 2017 la sorprendió la convocatoria para unos fogueos ante México. Fue la primera vez que vistió la chema de la Sele en siete años, aunque vio los partidos desde la banca.

La sonrisa que una vez apagaron las drogas está más firme que nunca hoy por hoy. Foto: Cortesía.
La sonrisa que una vez apagaron las drogas está más firme que nunca hoy por hoy. Foto: Cortesía.

“Es algo que pensé no llegar a alcanzar por la edad y por el pasado que tenía. Recuerdo que cuando me interné estaba en la selección, expliqué la situación y la persona que estaba a cargo de la selección en ese momento me dijo que solo siguiera entrenando y ahí cualquier cosa me volvían a llamar y, bueno, pasaron siete años para eso, pero bueno, nunca es tarde", indicó.

Hoy la historia de Gabriela es la misma que la de muchos luchadores que dejaron sus demonios atrás y van día a día para mantenerse limpios. Eso sí, no olvidar los errores del pasado y con la consciencia que ahora son los dueños de su destino y que lo mejor está por venir.

“Me he dado cuenta de la cantidad de gente que conoce mi testimonio y me muestra admiración, es una sensación muy bonita, pero no me puedo olvidar de qué me llevó hasta acá, ni que estuve tirada en una cera, si yo olvido todo eso y me dejo llevar por todo lo que vivo y tengo ahora, va a ser cuestión de tiempo para que vuelva a consumir”.

Ganar el trofeo a mejor portera del 2018 es solo uno de los logros de Gaby, porque hay otros que sin duda, inspiran mucho más.