Tras colgar los tacos hace poco más de un año, el exvolante de Alajuelense, Jorge Gatjens, repasa una carrera de casi dos décadas marcada por títulos, sacrificios y un inesperado resurgir en Guatemala, mientras hoy enfrenta el desafío de reinventarse lejos de la cancha.
A sus 37 años, el exjugador reconoció que al inicio, el retiro no fue nada sencillo. Luego de 18 años como futbolista profesional (desde su debut en el 2007 con Puntarenas FC hasta su última etapa en el Guastatoya de Guatemala), el cambio de rutina le pasó factura.
Jorge cosechó dos títulos con la Liga en los torneos de Invierno 2011 y 2012, y además consiguió un título con el Malacateco y un histórico bicampeonato con el Guastatoya (2018).
Hoy, instalado en su natal Pérez Zeledón, junto con su esposa Melissa y su hija Lucía, Gatjens se enfoca en su nueva vida como profesor de educación física, profesión que, pese a las dificultades, logró completar durante su carrera.
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“En el 2018 estaba en un equipo de acá que tenía problemas con los salarios y mi esposa estaba embarazada. La prioridad era la llegada de mi hija y decidí irme. Encontré un trabajo en la Cervecería Costa Rica, en el área de ventas, y me llamó Amarini Villatoro, para preguntarme si quería irme a Guatemala.
“A Amarini le agradezco mucho, él vino a estudiar a Pérez y yo era un chiquillo y cuando tenía 29 años me escribió por Facebook, ofreciéndome una oportunidad y la acepté. Ofrecí disculpas a la gente de la Cervecería y, según yo, me iba a ir un año a Guatemala y eso me marcó en mi carrera”, contó.
Una vida plena
—¿Cómo ha asimilado el retiro?
Al inicio fue difícil. Me retiré hace un año y 4 meses. Fueron 18 años de carrera y pasar de entrenar todos los días por la mañana, convivir en los camerinos y jugar para diferentes equipos a cambiar la rutina no fue fácil.
Se extraña la cancha, el compartir con los compañeros, la sensación de competencia, de que se asoma el fin de semana.
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—¿Cuál fue la razón por la que decide retirarse?
Ya estaba valorando retirarme, porque habían sido muchos años, y comencé a buscar trabajo como profesor. Metí los papeles al MEP y le dije a mi esposa que, en el momento en que me llamaran, nos veníamos para Costa Rica.
Me vine a unas vacaciones a finales del 2024 y tenía un problema en la rodilla; no era nada grave, pero debía tener dos meses de reposo con fortalecimiento y no pude jugar el Clausura 2025.
Nos quedamos acá y, estando más cerca, todo es diferente; de hecho, me di cuenta de que me habían llamado de unas instituciones, pero eran llamadas normales y al estar allá no las atendí.
Unos meses después me llamaron de un colegio semiprivado, una institución católica, y tengo siete meses y medio, y estoy feliz en esta nueva etapa de mi vida y muy agradecido con Guatemala, porque me dio mucho y fuimos muy felices allá.
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—¿Y a qué se dedica actualmente?
Soy profesor de educación física. Logré estudiar en la Universidad Florencio del Castillo; viajaba con algunos compañeros a Cartago para estudiar.
No fue fácil, porque en ese tiempo a algunos entrenadores eso no les importaba; de hecho, tuve problemas con dos técnicos, porque les pedía un día para ir a la universidad y no me lo daban. Yo los entiendo, porque a uno lo contratan para jugar, pero esa parte del futbolista es importante. Tuve que congelar el estudio por un tiempo, pero al final logré sacar la carrera.
—¿Cuáles son los momentos que le dejó el fútbol?
Esta carrera te deja momentos muy lindos y situaciones difíciles, pero sin duda el momento más lindo fue un gol que anoté en un clásico ante Saprissa (agosto del 2012).
Es el mejor gol que anoté en mi carrera, por el momento, por lo que representaba. Íbamos perdiendo, anoté con un cabezazo y logramos empatar. Recuerdo que ese día el Macho me metió de cambio. Son situaciones que uno debe aprovechar y fue muy bonito marcar ese tanto.
Además, los títulos que gané con el Guastatoya fueron en un torneo en el que me fue muy bien, marqué seis goles y es un certamen que disfruté a plenitud.
Las lesiones son lo más complicado; hay que nadar contra corriente, y siempre que estaba en buen nivel me lesionaba, pero es parte de. El jugador trabaja con el cuerpo y no me gustaba hacerme la víctima; no pasaba nada, a seguir adelante y son pruebas que uno enfrenta en el camino.
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—¿Y cómo ve a la Liga del Macho Ramírez?
Estuve año y medio con él. A la Liga le guardo mucho cariño, pasé momentos muy lindos en Alajuelense. Gané dos títulos, era un camerino pesado y al inicio tuve miedo de irme, porque tenía 23 años, pero la pasé bien.
El Machillo es un excelente entrenador, prioriza que el camerino esté lleno de buenas personas y logró el título, que muchas personas esperaban porque había mucha presión sobre eso.
A veces, es difícil volver a resetear, pero Óscar es un excelente entrenador, una persona muy preparada y, para mí, lo correcto es que continúe el tiempo que desee; es el entrenador más ganador en la Liga, y hay que tener mucho cuidado con Alajuelense.
No se puede menospreciar a Saprissa, Herediano o Cartago, pero es un candidato muy fuerte y se está levantando.
—¿Su corazón es de Pérez Zeledón o de Alajuelense?
A la Liga le guardo mucho cariño y los apoyo en cada jornada, en una final. Pérez también tiene un lugar en mi corazón; con ellos empecé a los 11 años y son los dos equipos con los que me identifico.





