Erick Quirós.16 mayo
Los morados no lograron hacer el gol que necesitaban para pulsear una gran final.
Los morados no lograron hacer el gol que necesitaban para pulsear una gran final.

Quiero comenzar preguntándole a los morados que si recuerdan la última satisfacción que les dio Saprissa dentro de un terreno de juego.

¿Tienen en la mente la última ocasión en que sintieron el pecho inflado de orgullo, con ganas de gritarle al mundo que su equipo ganó, gustó y goleó en cualquier campo? O que al menos la pulseó porque al final el rival también juega.

En mi caso no cuenta haberle ganado a Tigres en la Conchampions, pues aunque había cierta esperanza, sabíamos que en México nos iban a sopapear. De igual manera, el torneo estaba muy verde.

Tampoco incluyo la final ganada en penales a Herediano hace un año, que de no ser por lo penales y por el mismo Jairo Arrieta (jugaba con ellos y botó uno) no sería el mismo cuento.

Hoy de nuevo me tocó explicarle a mi hijo (de 5 años) que el Saprissa del que tanto habla su papá volvió a perder.

Lo que pasó la noche de este miércoles en San Carlos me confirma que Saprissa dejó de ser SAPRISSA (sí con mayúscula por lo importante que fue). En la final tuve la sensación de que podíamos jugar dos o tres días y el mísero gol que necesitábamos nunca iba a llegar. Todo el mérito a San Carlos, pero no era el Real Madrid contra el que jugábamos.

Nunca dije ¡uy! Ni me levanté de la silla, es más, hasta pude cenar viendo el partido, algo que antes era impensable porque por lo menos sentía emoción de que en la “Saprihora” el gol iba a llegar. Podemos hablar de planteamientos, pero para mí fue que ya este equipo no tiene la esencia de lo que fue.

No me voy a ir por la fácil diciendo que antes goleábamos a todos los contrincantes, no. Hace un tiempo íbamos a Puntarenas y también sufríamos, en Osa nos golearon, en San Carlos y en Limón también la pasábamos mal. Sin embargo, cuando tocaba recibir a esos equipos en el Ricardo Saprissa teníamos muy claro que era nuestro momento, era la hora de meter miedo y demostrar el porqué somos el equipo con mayor afición, con más campeonatos, que exportó mejores jugadores al extranjero y es superior en enfrentamientos mano a mano a los demás. Eso es SAPRISSA… El de ahora no.

Ya dejamos de ser letales en casa, de ganar y ser superiores en partidos importantes, de lucharla, de pelear, como dicen por ahí, pasamos de ponernos histéricos a históricos...

Los aficionados dejamos de ser aquellos que les exigíamos al equipo como un equipo grande, digno de defender hasta el cansancio, que salía a cualquier cancha a pellejearla y que si no ganaba por lo menos nos dejaba con el sabor de que realmente lo intentaron. Ahora más bien hay algunos que celebran que San Carlos es el campeón, hasta en eso dejamos de ser SAPRISSA.

Lo que pasó el miércoles no es culpa de los jugadores ni del propio Paté Centeno, es culpa de todos los morados que de un momento a otros nos conformamos con ser el que más afición lleva al estadio, el de uniforme más bonito o el que más gracia tiene en redes sociales, los que hacemos que el equipo sea rentable para los que están al mando y que a simple vista se nota que no saben lo que fue SAPRISSA.