Christian Guerrero es ingeniero civil y fue uno de los pocos ticos que trabajó en la construcción del nuevo Estadio Nacional.
Guerrero trabajó durante 2 años y 2 meses en la nueva Joya de La Sabana y hoy, al cumplirse 10 años de inaugurada, siente orgullo y satisfacción por la realización de un proyecto como este.
“Cuando paso cerca siento un poco de orgullo, se me infla el pecho, porque al final puse mi grano de arena para que el estadio estuviera ahí.
“Siempre queda un pedacito de uno por ahí. Empezando los barreales eran enormes, terminaba uno con la ropa llena de barro y luego ya verlo inaugurado fue una experiencia de mucho aprendizaje”, manifestó.
Christian trabajaba para la empresa Eco I Eco Consultoría Ambiental y él, junto a sus compañeros se encargaban de que la construcción del reducto cumpliera con las leyes ambientales del país.
“Veíamos aspectos como manejo de desechos y que se llevaran a los rellenos autorizados, también coordinamos la tala de árboles. El estadio tuvo desechos de todo tipo, había mucha formaleta y lo más difícil fue cuando se estaban colocando los cimientos, porque se produjo mucho lodo bentonítico (un tipo de arcilla) y se tuvieron que alquilar lugares para depositarlos y esperar que se secaran solos”, contó.
El ingeniero recordó que por el tipo de trabajo que hacían, se organizaban para permanecer en el estadio todos los días, durante las 24 horas.
“Para mí no hubo nada fácil durante la construcción, el tema de la comunicación era complicado, tuvimos que sacrificar familia, estudios, los horarios eran muy cansados.
“Sin embargo, veo esto como la realización de un sueño, en el país no estábamos acostumbrados a ver que un proyecto se cumpliera a tiempo, ver el estadio pintado, con su sistema de seguridad, zonas amplias, fue un motivo de orgullo”, aseguró.
Una vez finalizado el estadio, Christian y sus compañeros colaboraron con la logísitica de las actividades de la inauguración del Estadio Nacional y por eso estuvo en primera fila durante el partido contra China, el juego contra Argentina y la pelea de la boxeadora Hannah Gabriels.
Su relación con los chinos
Christian manifestó que durante el tiempo en el que breteó en la construcción del estadio tuvo muy poca relación con los trabajadores chinos.
“Siempre había dos traductoras en el estadio y la mayoría de los temas se conversaban con ellas, por teléfono o las visitábamos en las oficinas. Ellos (chinos) eran muy reservados, teníamos muy poco contacto con ellos, además de que estaba la barrera del idioma”, expresó.
Un tema que destacó este profesional, es la seriedad con la que los chinos se toman su trabajo.
“Se reunían en la mañana para coordinar las funciones, luego llegaba el almuerzo y después del almuerzo les daban una hora para dormir. Eso sí, apenas pasaba la hora de sueño llegaban a sus puestos de forma puntual.
“Eran muy eficientes, puntuales y cuando terminaban una tarea se reportaban al jefe para que los pusieran a hacer otra cosa. Son muy disciplinados, no tenían ningún tipo de distracción mientras trabajaban y en algunos puntos tenían máquinas expendedoras de agua caliente, para que se prepararan los tradicionales tés”, recordó.
A pesar de la poca relación que entabló con los asiáticos, al ingeniero no se le olvidan algunas anécdotas que compartió con los constructores.
“Recuerdo que decían que eran presos, pero eso era mentira. En la feria del agricultor de Pavas eran felices, porque decían que en China las frutas son más caras y no hay tanta variedad como acá.
“No se me olvida que un día íbamos caminando en un trillo, en fila india y uno de los ingenieros (tico) se tropezó y se le salió un ‘puta’ y seguramente a ellos les sonó vacilona la palabra y venían detrás de nosotros diciendo ‘puta, puta, puta’”, contó entre risas.





