Allen Guevara ha sido, a lo largo de su carrera, un futbolista honesto. De esos que no esconden lo que sienten ni maquillan su historia según la camiseta que lleve puesta.
Nunca ha temido reconocer su afinidad por Alajuelense, pero eso no significa que cuando los ha tenido enfrente haya sido menos profesional o haya dejado de competir por ganarles.
El Morera Soto, un lugar que nunca dejó de sentirse como casa
En las semifinales y finales del campeonato pasado, Guevara estuvo en las graderías del Morera Soto, viendo al León levantar la copa de campeón ante Saprissa, un resultado que celebró junto a una afición manuda que no lo olvida y le demuestra mucho cariño.
Ir a ver a la Liga desde las gradas no ha sido algo extraño para él. Lo ha hecho en repetidas ocasiones porque, al final, es el club que marcó su carrera: diez años defendiendo la rojinegra, entre el 2010 y el 2020, y cinco títulos que lo convirtieron en uno de los jugadores más identificados con esa etapa del equipo.
Para muchos, su caso puede resultar raro, más aún siendo un jugador todavía en activo, pero lejos de incomodarlo, mostrarse auténtico es algo que lo llena, como lo reconoció en entrevista con La Teja.
“Mira que eso como futbolista a mí es lo que más me llena, no que digan, es simpatizante a este equipo o de otro equipo y le estás faltando el respeto al equipo donde estás jugando, no, no, el cariño de la gente es lo que a mí me deja satisfecho, lo siento también en Cartaginés, que disfruté muchísimo jugando ahí”, comentó.
El cariño que permanece más allá del uniforme
Guevara cuenta que cada vez que va al estadio la escena se repite: fotos, autógrafos, saludos, gestos que le confirman que el manudo sigue viéndolo como uno de los suyos y que ese espacio aún le resulta familiar.
“La gente, los aficionados, se sienten muy contentos de ver que uno salió, tal vez por situaciones distintas, pero que uno siempre tenga la facilidad de entrar y caminar ahí tranquilamente y siempre hay fotos.
“A uno también le gustan esas cosas, que cada uno se lleve sus recuerdos, pero entrar ahí siempre me hace bien, me siento como en casa”.
El vínculo que ahora continúa desde la gradería y como padre
Allen sigue ligado a Alajuelense porque su hijo, Nachito, forma parte de la U-12 del club, razón por la que con frecuencia se le ve en el CAR de Turrúcares, acompañándolo en sus partidos y procesos formativos.
“Ya jugó su primer torneo y le fue muy bien, pero uno como padre siempre quiere eso, ver que el hijo se desarrolle en el trabajo que uno hizo, no comparándose porque a veces es complicado, pero que disfrute, que aprenda, que aprenda a ser persona, que aprenda valores y en la institución donde está lo puede hacer”, comentó.
Ahí, el jugador y el padre se cruzan. Ya no desde la cancha, sino desde la experiencia y el acompañamiento.
Del corazón del aficionado al chip del profesional
Este sábado, Guevara volverá una vez más a la Catedral, pero ahora lo hará desde un lugar distinto: en la cancha y como rival, defendiendo la camiseta de San Carlos.
Será otro chip, el del profesional que deja los gustos personales de lado para poner por delante su trabajo y el de sus compañeros.
“Eso no me hace menos como profesional, yo siempre me preocupo del lugar donde estoy, de que las cosas se hagan bien. Cuando estuve en Liberia fui campeón, en la Liga también y en Cartago también”.
Recuerda incluso los cuestionamientos que surgieron cuando llegó al cuadro brumoso, dudas que terminó despejando dentro del campo.
“Recuerdo que la gente decía (al llegar a Cartaginés), ‘Es que él piensa mucho en ellos, él cree que está en la Liga todavía’ y no, no, siempre di mi mayor esfuerzo y salí campeón. Entonces, yo creo que ya eso calma las dudas de la propia afición y me siento tranquilo”.
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Liderazgo, experiencia y el final que se va acercando
En San Carlos, el Cusuco no solo aporta desde lo futbolístico. También se ha convertido en un líder del grupo, una referencia para los más jóvenes gracias a su recorrido y bagaje.
“Me siento muy tranquilo con mi rol actual, uno tiene que tener esa tranquilidad para aportar al club, a los compañeros, a los jóvenes, que ellos lo ven a uno también como una persona a seguir”, destacó.
Con 36 años, Guevara es consciente de que el final de su carrera no está tan lejos. Aún se siente con ganas, pero también con la serenidad de quien sabe que ha hecho bien las cosas y empieza a prepararse para cuando llegue ese momento.
“Yo vivo tranquilo, tratando de vivir el día a día, partido a partido, feliz de lo que he hecho y ver en cuánto terminas esto, ya ahora queda poco, pero siempre he disfrutado, en el lugar que he estado, siempre he disfrutado bastante”, finalizó.



