Lionel Scaloni dijo que el choque entre Argentina e Inglaterra era “solo un partido más”, y entendemos por qué lo dijo, pero qué equivocado estaba el entrenador albiceleste.
Atlanta este miércoles era como “un campo de batalla”; ingleses y argentinos llegaron en pie de lucha, pero en buen sentido, pues sus armas eran sus voces, sus corazones y muchísimas ganas. Cuando uno se acercaba al estadio, era claro que podía ser todo menos un partido normal.
Los sudamericanos declararon sus intenciones con más fuerza, ya que en la previa se sintió más su presencia sobre los europeos, con su grito de batalla de “el que no salta es un inglés”.
Pero la verdadera guerra inició en las graderías; durante el calentamiento, los ataques argentinos nuevamente fueron fuertes. La entrada de Harry Kane y compañía desató los gritos y silbidos.
Y sí hubo un momento donde nuevamente quedó clarísimo que no era un partido normal, que en la mente de la gente estaban la guerra de las Malvinas y los cuartos de final de México 86 con la mano de Dios de Maradona; fue al cantar los himnos.
Apenas empezó el de Inglaterra, se desató una chiflada ensordecedora; por más que los británicos cantaron a todo pulmón, ni se oyeron. Cuando tocó el argentino, sus rivales quisieron hacer lo mismo, pero lo cantaron con tantas ganas que sí pudieron sobresalir sobre los silbidos. Al menos yo nunca había visto algo así.
Y lo que pasaba en las gradas se trasladó al campo, pues los primeros 45 minutos fueron muy emocionales. Con un “ejército” inglés que se veía más ordenado y con una idea más clara, pero sin lograr un ataque efectivo. El “batallón” albiceleste, comandado por Lionel Messi, era más corazón y ganas. Un par de tarjetas amarillas fueron las heridas de guerra, pero nada más.
La afición siguió peleando desde su trinchera, aplaudiendo y gritando cada corte, buen pase o hasta un saque de banda como si fueran goles.
Al iniciar el segundo tiempo, los pupilos de Scaloni lanzaron sendos ataques que por poco se meten a territorio defendido por Jordan Pickford. Las defensas inglesas resistieron y su “general” Thomas Tuchel acomodó sus fichas para equilibrar de nuevo la batalla e inquietar en el frente.
Y justo en ese momento, iniciando el segundo tiempo, al minuto 55, cuando los planes de batalla se siguen consolidando, los ingleses montaron una ofensiva letal. Morgan Rogers, desde el flanco derecho, disparó un misil que encontró los pies de Anthony Gordon, quien soltó una bomba dentro del marco del Dibu Martínez.
Los argentinos perdían la batalla y eso lo sabía el pelotón de la grada, que empezó a ver mermadas sus fuerzas. Los cánticos no eran iguales; las ganas iban dando paso a la desesperación. Los embates albicelestes eran más que los ingleses, y poco a poco más peligrosos.
Nico González soltó un cañonazo que chocó con el escudo de Jordan Pickford, quien como una muralla la sacó de la línea. Luego se dio la arremetida de Alexis Mac Allister, quien soltó una bala de cabeza que pegó en el palo. Eso levantó un poco el batallón de la grada.
Y ese asedio de los sudamericanos dio frutos: un cañonazo de Enzo Fernández al 85 igualó la batalla y parecía que extendía el partido 30 minutos más, pero el corazón argentino quería resolverlo en el tiempo regular y así lo hizo.
El cuadro inglés pensó que con una herida serían capaces de acabar la guerra; se dedicaron a defender y olvidaron que el ataque es el que termina ganando los combates. Y el arsenal ofensivo de su rival terminó destruyendo todas sus murallas.
Y pasó lo que tenía que pasar, no resistieron el asedio. Al 90’+2 apareció el mejor soldado de la cancha, Lionel Messi, tomó un balón desde el flanco derecho y lo metió al área con la precisión de un misil, que encontró la cabeza de Lautaro Martínez, quien de cabeza sentenció al ganador de esta guerra.
¿Qué pasó con el pitazo final? Locura, solo así se puede celebrar una victoria como esa, una que les sabe tanto a los argentinos porque no es solo un partido.
La batalla de Atlanta terminó a favor de la Albiceleste, que ahora jugará ante España la final. Los ingleses no pudieron vengarse de la mano de Dios; lo bueno es que esto es fútbol y siempre da revanchas. En la próxima, solamente deben recordar que una guerra se gana defendiendo y atacando.
Y bueno, ya al Mundial solo le queda definir a su campeón. El domingo sabremos si será Argentina o España.





