Por: Andrés Mora.   20 octubre

En un trágico accidente en la Vuelta de la Juventud del 2005, el ciclismo costarricense perdió a uno de sus más prometedores deportistas y Andrey Amador a su máximo rival del momento: Cristian Montero.

Doña Luz Marina mantiene en la sala de su casa muchos recuerdos de su hijo. Foto: Rafael Pacheco

El 12 de agosto de aquel año se corría la tercera etapa de Puriscal a Grifo Alto.

En una curva, Cristian, de 19 años, se topó de frente al bus placa AB 284, conducido por Luis Montero Guevara, que desobedeció la orden del oficial de tránsito y no pudo esquivarlo. Murió instantáneamente al pegar en la esquina del vehículo y sufrir serias lesiones en su corazón y pulmones.

Según expertos del ciclismo, en esa zona los pedalistas pueden bajar a una velocidad de entre 60 y 70 kilómetros por hora.

andre amador, michael cambronero, henry Rave, brian lara, cristian montero y marcos salas. Son los integrantes de la seleccion juvenil de ciclismo.

Cristian formaba parte de una familia de ciclistas, era menor de cuatro hermanos varones (de nueve en total) y su madre, Luz Marina Villalobos fue fue la que les heredó la pasión por este deporte.

En su corta, pero prometedora carrera fue campeón en la categoría sub-19 en la Vuelta de la Juventud del 2002. Su hermano mayor, Raúl, ganó la Vuelta a Costa Rica de 1989 y ese mismo año, otro de sus hermanos, Arnulfo, se coronó en la categoría de novatos.

Catorce años después del duro acontecimiento, doña Luz Marina nos recibió en su casa, en San Ramón, y aseguró que tiene lo ocurrido tan claro como si hubiera pasado ayer.

En la casa conservan todavía algunas de las bicis que fueron de Cristian. Foto: Rafael Pacheco

–¿Cómo era él como hijo?

Él empezó a entrenar desde jovencito, Arnulfo era el entrenador, con bicicletas armadas con piezas que ni eran de ellos. Era muy estudioso, muy calmado y buena gente, no es porque es mi hijo, pero era muy cariñoso con todo mundo, muy de la casa, gracias a Dios fue muy sano y estudioso.

–¿Cómo fue aquel 12 de agosto?

Fue muy duro porque yo en la mañana, apenas amaneció, a las 6 de la mañana, no recuerdo si yo lo llamé o él me llamó. Cuando hablamos lo oí un poco desanimado, le digo: ‘Cristian, ¿qué le pasa?' Porque él no me podía engañar, yo en la voz sentí que estaba triste.

Le digo ‘¿usted está bien’? y me dice: ‘sí, estoy muy bien’, pero el día anterior habían corrido el velódromo y (Henry) Raabe le había metido 30 segundos, entonces el patrocinador lo había regañado, el entrenador y no se cuál otro, entonces él les dijo: ‘no se preocupen, hoy voy a volar, hoy vuelo y le gano a Raabe’.

Y sí le ganó porque se fue al cielo directo. Cuando lo noté triste le pregunté y no me quiso decir, me dijo que iba a desayunar, lo encomendé bien a Dios; me di cuenta que a él le pasó eso, de su tristeza, como hasta las once de la noche que vino la novia a la vela y nos contó que él había estado llorando.

–¿Después de esa llamada usted queda inquieta?

Sí, quedé inquieta pensando porque no sabía que le pasaba a Cristian porque tenía voz triste, no tenía voz normal. Yo lo noté, pero sí me dijo que tenía fuerza, me dijo: ‘mami la fuerza me sobra, hoy yo voy a volar si Dios quiere, le voy a ganar a Raabe’.

“Solo de Dios viene la fuerza para soportar un golpe así tan fuerte", mamá del ciclista.
Funeral de Cristian Montero en San Ramon, ciclista que murio por un accidente. Foto Abelardo Fonseca

–¿Cómo se entera usted?

José Alberto, el hermano, avisa porque él estaba entrenando en San José y resulta que llamó a Roxana, mi nuera, y le dijo que Cristian había tenido un accidente y que estaba muy mal, que estaba inconsciente y cuando me dijo eso yo estaba limpiando la cocina, y me dicen que saben que yo soy una persona muy fuerte.

Cuando ella me dice eso, yo me dije: ‘seguro es que está muerto y no me quiere decir. Entonces le digo: ‘Dios me lo da, Dios me lo quita’ y me quedé ahí. Cuando sonó después el teléfono, mi nuera contestó y José Alberto avisó que estaba muerto. Le digo: ‘¿qué, murió?’ y me dice: ‘Sí, doña Luz’, entonces lo que hice fue encomendárselo a Dios, le dije: ‘Señor era tuyo, era prestado, llévatelo contigo al cielo porque allá estará mejor’.

Me dolió mucho, quedé en shock. Solo estaba mi hija y ella sí se revolcaba y me decía: ‘mami, dígame que es mentira’ y yo le decía: ‘no mamita, cálmese’, porque tenía que llamar a mis papás y a la familia de mi esposo para avisar.

Gracias a Dios no perdí el sentido, e inmediatamente comenzaron a venir los vecinos porque en la tele empezó a salir la noticia, casi lo saben primero los vecinos que yo. Mi esposo no estaba, andaba trabajando y lo mandé a traer, cuando llegó aquí vio que estaba poniendo lazos y flores, él pregunta qué pasó, entonces mi hija mayor le dijo que Cristian que se accidentó.

–¿Cuál fue el momento más duro?

Recibir la noticia fue lo más fuerte y ya a la hora de meterlo el ataúd bajo tierra.

–¿Y llegó a ver el bus con el que chocó?

No, la bicicleta y la ropa ellos la trajeron y no me la querían enseñar, yo quería verla porque si aguanté verlo a él en la caja y todo. Me decían que no lo tocara, que lo dejara queditico, no sabía que la cabeza estaba rota y el bracito estaba despegado, las costillas se le quebraron y se le introdujeron en los pulmones y corazón, el quedó desnucado de una vez.

Yo fui a Grifo Alto donde pasó el accidente, veía las fotos y las repasaba, por ahí tengo todos los periódicos. Él andaba esta esclavita (la que anda ahora ella) y catorce años después yo la ando.

Solo de Dios viene la fuerza para soportar un golpe así tan fuerte.

Esta esclava que anda doña Lus pertenecía a Cristian. Desde hace catorce años anda con ella. Foto: Rafael Pacheco
19 años tenía el joven deportista fallecido

–¿Quién se encargó del cuerpo?

De eso mi esposo con Arnulfo. El cuerpo no lo trajeron ese día, hubo que dejarlo el viernes en refrigeración porque querían enterrarlo domingo, lo trajeron el sábado por la mañana.

Lo del parte y todo eso en Puriscal me tocó a mi, fueron cuatro años en ese ir y venir dos veces por semana. El abogado fue Mario Barrantes, yo iba a Alajuela a que Mario me firmara papeles, iba a San José y luego agarraba para Puriscal el mismo día, para mí eso fue muy duro, yo ya estaba peso pluma porque bajaba por aquella calle y decía: ‘por aquí subió vivo, pero ya bajó muerto’, y yo iba solita.

en esta vuelta el bus estaba parqueado, como a unos 10 kilometros de puriscal.

–¿Por qué duró tanto el caso de su hijo?

Hubo atrasos y ellos presentaban defensas, tuvimos que ir a muchas conciliaciones y al final de cuenta, ya la última vez les dije, ‘yo le pedí a Dios que fuera el último día, porque estoy cansada, yo así no puedo seguir, necesito hacer arreglo por bien y aunque no nos toque nada, yo no peleo el dinero, porque no me lo va a devolver’.

Yo no quería estar en ese zapato. Yo anhelaba que eso terminara.

Entonces hicimos arreglo porque el dueño de los buses y el chofer se declararon en quiebra, algo nos dieron, por lo menos para pagar tanto gasto en tanto tiempo.

¿En algún momento habló con el chofer del bus?

Sí, como se hicieron muchas conciliaciones nos encaraban y hablábamos , siempre lo saludé, nunca le guardé rencor. Gracias a Dios lo pude amar como hermano y perdonar; todo mundo me decía: ‘si se declara en quiebra, métalo a la cárcel’, pero yo decía, '¿que ganó con dejar a una familia sin un papá, una mamá que sufre?, no gano nada.

Él tenía que aceptar que no obedeció y lo aceptó.

Una de las paredes de la casa está forrada con fotos del joven ciclistas fallecido. Foto: Rafael Pacheco

–¿Después de catorce años que representa para usted el 12 de agosto?

Yo lo vivo alegre porque sé que él está en el cielo y no le falta nada, que está feliz, ¿qué gano con ponerme triste, que los hijos me vean así si ya eso pasó hace años y nunca pasa? Eso nunca termina, le queda a uno en el corazón y la mente, trato de vivirlo normal, aunque fue a tres días del Día de la Madre.

Yo cumplo años el 24 de febrero, él cumplía el 23, entonces él siempre iba a Zarcero a entrenar y llegaba con el ramo de claveles. Entonces, cuando cumplo me alegro, pero tengo ese recuerdo, porque lo celebrábamos juntos, aunque no hiciéramos fiesta ni nada, ahora me toca sola.

¿Acostumbra ir al cementerio?

Sí, yo voy diario, cuando puedo me voy en taxi o a pie. Si estoy deprimida o acordándome de él, me voy y rezo, le digo palabras y me vengo contenta. Yo duro mal un ratito, pero después me compongo y sigo adelante.