Un GPW Ford Army de 1942 es una joyita que todavía se ve en las calles ticas y recuerda lo que fue el ejército en Costa Rica, abolido desde el 1° de diciembre del 1948, un vehículo con una impresionante historia, la cual su dueño, Otto Mora Cantillano, nos contó con lujo de detalles.
Costa Rica celebra un nuevo aniversario sin ejército
Este lunes se conmemora otro aniversario de la decisión tomada hace 77 años, de que en el país se depusieron las armas y se diera el paso como uno de las pocas naciones en el mundo que prescindió de sus fuerzas armadas, por lo que los recuerdos de aquella época son muy valorados.
Un jeep de 83 años que sigue intacto
Lo más impresionante del caso es que el carro, pese a su antigüedad, se encuentra entero, en perfectas condiciones y con fuerza para seguir arrastrando miradas por donde sea que va, además que conecta con la historia personal de don Otto.
El vínculo familiar que da sentido al vehículo
“Es un carro que compré hace unos 15 años y prácticamente ya estaba así, yo antes tenía otros de estilo, es toda una afición, aparte de eso, mi papá fue combatiente de la revolución que apoyaba a (Pepe) Figueres, se llamaba Carlos Luis Mora Gómez”, comentó.
El estilo militar en los vehículos le gusta mucho a don Otto, por lo que se siente más que feliz con este chuzo que representa muchas cosas. “Yo tengo una foto de mi papá, cuando él estaba el 15 de enero de 1955, a las 6 de la tarde, ya estaban listos para salir a reprender el ataque que venía desde Nicaragua y en las fotografías aparecen unos jeeps como este”.
“Yo estaba chiquito y desde pequeño entonces yo veía ese jeep y me traía un recuerdo muy específico, siempre lo vi en las fotografías, al principio no tenía la posibilidad de tener un carro así, pero ya más adelante sí tuve la posibilidad de comprarlos y me cumplió ese sueño”, comentó.
Accesorios militares reales que se conservan
El carro cuenta con un motor de 2.200, de gasolina y trae accesorios tan curiosos como pala, picos, radios y teléfonos, todo lo que ocupaba un auto militar al estar en combate.
“El carro todavía anda muy bien, pero es como un viejito, usted le arregla una cosa y le aparece otra, ya son 83 años, usted le mete un dinerito a una cosa y de repente le aparece otra y ahí va. Se tiene porque esto es una pasión”, destacó.
Un vehículo que jamás vendería
La historia con el jeep es tan fuerte que don Otto afirma que jamás lo vendería ni nada por el estilo: “Cuando ya yo me muera, ya mi esposa o mis hijas verán qué hacen, pero antes no”.
La gente lo reconoce y lo disfruta en cada desfile
En lo que sí se apunta es a compartirlo con quienes se acercan a admirarlo, tomarse fotos y hasta montarse, porque sabe lo especial que es y lo que llama la atención. “Habrá personas que lo verán feo porque tiene la esencia militar, la esencia de guerra, pero la gran mayoría de las personas tiene mucho que ver.
“Cuando nosotros vamos a exposiciones o desfiles, ahora para el Festival de la Luz, a la gente le encanta ver este tipo de carro. Todo mundo tiene que ver, yo no me opongo a que la gente se acerque con chiquitos a tomarse fotos, a que se quieran sentar.
“Por mí no hay ningún problema. Hay gente que es muy recelosa en ese sentido, pero en el caso mío no, dejo que los niños lo disfruten”, añadió.
Un pedazo vivo de la historia nacional
El carrito es una muestra de otra época en la que Costa Rica y el mundo eran muy diferentes y ahora son solo recuerdos que impactan a muchos.
