Sergio Alvarado.20 junio
Don Wilberth anda en su bici con su canasta por todo lado repartiendo su famoso sabor. Fotografía: John Durán
Don Wilberth anda en su bici con su canasta por todo lado repartiendo su famoso sabor. Fotografía: John Durán

Cuando muchos jugadores o fiebres del fútbol escuchan el nombre de Wilberth Zamora, es probable que queden detrás del palo y costará dar alguna referencia, pero si preguntan por Tica, el de las empanadas, la cosa cambia.

Muchos futbolistas costarricenses que jugaron entre 1990 y el 2000 conocen muy bien a este josefino, de 64 años, quien ha vendido empanadas desde hace 40 años, especialmente en La Sabana, cerca del Estadio Nacional, y en la Junta de Protección Social.

Las anécdotas de Tica, apodo por el que le conoce casi todo el mundo, se acumulan por montones y gracias a sus empanadas se volvió famoso entre los jugadores.

Gracias a su cercanía con los futbolistas, Tica nos contó uno de sus planes, el cual está lleno de solidaridad, pues pretende ayudar a su amigo Erick Marín con la venta de empanadas y que esa platica le sirva en su lucha contra el cáncer.

"Yo me quiero unir a lo de Erick, él es una persona muy especial que conozco desde hace tiempo y voy a dar mi granito de arena, así que el domingo 7 de julio, el día del clásico entre Saprissa y la Liga (pensado para ayudar a Marín) voy a donar 200 colones por cada empanada que venda para la causa de Erick.

En promedio vendo 300 o 400 empanadas cuando hay un partido así de importante, por lo que ese dinero podría ser de gran ayuda para Marín, ahora que él lo necesita", explicó Zamora, aunque en el último juego de la Sele ante Nicaragua vendió 500 empanaditas.

Los hermanos Erick y Miguel Marín son amigos y habituales clientes de Tica. foto Alonso Tenorio
Los hermanos Erick y Miguel Marín son amigos y habituales clientes de Tica. foto Alonso Tenorio

Tica tiene mucha razón, ya que vende cada empanada a ocho tejitas por lo que podría recoger entre 240 mil o 320 mil colones, de los cuales 60 mil o 80 mil colones serían para Erick, uno de los tantos clientes y amigos que le ha dejado el fútbol.

“El dinero se lo iré a dejar personalmente a su familia. Ese día es muy especial para mí porque estaré cumpliendo 65 años”, indicó este generoso pulseador.

Nunca afloja

Don Wilberth se levanta bien temprano para cocinar las empanadas junto a su esposa, Salomé González, y a eso de las 10 a. m., sale de la casa para vender en los alrededores de la Junta de Protección Social, cerca del hospital de Niños y en La Sabana.

Fue casualmente en el pulmón josefino donde Tica se hizo famoso en los tiempos en que la selección nacional entrenaba en el viejo Estadio Nacional y las prácticas eran abiertas al público.

Muy ordenaditas dentró del cajón, andan las empanadas que volvían locos a los futbolistas costarricenses. Fotografía: John Durán
Muy ordenaditas dentró del cajón, andan las empanadas que volvían locos a los futbolistas costarricenses. Fotografía: John Durán

Este pulseador poquito a poco se ganó el cariño de los futbolistas, quienes estaban al pendiente de su llegada debido al sabor que les traía. Según él, más de un jugador se tiraba la empanadas de cinco en cinco como Aláxander Jara y Rónald Gómez.

“En 1987 empecé a vender empanadas en La Sabana y poco a poco me fui acercando al estadio. Una vez uno de los jugadores me compró una empanada y le dije: “No le dé a ningún jugador de esa empanada, porque es muy buena. El muchacho se fue y quién sabe qué pasó porque al rato llegó el resto y la canasta me duró solo diez minutos. Desde ese día seguí llegando y cada vez empecé a llevar más empanadas, en un momento llevé hasta 700″, recordó.

Tica la hizo redonda, porque en esos tiempos todas las selecciones entrenaban ahí, ya sea la mayor, la olímpica, la sub 20 o la sub 17, a quienes se sumaban los miembros de la prensa que cubrían los entrenamientos y también caían rendidos al sabor de sus empanadas.

"Los jugadores llegaron a tal punto que hasta apostaban la compra de empanadas por medio de lanzamientos de penal y al que perdía le tocaba comprarme las empanadas.

“Una vez llegó el Deportivo Saprissa a la cancha anexa al Estadio Nacional y cuando los jugadores me vieron y dejaron al Chiqui García, que los dirigía entonces, botado para irse a comer empanadas, el señor se quedó asustado cuando lo dejaron solo en la cancha", comentó, orgulloso Tica.

Con Francisco “Pacho” Maturana y Carlos Watson también le pasaron un par de chiles.

“Maturana sí llegó a probar las empanadas y recuerdo muy bien cuando me dijo: ‘Oiga Tica, vámonos para Colombia para hacernos millonarios con esto’”, me dio mucha risa.

Con don Carlos pasó al revés, ya que él no permitía que los jugadores comieran empanadas y los regañaba, por lo que los jugadores se escondían para comprarme, pero el señor fue muy vivo y los agarró en una de esas. Don Carlos hizo que se iba y salió en el carro, pero solo le dio una vuelta al parque y volvió a aparecer, por lo que agarró a todo mundo con las manos en la masa", destacó muerto de risa.

Con las selecciones nacionales y equipos de fútbol, Zamora hacía el agosto con las empanadas. Foto: Rafael Pacheco.
Con las selecciones nacionales y equipos de fútbol, Zamora hacía el agosto con las empanadas. Foto: Rafael Pacheco.

De esas épocas, Tica todavía conserva amistades bonitas con Wálter Centeno y Michael Barrantes, quienes cada vez que lo ven se detienen a saludarlo y comprarle sus deliciosas empanadas.

“Hace un tiempito pasó Walter por la Junta y además de comprarme me dejó de vuelto ¢10 mil. Conmigo es muy buena gente, igual que Michael”, indicó.

Aunque ahora los jugadores se cuidan más con su alimentación y las costumbres son otras, el sabor de Tica mantiene su legado y que a muchos que las han probado ahora les sabe a nostalgia.

Puro sabor
Dentro de la gama de sabores de La Tica, las empanadas de Pinto con chicharrón son las que más vende, también vende otros sabores como macarrones y cantonés, además de las tradicionales de pollo, carne y queso, entre otras. También vende refrescos y café negro o con leche.