Don Fabio Valverde pudo comprar un chuzo muy parecido al que su papá tuvo por más 30 años

Por: Karol Espinoza 30 noviembre, 2019

La historia de Fabio Valverde y su Toyota FJ 40 del año 1973 es muy especial.

Este vecino de Vuelta de Jorco de Aserrí es el menor de 14 hijos y creció al lado de un carro igualito al que tiene en este momento, ya que su papá, don Joaquín, manejó por muchos años un FJ 40.

Valverde dice que es prohibido decir que van a vender este carro. Cortesía Fabio Valverde

Sin embargo, en la casa se impuso una regla y era que cada uno de los nueve hijos y cinco hijas aprendería a manejar de acuerdo a su edad y como don Fabio era el cumiche tuvo que tener mucha paciencia.

"A mí me encantaba lavar ese carro, entonces podía arrancarlo y moverlo dentro del patio. Lo subía en un madero para que quedara guindando de una llanta y lavarlo con más tranquilidad, luego le daba vuelta. Lo curioso es que así fue hasta que aprendí a manejar.

¿Cómo puedo saber si mi vehículo requiere alineado y tramado?
“Si maneja en una carretera recta y plana y el carro se le tiende a ir de lado cuando suelta el volante, esa es una señal de que requiere el alineado y tramado, lo mismo pasa si nota que las llantas se empiezan a gastar de manera dispareja en la banda de rodamiento. Por mantenimiento, se debe realizar la revisión cada seis meses o cada 10 mil kilómetros aproximadamente. Es importante que evite caer en huecos, ya que esto le puede destramar y desalinear el carro”, explicó el mecánico Bryan Guido (8603 5135).
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“Para papá, según él, yo era muy cariñoso con el carro, porque era el único que lo chineaba y andaba a papá y mamá cuando estaban más viejitos de arriba abajo en ese carro, hasta que un día papá dijo que me lo iba a dar con papeles y todo”, señaló este comerciante, quien en ese momento tenía 25 años.

A los años murió su mamá, doña Carmen Camacho, momento en el que él le preguntó a su progenitor si lo dejaba vender el carro, el cual era modelo 1978.

De hecho, ese carro fue una sensación en la familia porque fue el primero que tuvieron, porque antes de eso solo habían tenido una yunta de bueyes.

Doscientos mil colones costó esta nave hace 20 años. Cortesía Fabio Valverde.
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“Yo ya estaba casado, entonces empecé a trabajar en el campo, pero lo del café no me gustaba y me dediqué a comerciar, a comprar cosillas para ir a vender a pulperías y bazares con el Toyota. Luego papá me dio permiso de venderlo y conseguí un Pick up, que fue el primer Hilux del pueblo, pese a que era viejo”, recuerda este comerciante de carnes y embutidos.

No obstante, a Fabio le quedó la espinita debido a los buenos recuerdos con ese carro y por ello, hace 20 años, compró un modelo igual, solo que más antiguo que el de la familia y el cual nos mostró para la sección “Chuzo de la semana”.

Al adquirirlo, el chuzo estaba desmantelado y fue tanto el trabajo que tuvo que hacerle que debió esperar seis años para andarlo en carretera.

Le costó ¢200 mil y debió dar unas llantas y unos aros como parte del trato.

Antes lo metían al barro, ahora ya no. Cortesía Fabio Valverde.

“Estaba muy dañado, lo encontré en el lado de San Miguel de Desamparados y empecé a repararlo; a la fecha no he terminado y lo que le he invertido, es incalculable”, agregó don Fabio, encargado de hacerle todos los trabajos a la nave.

Actualmente, Valverde le instaló al carro una luces LED que le costaron ¢2 millones y está restaurando un auto igual, pero modelo 1966.

Para trasladarse a diario, usa un Hilux más moderno que el que tuvo en sus inicios como comerciante y el Toyota solo lo utiliza para momentos muy especiales, incluso, cuesta que les dé permiso a sus hijos para que lo manejen.

“Este es el consentido, cualquiera se vende menos este, este carro es intocable. ¡Venderlo jamás! esa palabra Dios libre, no existe”, comentó don Fabio, de 54 años.

Don Fabio no deja que otras personas manejen el carro. Cortesía Fabio Valverde

Entre los lugares visitados con este chuzote están Parrita y Jacó Y fue adaptado para movilizar a cuatro personas, pese a que originalmente era para siete.

“En la casa no dejo que lo manejen, solo lo mueven si está estorbando, pero no me gusta que nadie lo agarre”, comentó sonriente, pero lleno de determinación.

Fabio recuerda que el carro de su papá era amarillo, no obstante, a don Fabio le gusta el rojo y por eso lo pintó de ese color.