El domingo pasado el lateral limonense Luis Pérez pasó haciendo destrozos una y otra vez por la banda izquierda, frente al técnico saprissista Carlos Watson, el mismo que lo descubrió mejengueando una vez en Cieneguita.
El jugador de 26 años fue una pesadilla para el Monstruo, sus ataques fueron misión imposible para Joseph Mora y el resto de la zaga morada y hasta puso una asistencia, mientras su esposa y dos hijos lo veían en las gradas.
Al terminar la mejenga, mientras conversaba con La Teja, Pérez no podía parar de elogiar a don Carlos, tiene demasiado que agradecerle, como tantos otros jugadores en el fútbol nacional, y jugarse un partidazo era la mejor forma de demostrarle que todavía tiene muy presente aquellas primeras enseñanzas.
"Yo lo admiro porque es una gran persona, sé que está feliz de vernos a muchos que hemos ido avanzando, porque acá muchos han pasado por él, está Jeykol Peterkin, en Saprissa tiene a Kendall Medina. Él nos sacó de Limón y nos llevó a la capital. Yo tenía 16 años, fui a experimentar allá y conocer un poco más. Ese camino me trajo a jugar con el equipo de mi provincia, cosa que me tiene muy orgulloso", destacó el muchacho.
No le importó toparse a su mentor como rival, más bien eso motivó más al muchacho, que quería enseñarle a uno de sus maestros lo mucho que tiene por dar. El saludo y abrazo que se dieron los dos después del partido fue muestra de ese respeto mutuo forjado con los años.
"A los 16 años me llevó a la selección, tuve proceso de selección sub-18 y de cara a la sub-20, luego me perdí el mundial por una lesión. De ahí pasé a Uruguay (de Coronado) donde estuve siete años y conocí muy bien a don Carlos, desde que ascendimos hasta cuando descendimos", comentó Pérez.
Luis debutó en la primera división de la mano de Rándall Chacón en el Torneo de Invierno 2012, pero para él su gran mentor es Watson.
"El profe Carlos ha sido como un padre para mí, muy importante para que esté acá. Junto a mi papá Leroy Peréz ha estado siempre conmigo, me da consejos, hablamos seguido, yo lo aprecio mucho, pero ahora nos tocó vernos en la cancha y eso ya es otra cosa", agregó.
Duros momentos.
Luis la tuvo que pellejearla para volver al fútbol. Antes del Verano 2017 estuvo seis meses sin jugar por el descenso de los lecheros, dado que no le apareció una oportunidad.
Durante ese tiempo se tuvo que dedicar a bretear en Limón para sacar adelante a su esposa Nicole y sus hijos y Kyle (4) Luan (2 años) . La gran oportunidad llegó cuando el técnico Horacio Esquivel le abrió las puertas del equipo caribeño. pero no le ha costado hacerse un campito en la titular.
En enero, cuando Pérez estaba con toda la leche y ganas del comerse el torneo, apenas pudo jugar las dos primeras fechas y luego pasó unas tres semanas lesionado lo que le cortó el ritmo. Se recuperó se ganó la confianza del entrenador y cuando el campeonato calentaba en la fecha 17 otra vez tuvo que salir por lesión.
Fue hasta la mejenga con Saprissa el domingo pasado que pudo volver a tocar la pecosa, luego de un mes afuera. Junto a Michael Barrantes las bandas limonenses eran dos aviones sin control.
"Barrantes y yo estuvimos lesionados y nos costó jugar juntos, pero esta semana (la pasada) todos nos incorporamos. Estábamos con muchas ganas de volver, era un partido que jugaba hasta con una sola pierna", destacó el jugador.
En su pueblo natal, el vecino de barrio Los Cocos se ha sentido mejor que nunca y hasta la doña es una de las principales peloteras con ideas y diversas cosas para apoyar al equipo fuera y dentro de la cancha.
"Ellos son los primeros que vienen a verme, esos pequeñines andan diciendo por todo lado, Limón, Limón pa' arriba y pa' abajo. Luan tiene dos años y creo que ya tiene más corazón verde que yo. Son mi principal motivación".
Esperando que las lesiones no se vuelvan a cruzar en su camino y con esa capacidad que ha demostrado cuando está sano, Luis es de esas figuras que también tienen a la Tromba en lo alto aunque su nombre no suena tanto como el de algunos otros, pero no tiene nada que envidiarle a nadie.
