El Novelón

Aquiles: historia del perro que con su olfato ayudó a resolver montones de crímenes

El peludito trabajó para el OIJ y participó en 354 investigaciones, su talento era olfatear rastros de sangre

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Aquiles fue el primer perro policía del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y desde su debut se ganó los aplausos por encontrar sangre en un lugar donde a simple vista no se veía ni tampoco se hubiera hallado con pruebas científicas.

El pelutido, de raza bloodhound, demostró desde su inicio que su capacidad era mucho más avanzada que la ciencia y así impactó a la Policía Judicial, convirtiéndose en un hito para resolver crímenes. Les contamos su historia, que es un verdadero novelón por todo los casos en los que ayudó, porque incluso su nombre fue recordado durante el juicio de la doctora María Luisa Cedeño, al ser pionero de la Unidad Canina. Sin embargo, este caso “estuvo a cargo” de Baco, otro de los perros entrenados.

Ese primer caso de Aquiles fue cuando a los agentes del OIJ los alertaron, en 2012, del hallazgo del cuerpo de un hombre desmembrado en las márgenes del río Virilla, que pasa por la León XIII, Tibás. ¿Dónde lo mataron? Esa era una de las principales interrogantes que tenían los investigadores.

Es en ese momento fue cuando el peludito entró a colaborar en la investigación, su función era ayudar a dar con el escenario principal del asesinato.

Alejandro Castillo, jefe de la Unidad Canina del OIJ, recordó cómo este caso marcó un precedente en las investigaciones, eso sí, nos aclaró que no podía detallarnos la fecha exacta.

“Tuvimos un caso muy interesante, fue sobre una persona que el can encuentra varias partes de ese cuerpo mutilado en un río cercano a León XIII y, debido a eso, el personal de homicidios hace toda una investigación y se logra allanar varias estructuras y una de ellas es de interés, donde el perro indica en cuatro puntos (olfateaba sangre).

“Posteriormente, entró el personal de biología forense y ellos, con las pruebas que hacen de Luminol y Kastle Meyer, no les dio (ningún resultado), entonces cuando estas no arrojaban resultados el caso se designaba como ‘desierto’. Ahí es donde quedó la duda de por qué el perro podía indicar y por qué las pruebas no podían hacerlo”, recordó Castillo.

A partir de ese momento y durante dos años, se realizó una investigación que involucró a guías caninos y biólogos forenses, en pruebas en las que diluyeron sangre hasta en 500.000 partes (de agua), en dos millones de partes y después hasta 8 millones de partes, Aquiles identificó un rastro de sangre entre cuatro millones de partes.

“Ahí es donde nosotros nos damos cuenta que la capacidad del can era superior a lo que los reactivos químicos podrían determinar”, dijo Castillo.

Esto, en palabras sencillas, quiere decir que el perrito podía encontrar el olor de una gota de sangre humana entre cuatro millones de gotas de agua.

Cuchillo en vitrina

Aquiles también ayudó policialmente en la masacre de barrio La Victoria de Liberia, Guanacaste, donde cinco universitarios fueron asesinados, se trataba de Ingrid Massiel Méndez, Dayana Martínez y Ariel Vargas, los tres de 24 años; Stephanie Hernández, de 23 años, y Joseph Briones, de 22.

Solo una adolescente sobrevivió al brutal ataque del 19 de enero de 2017.

El inteligente perro policía encontró rastros de sangre en una pantaloneta y en un par de tenis, así como en un cuchillo que empleó Gerardo Ríos Mairena contra los estudiantes.

Este cuchillo estaba dentro de un mueble en la sala de la casa del sospechoso. De acuerdo con la investigación, el mueble tenía una vitrina de vidrio, parecía como los artículos de un museo que todos ven y nadie puede tocar; sin embargo, Aquiles descubrió que en este había rastro de sangre humana.

Al sospechoso lo conocen como el ‘Monstruo de Liberia’ y lo sentenciaron a 216 años de prisión por los cinco asesinatos.

Aquiles trabajó en 354 investigaciones en total. Otra fue la del 5 de junio del 2014, cuando halló el cuerpo de la psicóloga Ana Patricia Delgado Castro en la entrada del refugio de vida silvestre Punta Mala, en Parrita.

Ese día se metió entre el monte hasta llegar a un montículo de hojas de plátano y ahí se sentó, debajo de las hojas estaba el cadáver de la mujer, ella fue asesinada por su hijo, Jonathan Badilla Delgado.

El hombre anduvo el cadáver de su mamá en la cajuela del carro durante dos días y pese a que lo lavaron, el peludito olfateó sangre en el sitio. El hombre aceptó su culpa y también lo sentenciaron.

También encontró cuerpos enterrados bajo cemento, uno de los casos fue en una casa en Purral de Goicoechea, en el 2016.

Complemento

A raíz de los descubrimientos de los expertos forenses junto con el animal, fue necesario comprobar si solo se trataba de la capacidad olfativa de ese peludito, eso los llevó a entrenar a Dodge, otro perro Bloodhunt que también demostró su capacidad olfativa, incluso superando la de Aquiles.

Los perros de la Unidad Canina son certificados como parte de la garantía de que fueron entrenados y de sus capacidades en los rastreos.

Alejandro Castillo, de la Unidad Canina, afirma que la inteligencia de los perros no es que sea mayor que los resultados científicos, sino más bien son un complemento.

“El perro solo nos va a indicar donde no vemos sangre, pero los demás reactivos nos puede decir cuál fue el movimientode la de la sangre que hubo en una escena (es decir si a la persona la arrastraron) o cómo fue la dinámica de escena”, manifestó Castillo.

Aquiles y Dodge buscaban restos humanos y sangre, se les consideraba perros duales, no obstante, ahora la Unidad Canina solo especializa perros para el rastreo de un solo fluido, ya sea solo sangre, semen, drogas o hidrocarburos, por ejemplo.

Ocho años de intenso trabajo

Aquiles nació en enero del 2009, le pertenecía a una familia de apellido Ramírez, que lo donaron a la Policía Municipal de Belén, Heredia.

El OIJ buscaba un perro que demostrara tener muchas capacidades y fue así como contactaron a varias Policías del país pidiendo ayuda para dar con uno.

“En la Unidad Canina teníamos un proyecto de encontrar un perro que nos funcionara para la búsqueda de restos humanos, nos dimos a la tarea de buscar una raza óptima para que primero pudiera caminar bien en montaña, probamos con uno de raza ‘Labrador’, que para localizar eran buenos, pero le faltaba resistencia para andar por muchas horas en montaña.

“Fue hasta que un compañero de la Policía Municipal de Belén nos contactó y nos dijo que él tenía dos perros que podía donar a nuestra unidad canina”, recordó Castillo sobre cómo llegó Aquiles.

El peludito tenía cuatro meses cuando comenzó con su trabajo policial, a sus 8 meses lo entrenaron para la búsqueda de restos humanos.

Su primera búsqueda fue el rastreo de un feto que fue abortado en Alajuela, encontró sangre en el patio de una propiedad, pero la criatura nunca fue hallada, en el sitio había otros animales y en apariencia estos se lo habrían comido.

El perrito iba a ser pensionado en el 2018, pero el miércoles 4 de abril de 2018 falleció producto de un mal gástrico, fue sepultado en el Complejo de Ciencias Forenses del OIJ, en San Joaquín de Heredia.

Dejó un gran legado en la policía judicial costarricense, actualmente hay 24 perritos en esta Unidad, depende de cada raza son pensionados a los 8 años o 10 años como máximo.

Premiados

Los perros con una nariz larga son los que tienen mejor olfato, debido a que tienen más células olfativas.

Algunas personas tienen la creencia que a los perros que detectan sangre o drogas, por ejemplo, les dan estos productos, pero Alejandro Castillo, jefe de la Unidad, desmiente eso. Él explica que a los animales se les enseña el olor y a identificarlos, conforme los van encontrando se les da un premio que es alimento o juguetes, lo que los peluditos prefieran.

Ellos analizan cómo el perro dispone su nariz, cómo mueve la cola y la posición de las orejas como parte del descubrimiento.

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