El Novelón

Así fue como un accidente y una foto unieron a una pareja durante 45 años

Jorge Coto y Flor Quijano se juraron amor ocho días después de que se conocieron

La historia de amor de Flor María Quijano y Jorge Coto es de que esas que dejan huella y se mantienen vivas en el recuerdo de quienes les conocieron.

Empezó con un accidente en el que, por dicha, ninguno de ellos se vio involucrado pero tuvo mucho que ver para que llegaran a ser una pareja feliz y exitosa. Vivieron juntos durante 45 años.

Los detalles de la historia nos los contó --vía Zoom-- Elizabeth Coto, hija de la pareja y a quien de cariño le dicen Cuca Coto. Ella vive en Estados Unidos desde hace muchos años, pero viene con frecuencia a Costa Rica. Esos viajes se han visto interrumpidos por la pandemia.

El asunto está así. Jorge era comerciante y hacía sus negocios entre San José y el sur del país, era muy trabajador y tenía una gran amistad con pilotos de las empresas AVE y Lacsa. Eran los años cincuenta y casi todas las mercaderías viajaban en naves cargueras. Por tierra era más complicado.

El 26 de noviembre de 1953 Jorge andaba en su camión trabajando por San Isidro de El General y vio de pronto que una avioneta volaba muy bajo. Le pareció que algo malo pasaba y al momento oyó un estruendo en un cerro. Aunque andaba en cosas de sus negocios no dudó en ir a ver en qué podía ayudar. Temía que un amigo suyo se hubiera visto afectado.

Cuca relata: “Mi papá nos cuenta que cuando él llegó al cerro, estacionó su carro y se bajó. Tuvo que meterse en un guindo donde la luchó para sacar al piloto de la avioneta y llevarlo hasta arriba para pedir ayuda. En ese momento llegó un fotógrafo del periódico La Nación y tomó una foto del accidente”.

Por esas cosas de la casualidad, un fotógrafo del diario que andaba cubriendo otros temas supo del avionetazo y corrió hasta el cerro.

El piloto de la aeronave Cessna, un hombre de apellido Salazar, fue llevado al hospital con algunos golpes, nada grave, y rápido volvió a trabajar. La avioneta quedó muy dañada.

Cuando Flor María, que era una buena lectora, vio la noticia en La Nación, quedó flechada de inmediato por el hombre que aparecía en la foto y que había ido a ayudar al piloto. Lo siguiente que hizo fue recortar la foto...

“Contaba mami que ella vio la foto y dijo ‘qué hombre más guapo’. Ella tenía 17 años y la puso con un chinche en la pared, a la par de su mesita de noche. Mami se enamoró del hombre de aquella fotografía, decía que pensaba ‘qué hombre más bondadoso’”, recuerda la hija.

La gran sorpresa

La abuela materna de Cuca se llamaba María Vives, se había divorciado de su esposo cuando Flor María tenía ocho años. La señora Vives estaba de novia con un señor que se llamaba Juan Ramón Monge Cedeño.

“Mami contaba que ella se iba con mi mamá a la casa de Juan, la llevaban de chaperona. Mientras los viejitos se copaban en la sala mami estaba haciendo helados, por aquellas fechas mi mamá tenía un novio y se iba a casar, pero el hombre ese siempre le decía que cuando se casaran no la iba a dejar salir y que iba poner un candado a la casa. Ella (la abuela) no quería que mi mamá se casara con ese hombre”, recordó.

“Mi abuela le dijo a Juan que quería dejar a mami unos días con él en San Francisco de Dos Ríos para que no se tuviera que casar y después la iban a mandar a Limón”, detalla Cuca.

Jorge Coto vivía entonces en San Isidro de El General con una señora, pero no le iba bien en el amor. Aunque tenían una casa y varios negocios, un día decidió dejarle todo y pasarse a vivir a San José.

Estamos hablando de la segunda semana de agosto de 1954.

“Lo que mi mamá nunca imaginó era que mi papá era hijo de Juan, el novio de mi abuela. Mami decía que un día papi llegó a la casa y le dijo a mi abuelo que le permitiera quedarse con él porque había dejado todo atrás y por supuesto que (Juan) lo recibió de inmediato”, dijo.

(Jorge era Coto porque llevaba los apellidos maternos).

La vida se iba encargando de acercar a Jorge y a Flor María y ella recordaba que cuando lo vio entrar no sabía qué hacer

“Estaba asombrada, no podía creer que el hombre de la foto que ella tenía guardada era el mismo que tenía al frente, relata Cuca.

Era increíble, pero cierto.

Llegó la boda

El mismo fin de semana que Jorge llegó a su nueva casa, él y Flor se sentaron en una banca para hablar y conocerse. Flor no le contó nada de la foto ni de cómo ella suspiraba a diario por él.

“Mi mamá le contó a papi lo del matrimonio (que le estaban buscando con otro hombre) y él le preguntó ‘¿qué le parece que nos casemos usted y yo?, usted va a rodar y yo también, casémonos, tal vez funcione’. Como mami lo veía tan guapo y ya estaba enamorada no tuvo nada que pensar”, detalla Cuca.

Doña María aceptó que Flor se casara con Jorge porque sabía que era un hombre de buena familia y de buenas costumbres.

“En ocho días mi abuela le tuvo que hacer el vestido de novia a mi mamá y el 23 de agosto de 1954 se casaron en la iglesia La Soledad, en San José. No había mucho dinero, hicieron un desayuno, después se fueron a Limón de luna de miel adonde unos familiares de mi mamá porque ella ya tenía el tiquete. Como la iban a mandar para allá aprovecharon. Papi tenía 38 años y mami 18”, dice Elizabeth.

Tiempo después, Flor María le contó a Jorge que ella tenía una foto de él que la acompañaba desde que ocurrió el accidente.

“Ellos vacilaron mucho por eso que pasó con la foto, mami la tuvo guardada años de años bajo llave porque para ella era un tesoro, no quería que se fuera a perder. Yo soy la hija mayor y en casa tengo cincuenta cajas con fotos, libros y recuerdos de mis papás y en alguna de esas cajas está esa foto y el recorte del periódico completo”, dijo Cuca, quien es conocida en Estados Unidos como Liz Coniglio.

La hija asegura que el amor de sus papás estaba destinado a la felicidad.

La pareja estaba recién casada cuando Jorge se pegó la lotería. Con eso logró comprar una casa para la familia y un camión y se fue a San Isidro de El General a trabajar pues estaba seguro de que ahí le volvería a ir tan bien como antes en sus negocios.

“Mi papá decidió que mami se quedara en San José con nosotros mientras él trabajaba allá. Así estuvieron cinco años, pero mi mamá estaba muy enamorada de mi papá y decidió que nos fuéramos a San Isidro para estar todos juntos”, recordó.

Cuando la familia ya se estableció montaron la famosa panaderia Coto, en la que no solo vendían pan sino también abarrotes, carnes y todo lo que la gente necesitaba.

“En aquella época llegamos a tener ciento cincuenta empleados, era un negocio exitoso, además eran activos en ayudar en todas las necesidades de la comunidad. La panadería estuvo muchos años, después la alquilamos”, relató.

Explica Cuca que el principal anhelo de sus papás fue permanecer juntos siempre porque ellos venían de familias de padres separados. Tuvieron siete hijos y a todos les dieron una carrera universitaria.

Grandes logros

A Cuca la llena de orgullo contar que su mamá fue quien trajo al país la técnica de hacer flores de pastillaje de azúcar, que se las vendía a la Gallito, y su papá --quien siempre soñó con ser doctor-- no pudo estudiar hasta que cumplió 73 años y fue el primer ciudadano de oro en graduarse en agronomía en la UCR.

Solo la muerte pudo terminar con el amor de Flor María y Jorge; ella falleció el 19 de julio de 1999 en Nueva York, en la casa de su hija Cuca, pero su cuerpo fue traído a Costa Rica. Jorge murió en nuestro país el 17 de febrero del 2011 a los 94 años.

Martín Cordero, vecino de San Isidro, recuerda que su abuelo le contó sobre el accidente en el que Jorge Coto intervino pues el señor era piloto.

“Don Jorge era muy conocido aquí y mi abuelo decía que después lo vacilaban los pilotos diciéndole que ojalá si sufrían un percance él estuviera cerca para ayudarlos, ellos tenían un negocio muy famoso, hasta le hicieron un queque a mi abuela para los cien años”, dijo Cordero.

Asegura Cuca que uno de los mejores recuerdos del amor de sus papás está en su patio porque don Jorge le sembró un rosal de flores rojas y pequeñas que ahora ella pone en un altar. Las matas no paran de dar flores, solo hacen una pausa en el invierno, cuando las tapa la nieve.

Y todo esto nació de un accidente, de un acto de solidaridad y de una foto.

Silvia Coto

Periodista de sucesos y judiciales. Bachiller en Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo. Labora en Grupo Nación desde el 2010.