El Novelón

El día en que una bomba incendiaria mató a tres personas en Limón

Atentado en Limón también se llevó la vida del papá y un empleado de la empresa de seguridad familiar

“El 22 de agosto se cumplirán veinte años de ese día que jamás olvidaré y yo sigo amando igual a mi madre, sigo extrañándola y sigo soñándome con ella. Pienso en sus cariños y en su comida todos los días.

“Cuando vienen estas fechas del Día de la Madre, y también del Día del Padre, porque ese mismo día me arrebataron a mi papá, el asunto se pone duro para mi familia. Tenemos paz en el corazón, pero nos duele mucho no tenerlos”.

Atentado en Limón, el 22 de agosto del 2000, dejó tres fallecidos, en el sitio murió Víctor Vega Montero, de 58 años. Su jefe, identificado como Alfredo Ramírez Solano, dueño de una empresa de vigilancia, y la esposa de este, Rosa Acón Ulate.

Con su corazón golpeado por el dolor, Alfredo Ramírez Acón, vecino de Limón, nos permitió conversar con él sobre el día más amargo de su vida.

Si bien nos dejó claro que solo tiene cicatrices, porque ya su corazón sanó, esas marcas de vida jamás se borrarán.

Hace 20 años

El 22 de agosto del 2000 comenzó muy normal para el expolicía y dueño de una empresa de seguridad privada Alfredo Ramírez Solano, de 56 años; su esposa, Rosa Acón Ulate, de la misma edad, y un trabajador de la empresa, Víctor Vega Montero.

Como parte de la rutina don Alfredo, al tener varias empresas a las que le prestaba vigilancia, trasladaba a algunos empleados en su carro (un Nissan Sentra) por el cambio de turno de la mañana.

Doña Rosa, quien no trabajaba en la empresa, pero amaba demasiado a su esposo, casi siempre lo acompañaba en el traslado de los trabajadores porque no eran demasiados; tal vez dos, cuando mucho.

Así ambos compartían la mañana conversando y hasta pasaban a desayunar a algún lado.

Atentado en Limón, el 22 de agosto del 2000, dejó tres fallecidos, en el sitio murió Víctor Vega Montero, de 58 años. Su jefe, identificado como Alfredo Ramírez Solano, dueño de una empresa de vigilancia, y la esposa de este, Rosa Acón Ulate.

Todo fue normal aquel 22 de agosto hasta a eso de las cinco de la mañana.

Don Alfredo, quien había sido funcionario de la Fuerza Pública en Limón y obtuvo el grado de mayor, salió de la casa y le dijo a su esposa “¿qué, hoy me acompaña?”. Ella respondió que sí

Ambos se fueron entonces a un puesto y recogieron al oficial de seguridad Víctor Vega, quien salía del turno de la noche. Lo llevarían hasta la casa porque a don Alfredo le gustaba dejar a sus empleados en la puerta del hogar, sobre todo a los que la habían palmado en un puesto.

El carro en el que viajaban los tres hizo una parada en el puro centro de Limón, frente al hotel Puerto. Eran como las seis y media de la mañana y el matrimonio estaba a pocas cuadras de dejar a Víctor e ir a desayunar.

La tranquilidad con la que habían transcurrido las primeras horas del día cambió en un segundo. Un hombre se acercó al carro y lanzó hacia adentro una bomba incendiaria (de las conocidas como molotov) hecha con aguarrás.

Atentado en Limón, el 22 de agosto del 2000, dejó tres fallecidos, en el sitio murió Víctor Vega Montero, de 58 años. Su jefe, identificado como Alfredo Ramírez Solano, dueño de una empresa de vigilancia, y la esposa de este, Rosa Acón Ulate.

No era un molotov pequeña, sino un viejo galón de pintura al que habían llenado con el líquido inflamable.

Fuego instantáneo

El vehículo ardió tan rápido que ninguna de las tres personas que estaban adentro pudo salir. La gente en la calle no entendía qué pasaba y de inmediato llamaron a los bomberos.

Como dentro del carro había armas, por la naturaleza del trabajo de los oficiales de seguridad, las balas comenzaron a reventar. Por eso alguna gente habló de una gran balacera.

Los testigos contaron haber oído cómo los esposos pedían ayuda a gritos en medio de las llamas. A don Alfredo y a doña Rosa los sacaron y los llevaron al hospital Tony Facio, pero iban muy graves.

Atentado en Limón, el 22 de agosto del 2000, dejó tres fallecidos, en el sitio murió Víctor Vega Montero, de 58 años. Su jefe, identificado como Alfredo Ramírez Solano, dueño de una empresa de vigilancia, y la esposa de este, Rosa Acón Ulate.

Fue imposible para los rescatistas sacar a don Víctor, él falleció en el asiento de atrás del carro, que se incendió por completo.

Hubo incluso una pequeña explosión que afectó las paredes de un par de negocios cercanos al lugar donde estaba el carro.

Horas después del ataque falleció don Alfredo y luego de una gran batalla por la vida, el 27 de agosto murió doña Rosa.

¿Quién fue?

Gracias a testigos casi de inmediato se identificó a la persona que había lanzado la bomba molotov.

Se trataba de Vicente Gibbs Montoya (en el 2000 tenía 36 años) y, según nos informaron las autoridades penitenciarias, sigue preso. Está en el centro penitenciario Carlos Luis Fallas, conocido como La Leticia, en La Roxana de Guápiles.

Allí descuenta una pena de XX años por tres homicidios calificados.

No fue difícil detenerlo hace dos décadas. Los testigos lo identificaron y los agentes del OIJ le dieron cacería cinco horas después, mientras trabajaba como oficial de seguridad para una empresa privada en el puesto del IMAS de Limón.

Atentado en Limón, el 22 de agosto del 2000, dejó tres fallecidos, en el sitio murió Víctor Vega Montero, de 58 años. Su jefe, identificado como Alfredo Ramírez Solano, dueño de una empresa de vigilancia, y la esposa de este, Rosa Acón Ulate.

Cuando lo agarraron tenía quemaduras en las manos y en los brazos. En la muñeca izquierda andaba un reloj al que el calor había dañado un montón.

Gibbs negó los cargos. Dijo que se había quemado con gasolina y diésel porque estuvo limpiando un zacatal antes de ir a trabajar.

Atentado en Limón, el 22 de agosto del 2000, dejó tres fallecidos, en el sitio murió Víctor Vega Montero, de 58 años. Su jefe, identificado como Alfredo Ramírez Solano, dueño de una empresa de vigilancia, y la esposa de este, Rosa Acón Ulate.

¿Por qué lo hizo?

Han pasado veinte años desde la muerte de las tres personas y aún hay dudas en el aire.

“Hasta el día de hoy no entendemos por qué Gibbs mató a mis papás y a un compañero de trabajo. Él fue empleado de la empresa de seguridad (de don Alfredo Solano) y como una semana antes (del ataque) había puesto la renuncia.

“Que yo recuerde él no se fue en malos términos, ni peleado. Lo que sí nos pareció muy extraño fue que como tres días antes de la tragedia intentó llevarse un arma de un puesto de seguridad, pero no se la dieron porque ya no trabajaba para la empresa”, dice Alfredo hijo.

“Gibbs estudiaba leyes, es una persona con universidad, por eso es imposible comprender qué pasaba por su mente”, añade.

Recuerdo vivo

“Es muy difícil, a pesar de tantos años, dejar de pensar todos los días en lo que sucedió. Yo me sueño con ese día constantemente. No olvido que un taxista amigo de la familia se dio cuenta de que el carro en llamas era el de mi papá y se vino muy rápido a avisarme”, detalla Alfredo.

Dice que el taxista no supo cómo explicarse porque le hablaba de fuego y de balaceras.

“Yo me monté al carro y manejé lo más rápido que pude al centro, estaba en el barrio Siglo XXI, así que no se dura mucho. Al llegar pude ver a una persona totalmente quemada, muerta, en la parte de atrás del carro. Esa imagen me impacta hasta hoy”.

Atentado en Limón, el 22 de agosto del 2000, dejó tres fallecidos, en el sitio murió Víctor Vega Montero, de 58 años. Su jefe, identificado como Alfredo Ramírez Solano, dueño de una empresa de vigilancia, y la esposa de este, Rosa Acón Ulate.

“Con esto del Día de la Madre es bien duro para los tres hijos de ellos, nos hace mucha falta mamá, ella era demasiado tierna y cariñosa. Era una luz muy radiante en el hogar. Estaría disfrutando de los cuatro nietos y dos bisnietos que jamás pudo ver. Y también papi”.

Alfredo cuenta que se sueña a menudo con sus papás y los ve contentos y tranquilos, algo que le da paz.

Sabe que el recuerdo estará siempre y que debido a que su papá fue muy conocido por las labores que desempeñó en la Fuerza Pública, todavía mucha gente cuando lo saluda se lo recuerda o le recuerda el suceso.

“Ya es normal para mí recibir un ‘buenos días’ y seguido un recuerdo de mis papás”, comentó.

Perdonado

Cuando Alfredo analizó más a sus tatas recordó que su papá fue el encargado de enseñarles a tener valores y a luchar día a día para ganarse el pan, a respetar a los demás y a honrar a los padres.

“Mami se encargó de las cosas espirituales, de llenarnos el corazón de Dios, nos enseñó, y muy bien, a tener misericordia y a saber perdonar. Es por eso que mis tres hermanos y yo no arrastramos amarguras, no tenemos heridas abiertas.

Atentado en Limón, el 22 de agosto del 2000, dejó tres fallecidos, en el sitio murió Víctor Vega Montero, de 58 años. Su jefe, identificado como Alfredo Ramírez Solano, dueño de una empresa de vigilancia, y la esposa de este, Rosa Acón Ulate.

“Esas enseñanzas de mamá cayeron en tierra fértil, nosotros perdonamos a Gibbs por lo que hizo, no hay resentimientos. Dios tiene el control de todo. Nosotros como hijos tenemos paz en el corazón porque sabemos que ellos eran buenas personas y están ahora en el cielo”.

Jamás olvidarán los hermanos la cantidad de gente que los acompañó en el funeral de sus papás.

La catedral de Limón estaba a reventar y por eso Alfredo hijo siempre le agradecerá a su amado pueblo limonense el abrazarlo y apoyarlo en los días más duros de su vida. Así pudieron sobrellevarlos cargados de amor de toda la provincia y hasta de amigos en Guanacaste, Cartago y San José, que viajaron al funeral.

Eduardo Vega

Periodista. Bachiller en Análisis de Sistemas de Información. Egresado del posgrado en Comunicación de la UCR. Miembro activo de la Federación de Periodistas Deportivos de América y miembro activo de la Asociación Internacional de Prensa Deportiva.

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