Adrían Galeano Calvo.11 abril
El ataque de los asaltabancos venezolanos le dejó una cicatriz en la mano derecha a Johnny Brenes. Fotografía José Cordero
El ataque de los asaltabancos venezolanos le dejó una cicatriz en la mano derecha a Johnny Brenes. Fotografía José Cordero

Quienes aún en 1995 subían a uno de los carros del diario Al Día, hoy desaparecido, no podían pasar por alto un llamativo detalle y era que el auto mostraba señales de balazos en la parte interna del techo y en una puerta.

Eran el recuerdo de un episodio que pudo haberles costado la vida al chofer Johnny Brenes y a los fotógrafos del periódico Rónald Chacón y Francisco Rodríguez.

El oficio los puso un día de 1994 frente a un serio peligro, pero --como se dice popularmente-- no les tocaba.

Hoy, cada vez que Johnny ve la cicatriz que tiene en la palma de la mano derecha piensa en aquel momento en el cual a él y a sus compañeros les volaron bala los asaltabancos más temidos que han pasado por Costa Rica.

El viernes 15 de abril de 1994 empezó normal en la pequeña redacción del periódico, en Llorente de Tibás, donde Johnny trabajaba como chofer. Qué iba a pensar que iba a estar cara a cara con el grupo de venezolanos que sembró terror en el país y que en menos de un año asaltó cuatro agencias bancarias, dos camiones remeseros y asesinó a tres guardas.

La banda de asaltantes la integraban los hermanos Oswaldo y Luis Enrique Martínez Ojeda, Abel Antonio Rodríguez y Juan José Avendaño Auluar, alias el “Capitán Avendaño”. Atacó entre noviembre de 1993 y mayo del 1994, pero su suerte se le acabó el sábado 28 mayo de 1994, cuando fue detenida y en un abrir y cerrar de ojos las autoridades ticas mandaron a los delincuentes para Venezuela, una situación que causó gran controversia.

Un mes y medio antes de la captura fue cuando Johnny, Ronald y “Paco” experimentaron su violencia. Que salieran con vida para contarlo aún sorprende.

Los asaltabancos venezolanos causaron terror en Costa Rica entre 1993 y 1994. Foto tomada de Crónica de Tanato.
Los asaltabancos venezolanos causaron terror en Costa Rica entre 1993 y 1994. Foto tomada de Crónica de Tanato.
Pura casualidad

Johnny cuenta que aquel 15 de abril, ellos tres salieron de Llorente hacia el centro de San José para hacer unos mandados del periódico.

“Yo hacía de mensajero, pero no en moto sino en carro, o sea, hacía de todo. En las mañanas, como había que planear el trabajo que se iba a hacer, lo que yo hacía era ir a traer periódicos y correo. Ese día Francisco Rodríguez entró a trabajar como fotógrafo al periódico y Ronald dijo que fuéramos los tres para él explicarle cómo era el movimiento en el trabajo”, recordó.

El recorrido los llevó al paseo Colón, donde los agarró una enorme presa. Johnny hizo un toque para adelantar a los carros y llegó hasta donde estaba una agencia del Banco Anglo (hoy es un edificio del INA).

“Cuando estábamos ahí vi que salieron dos maes tirando bala como locos”, recuerda.

Para ese momento los venezolanos ya habían cometido tres asaltos en el país: el primero fue el 1 de noviembre de 1993 en el Banco Anglo de Escazú, de donde se llevaron ¢20 millones.

Johnny y sus compañeros se toparon con los asaltantes cuando estos salían del extinto Banco Anglo de Paseo Colón. Foto Archivo.
Johnny y sus compañeros se toparon con los asaltantes cuando estos salían del extinto Banco Anglo de Paseo Colón. Foto Archivo.

El segundo fue a inicios de diciembre, cuando robaron ¢12 millones del Banco Nacional de Santa Ana y el tercero el 10 de marzo de 1994, cuando atacaron el Banco de Costa Rica en San Rafael de Escazú y asesinaron al guarda Edwin Herrera y a Roberto Guerrero, quien trabajaba como vigilante de la heladería Pops.

Persecución y lluvia de balazos

Al ver que los asaltantes estaban listos para huir, Johnny se quedó dentro del carro junto a Ronald y Francisco se bajó para tomar fotos.

Los delincuentes subieron a un Suzuki Sidekick verde (robado de una agencia de alquiler de carros en Belén, Heredia) y empezaron la fuga.

En ese instante, por una cuestión como de instinto, Johnny y Ronald decidieron perseguirlos.

La persecución fue de aproximadamente 2 kilómetros ya que en el barrio Claret, en San José, los venezolanos descubrieron que tenían compañía...

“Cuando ya estaban en la recta para salir al hotel San José Palacio se dieron cuenta de que nosotros los íbamos siguiendo y se quedaron parados en un alto. Yo vi que abrieron las puertas y se bajaron todos, en eso Ronald me dijo que echara para atrás y cuando ya iba en reversa, casi acostado en el asiento, se escucharon los balazos y pringó sangre por todo lado, que no sé si era mía o de Ronald”, recordó Johnny.

“Cuando se escuchó la balacera todo fue terrible, los maes nos dispararon sin asco, como cuando alguien llega a hacer tiro al blanco”, contó Johnny Brenes.

Johnny siguió en reversa hasta que el carro cayó en una cuneta y en ese momento él Ronald tomaron la decisión de salir corriendo. Temían que los venezolanos, que había demostrado ser despiadados, llegaran a matarlos.

El carro que andaba Johnny quedó como un colador. Foto Archivo.
El carro que andaba Johnny quedó como un colador. Foto Archivo.

“En una esquina cercana había una pulpería y yo salí en carrera hacia ese lugar, ahí había una muchacha que se asustó y cerró la puerta, entonces yo le dije que era policía y me dejó entrar”, recuerda el chofer.

Los asaltantes siguieron su camino y en las inmediaciones del hotel San José Palacios abandonaron el carro y huyeron en otro que los estaba esperando.

Balazo lo alcanzó

En medio de la adrenalina del momento, Johnny no se había dado cuenta de que uno de los plomazos lo había alcanzado en la mano derecha y algunas esquirlas le dieron en la cabeza.

De donde se refugió lo llevaron después, en patrulla, al hospital San Juan de Dios.

“No sé de qué calibre fue la bala, la salvada fue que la bala entró y salió. La explicación que me dieron es que hay una balas que explotan al entrar en contacto con algo, si hubiera sido una de esas me arranca la mano”, afirma.

“Supuestamente la bala tocó un poquito un tendón y si yo me tocó la cicatriz siento un poquito de corriente, pero aparte de eso nada”, dijo Johnny Brenes.

En el centro médico lo atendieron por la herida en la mano, pero como el hospi estaba tan lleno, del Grupo Nación decidieron enviarlo a la Clínica Bíblica.

De puro milagro Johnny solo sufrió una herida en su mano derecha. Foto Archivo.
De puro milagro Johnny solo sufrió una herida en su mano derecha. Foto Archivo.

“La clínica me puso seguridad privada de ellos en el cuarto y el ministro de Seguridad también mandó un policía. Como a las diez de la noche de ese viernes me tocaron la puerta, ahí si sentí feo, porque entró el policía y me dijo que me quería conocer y se me metió la idea de que ese mae podría haber llegado a terminar lo que los otros empezaron...”.

Pero no fue así. Se trataba nada más de un oficial curioso.

Johnny regresó a su casa el domingo y cuenta que le ofrecieron mandar un policía para darle seguridad, pero a él le pareció que no hacía falta.

Estuvo tres meses incapacitado y dice que nunca temió que los venezolanos fueran a buscarlo.

“Como a los dos días, hablando con Ronald, me dijo que andaban diciendo que, supuestamente, los maes sí andaban dando vueltillas por ahí, viendo qué movimientos había por el periódico”.

En cuanto al carro, dice que, según le contaron, recibió cerca de 800 balazos y que lo único que no se dañó fueron los cinturones y el volante. Pese a que quedó como un colador, lo mandaron a reparar luego de que fue devuelto por el OIJ y, como los grandes, siguió un buen tiempo al servicio de Al Día.

“Por ahí anda ese carro, yo lo he visto, seguro lo vendieron”, explica.

Ronald Chacón y Francisco Rodríguez también tuvieron a los asaltabancos a pocos metros. Foto Archivo.
Ronald Chacón y Francisco Rodríguez también tuvieron a los asaltabancos a pocos metros. Foto Archivo.
No pararon

Luego del asalto al Banco Anglo de paseo Colón, los venezolanos continuaron haciendo de las suyas y el 13 de mayo de 1994 asaltaron un camión remesero en Pavas del cual robaron poco más de ¢7 millones.

Su último golpe en el país ocurrió el viernes 27 de mayo, cuando interceptaron un remesero cerca del peaje de Naranjo, en Alajuela. En ese golpe asesinaron al custodio Álvaro Rojas y huyeron con ¢30 millones.

Su caída empezó justo después de esa muerte. El OIJ recibió un día una llamada que selló el destino de los delincuentes. Un funcionario bancario dijo a los investigadores que varios extranjeros llegaron con una gran cantidad de billetes desordenados para cambiarlos por dólares, los dejaron y afirmaron que pronto regresarían.

Con esa valiosísima información, las fuerzas policiales montaron vigilancia en la sucursal y les dieron seguimiento a los sospechosos, quienes descubrieron lo que pasaba y escaparon.

Lo bueno fue que uno de los investigadores apuntó la placa del carro que andaban y descubrió que lo habían alquilado en un negocio. El OIJ fue hasta ese local, en San José, y ahí lo encontraron.

Al revisarlo, encontraron dentro un tiquete del peaje de Naranjo que coincidía con la fecha del último asalto. El círculo se cerraba cada vez más alrededor de los maleantes.

Gracias a la labor de investigación, las autoridades descubrieron que los extranjeros vivían en una casa que alquilaban en Pavas y afinaron el operativo para agarrarlos. Lo ejecutaron en la madrugada del sábado 28 de mayo de 1994.

Cayeron Juan José Avendaño, Abel Antonio Rodríguez y Luis Enrique Martínez Ojeda. El único que se salvó fue Oswaldo Martínez Ojeda, quien horas antes había usado un pasaporte falso para viajar a México.

En el operativo también detuvieron a una mujer apellidada Martínez Ojeda que estaba con su hijo de 8 meses. Afirmó que la tenían secuestrada y nunca fue ligada con los asaltos.

En el país se vivía con miedo por culpa de los asaltabancos venezolanos. Foto Archivo.
En el país se vivía con miedo por culpa de los asaltabancos venezolanos. Foto Archivo.

El OIJ allanó también la casa alquilada y decomisó más de ¢30 millones, pistolas, rifles AK-47 y granadas de fragmentación.

Con colilla

El capítulo más controversial de este caso ocurrió la madrugada del martes 7 de junio de 1994, cuando los delincuentes venezolanos debían ingresar a la cárcel de La Reforma, pero eso no pasó y terminaron sentados en un avión que salió del Juan Santamaría rumbo a su país natal.

Se informó que se había hecho así por orden del entonces presidente José María Figueres, quien solicitó que fueran expulsados del país debido al gran peligro que representaban.

“Ellos hicieron mucho daño aquí, mataron gente inocente que no tenía nada que ver”, dijo Johnny Brenes.
Este fue el carro que los delincuentes usaron para cometer el asalto. Foto Archivo.
Este fue el carro que los delincuentes usaron para cometer el asalto. Foto Archivo.

Al parecer, en esa decisión también influyeron las amenazas que habrían recibido algunos magistrados, a quienes les decían que iban a ser secuestrados sus hijos escolares o colegiales para intercambiarlos por los extranjeros.

Algunas voces exigían que la banda enfrentara la justicia de nuestro país por todo el daño que había hecho; otras, como en el caso de Johnny, lo vio con alivio.

“Yo le di gracias a Dios de que los sacaron del país así de rápido, eso fue lo mejor que me pudo pasar”, opina.

Fuga y final

El sábado 11 de junio de 1994 los tres venezolanos fueron llevados a celdas de máxima seguridad de la cárcel El Dorado, ubicada cerca de la selva del Amazonas y de donde supuestamente nadie se fugaba.

En su país, los delincuentes eran buscados por una serie de asaltos violentos. El más sonado fue el atraco a una avioneta propiedad de Transporte de Valores Caribe (Transvalcar), ocurrido el 25 de noviembre de 1992 y en el cual mataron a cuatro personas y robaron un millón de dólares.

Casi un año tuvo que pasar para que el último miembro de la banda, Oswaldo Martínez Ojeda, cayera en manos de la policía.

Oswaldo, señalado como el líder del grupo, fue detenido el 3 de enero de 1995 en Guadalajara, México, donde se enfrentó a balazos con un supuesto narco por una deuda de drogas. En mayo de ese mismo año fue llevado a la prisión en la que estaban los otros tres delincuentes.

En este chozón, en Rohrmoser, se ocultaban los extranjeros. Foto Archivo.
En este chozón, en Rohrmoser, se ocultaban los extranjeros. Foto Archivo.

Pero los mafiosos de ese tipo nunca se quedan quietos y el 17 de noviembre de 1998, Oswaldo, su hermano Luis Enrique y Abel Antonio Rodríguez se fugaron del centro penal. Se dijo entonces que no llevaron con ellos a Avendaño porque lo culpaban de las detenciones en Costa Rica.

Tres semanas después se cumplió aquello de “quien a yerro mata, a yerro muere”.

La madrugada del 1 de diciembre, las autoridades venezolanas acabaron a balazos con la vida de Abel y Luis Enrique. Oswaldo logró escapar, pero jamás enderezó su camino y siguió en el mundo de la delincuencia y armó otra banda, pero la suerte se le acabó en enero del 2010.

Su última fechoría fue el secuestro de un joven comerciante por el cual iba a pedir dinero a cambio de su liberación, pero el plan falló debido a que la víctima escapó y avisó a las autoridades, que empezaron a buscar a los maleantes.

El 27 de enero, Oswaldo se enfrentó a balazos con policías que llegaron hasta la finca donde habían retenido al comerciante y hasta ahí llegó. (Avendaño había fallecido el 20 de agosto del 2003 dentro de su celda en la cárcel de El Dorado a causa de dengue hemorrágico).

Con su muerte terminó uno de los capítulos más violentos de la mitad de los noventa en Costa Rica, donde Johnny, Paco y Ronald --los trabajadores de Al Día-- casi acaban en las páginas de sucesos.

La banda culpó al capitán Avendaño de la detención en Costa Rica. Foto Archivo.
La banda culpó al capitán Avendaño de la detención en Costa Rica. Foto Archivo.