El Novelón

Los Valerio: tres hermanos vencieron la montaña tras pasar ocho días perdidos

Hombres se alimentaron de una pava cruda y varios palmitos.

Los hermanos Valerio se hicieron famosos en 1968, las portadas de los periódicos ticos, durante ocho días, se concentraron en su desaparición.

Jorge, Víctor, y Rodolfo Valerio Trigueros, en ese orden de mayor a menor, sobrevivieron a lo que los cuerpos de socorro de aquellas épocas les parecía imposible.

Los tres Valerio lograron vencer las montañas del Monte de la Cruz en Heredia, hace 53 años, cuando eran casi que impenetrables. Estar juntos, no desesperarse y una pava que llevaban en un balde con agua les permitió sobrevir perdidos durante una semana.

De ellos el único que hoy vive es don Rodolfo, el menor, quien tiene 76 años y nos contó en su casa en La Trinidad de Moravia lo vivido por él y sus hermanos.

“El viernes 2 de agosto de 1968 nos fuimos a pie a Cartago desde Barrio México, a ver a la virgencita y al día siguiente mis hermanos, mi papá, Óscar Valerio Rojas, decidimos irnos de cacería, entramos por el lado de San Rafael de Heredia y la idea era salir el domingo, nosotros siempre íbamos a cazar a distintos lugares porque eso era algo permitido en aquellos tiempos, pero nunca habíamos ido ahí”, nos contó don Rodolfo.

Valerio recuerda que ese primer día decidieron quedarse a dormir en un ranchito en medio de la montaña, pero el domingo se levantaron muy temprano y como don Óscar estaba dormido decidieron no despertarlo e irse a cazar sin él, pues sabían que en algún momento los iba a alcanzar.

“Nos metimos en la montaña, mi hermano Jorge me dijo que fuera cortando los árboles y zacate para hacer un trillo y que supiera por dónde íbamos, Jorge llevaba la escopeta, pero yo no sé por qué yo pensaba que ellos conocían el lugar por donde andábamos, pero no”.

Don Rodolfo recuerda que vieron varias pavas de gran tamaño que estaban en unos árboles por lo que Jorge disparó y se pegó una que se veía bien grandota. Ese disparo certero se convertiría en su salvación.

“El balazo alborotó las otras aves y entonces dimos mucha vuelta para correr y encontrarla, fueron minutos, pero caminamos y corrimos mucho. Y la encontramos porque sabíamos que le dio, en eso Jorge me preguntó, ‘¿usted viene marcando el camino?’ y le digo, ‘no, yo vengo escuchando la radio hace rato’, pero ya habíamos avanzado una barbaridad”, dijo el sobreviviente.

La primera noche perdidos cayó para los hermanos, todavía no sabían lo que les esperaba, y les tocó dormir debajo de unos árboles, las fuertes lluvias los hicieron pasar horas empapados.

“Al día siguiente nos levantamos y empezamos a caminar por los cuatro lados, decidimos que teníamos que caminar, sabíamos que papá nos iba a buscar, nosotros entramos por el norte y teníamos que salir por el sur, pero no llevábamos nada, menos una brújula”, dijo.

Los hermanos Valerio caminaban y caminaban, la pava, que era la única comida que tenían garantizada la jalaban en un balde. El lunes llegó y a como pudieron construyeron un ranchito, solo llevaban un cuchillo con poco filo, el rifle y unos encendedores que dejaron de funcionar porque se mojaron muchísimo.

“Para entonces lo único que pensábamos era que si papi se metía en la montaña a buscarnos no nos iba a alcanzar y se iba a perder, pero el tiempo estaba tan mal que nosotros no podíamos ubicarnos ni con el sol ni la luna, bajamos unas partes feísimas, llegamos al cañón de un río y bajamos a cómo pudimos y lo cruzamos”, dijo.

Cuando se toparon con el río aprovecharon para limpiar la pava y don Rodolfo la destazó, llenó el balde con agua y según relata, sus hermanos comieron un poco de la carne cruda, él no pudo ni probarla, pero estaban dispuestos a cuidarla para alimentarse.

“Yo lo que me comía era puro palmito, pero era demasiado duro, no teníamos con que prender fuego, mi hermano trató con una mecha y la escopeta, recuerdo que se le hicieron unas chispas que casi le caen en una oreja”, contó.

Los Gallardo

El martes, los Valerio decidieron empezar a caminar por la orilla del río, “pues los ríos no se devuelven”, pensaron, pero llegaron a una parte donde ya no pudieron avanzar y les tocó ir a dar la vuelta.

“Llegamos a unos montículos de tierra enormes con hormigas, ahí encontramos una tarjeta que era de los Gallardo (unos primos que se perdieron ese año), cerca había un árbol que decía algo raro, tenía como un siete, fue lo único de ellos que encontramos, ellos desaparecieron y a la fecha no se sabe nada”, dijo Rodolfo.

El prestigioso fotógrafo Carlos Luis Gallardo, de 47 años, y José María Gallardo Rodríguez, de 25, desaparecieron el 1 de abril de 1968 en las montañas de cerro Cacho Negro, un volcán extinguido cerca del cual hay barrancos profundos.

Ellos iban a realizar un documental de la zona. Aquella tarjeta que encontraron fue guardada por uno de los hermanos, pues sabían la historia y decidieron que cuando lograran salir la llevarían a las autoridades. Fue el papá el que al final entregó esa tarjeta de los Gallardo a los investigadores.

Los Valerio decidieron seguir caminando y llegaron a un lugar donde ya habían estado, otra vez buscaron el río. Hasta unos patos se les atravesaron, apenas para la cena, pero don Rodolfo se negaba a comer carne cruda.

Un momento muy difícil fue cuando cuando tuvieron que cruzar el río y la corriente se los llevaba, por lo que se agarraron los tres y se aferraron a varias piedras hasta que lograron llegar al otro lado.

“No le puedo explicar lo difícil que fue, pero nosotros lo único que pensábamos era en mi papá, sabíamos que él nos estaba buscando, teníamos un radio, pero se nos mojó igual que los encendedores, mis hermanos eran fumadores y se tuvieron que aguantar, pero nosotros en todo momento conservamos la esperanza de que íbamos a salir”.

Lo más difícil para estos hermanos eran las noches, pues aseguran que oscurecía a tal punto que no se lograban ver ni las manos.

“En la noche no podíamos dormir, yo casi todas las noches me hacía el dormido, pero estaba llorando, me imagino que mis hermanos también, pero no hacía bulla porque no quería que entráramos en pánico, pero acostados las serpientes nos pasaban por montones a la par, también pasaban las dantas. Un día vimos a una con la cría y también unos saínos, alguna vez mi hermano Jorge disparó para espantarlos”, relató.

Durante los días que estuvieron perdidos, siempre a las 6 de la mañana los Valerio decían “vamos a desayunar” y era porque a esa hora iban al río a tomar agua.

“La pava nos duró montones de días, le cambiaba el agua y no se puso mala, un día nos encontramos un palmito buenísimo, pero cuando lo corté y cayó se vino un avispero y ni le cuento como nos fue”, dijo el ahora pensionado quien trabajó siempre en la Imprenta Nacional.

Sin embargo, don Rodrigo asegura que él y sus hermanos se mantenían optimistas, llenos de fe en que iban a salir o que los iban a encontrar, asegura que en todo momento evitaron pensar que iban a morir.

“El viernes llegamos a un lugar donde se juntan dos ríos, decidimos seguir por un lado y vimos un trillo y un claro (al recordar ese momento sonríe), había mucho zacate alto, y nosotros caminábamos con unas ganas porque por fin llegamos a un potrero y sentimos mucha alegría”, relató aún emocionado.

Abrazo inolvidable

“Vimos a un señor y lo abrazamos, nosotros andábamos en una facha con zapatos y ropa rota, él nos vio asustado, nosotros le decíamos que éramos los extraviados, y el señor se nos quedaba viendo y se llevó el dedo para la boca para decirnos que era mudo, pero nos llevó hasta una finca para que que habláramos con su patrón”.

Los hermanos de Barrio México le preguntaron al dueño de la finca si había escuchado en la radio algo de unos perdidos en la montaña, pero el finquero estaba detrás del palo.

“El señor muy receloso nos dio comida y café. Esa noche el finquero puso las noticias, eran como las 6 p.m., y escuchó de nosotros y supo que era verdad lo que le decíamos .

“Entonces el sábado la actitud del hombre ya era otra, nos trataron muy bien y nos dieron de desayunar, nos ofrecieron unas bestias para llevarnos a la antigua colonia Cubujuquí, solo mi hermano Jorge quiso ir a caballo, nosotros caminamos, eran unos barriales terribles”.

Fiestón en el barrio

El papá de los Valerio les contó a sus hijos, en aquél entonces, que no los encontraron porque las patrullas todos los días volvían a salir del mismo punto, entonces ellos les llevaban mucha ventaja.

El tata los buscó, pero se le gastaron las pilas a un foco que andaba, por lo que mejor salió a dar aviso, muchos baquianos lo apoyaron.

“La alegría para ellos (quienes los buscaban) fue cuando otro hermano de nosotros, Mario, encontró el encendedor de Jorge que se le cayó cuando pasó debajo de un árbol, eso los hizo saber que estábamos vivos”, dijo.

Doña Helena Trigueros, mamá de los perdidos, había pasado muchas angustias, por lo que sus hijos suplicaron en el hospital que les dieran salida porque era el 15 de agosto, Día de la Madre, y querían pasar con ella y así fue, además, el abuelo Manuel Valerio estaba muy mal y salieron del hospi a verlo y al día siguiente falleció.

“Cuando llegamos al barrio nos hicieron un fiestón, nosotros deseando dormir, pero esa noche fue pura celebración, gente de la comunidad nos fue a buscar a las montañas, pero los sacaban”, dijo don Rodolfo.

“En esa época fuimos famosos, ese año estalló el volcán Arenal (29 de julio de 1968) por montones de días eso fue noticia, y cuando nos perdimos todo era los Valerio”, recordó.

De aquella aventura a don Rodolfo le queda un álbum de recortes y fotos que cuida como un tesoro, incluso años después la desaparecida revista Rumbo les hizo un reportaje en 1985 sobre lo sucedido.

Silvia Coto

Periodista de sucesos y judiciales. Bachiller en Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo. Labora en Grupo Nación desde el 2010.