Adrían Galeano Calvo.Hace 2 días
El investigador recordó que el joven fue ligado con el homicidio de un guarda que le dio un vaso con agua. Ilustración Francela Zamora.
El investigador recordó que el joven fue ligado con el homicidio de un guarda que le dio un vaso con agua. Ilustración Francela Zamora.

Un limonense de 16 años fue entre 1999 y el 2001 una de las personas más buscadas por el OIJ porque se le relacionaba con al menos seis homicidios, casi todos cometidos en la provincia del Caribe.

Ese hombre, quien falleció trágicamente a los 24 años luego de un pleito en La Reforma, aún es recordado por un investigador del Organismo de Investigación Judicial de apellido Bennett, quien por mucho tiempo le siguió la pista e incluso participó en tres de sus detenciones.

Según dice ahora el investigador, estos casos siguen muy frescos en su memoria porque entonces era inusual que alguien tan joven estuviera metido en tantos crímenes. Hoy es otra historia.

“Si no estaba cometiendo un delito se le veía tan tranquilo, parecía un joven que no le haría daño a nade, de noche no se le veía en las calles”, recuerda Bennett.

Como era menor de edad cuando empezó su ola de crímenes, las autoridades no revelaron mucha información sobre su historial delictivo. Lo último que se supo fue que en el 2001 lo condenaron a 6 años de cárcel por el homicidio de Arnoldo Fernández Sanabria, de 38 años y quien trabajaba como distribuidor de pan Breddy. El asesinato ocurrió el 26 de enero del 2001.

Según el investigador, el joven inició sus fechorías cuando tenía 14 años. Foto Archivo.
Según el investigador, el joven inició sus fechorías cuando tenía 14 años. Foto Archivo.

Además de esa sentencia, el joven delincuente debía cumplir 11 años más porque había sido condenado por otros delitos, entre estos una tentativa de homicidio.

“Era una persona con quien se podía dialogar estando en celdas, en esos momentos nunca mostró la parte violenta que tenia”, dijo el investigador Bennett.
Empezó temprano

Según cuenta Bennett, quien trabajaba como investigador en la atención preliminar de los sitios del suceso, el muchacho limonense, pese a su edad, era un viejo conocido de la Policía Judicial porque antes de ser investigado por los homicidios había sido sospechoso de otros delitos.

“Inició (en el mundo del crimen) muy joven, creo que a los catorce años era parte de un grupo de jóvenes de Limoncito que se dedicaba a asaltar peatones y vecinos. Luego cada uno hizo su propio camino”.

Camino en el mundo del mal, claro.

“Él actuaba de manera solitaria en los asaltos, decía que no había suficiente para repartir entre tantos. Eso fue por la experiencia que tenía, porque en ocasiones el botín era de veinte mil colones y tenía que repartirlo hasta entre seis, por lo que no valía la pena”, explicó el investigador.

El agente cuenta que la primera vez que estuvo frente a frente con el muchacho fue por el asalto a un agente de ventas en Limoncito. Lo recuerda bien porque fue uno de los primeros casos que atendió con el OIJ.

“Nos reportaron que el autor era este joven y había corrido hacia su casa, que estaba aproximadamente a trescientos metros del lugar. La Fuerza Pública tenía rodeada la vivienda, se solicitó allanamiento a la casa y el muchacho se escapó por detrás, pero fue detenido por unos policías”, menciona Bennett.

El maleante asaltaba utilizando un revólver calibre 38 y a todas las personas que asaltaba las amenazaba con la misma frase: “No lo haga difícil, esto no es suyo”.

Santos Solano se ganaba la vida vendiendo cuadros de casa en casa. Foto Archivo.
Santos Solano se ganaba la vida vendiendo cuadros de casa en casa. Foto Archivo.

“Les quitaba solamente dinero en efectivo, no se llevaba otros artículos y si no tenían dinero les daba un cachazo o les disparaba a los pies”, añade el investigador.

Rastro de muerte

Aunque el limonense solo fue condenado por el homicidio del agente repartidor de Breddy, quien fue baleado mientras hablaba con la dueña de una pulpería, la Policía Judicial lo investigó por otros cinco hechos.

El primero fue el asesinato de Santos Solano Vargas, de 18 años, ocurrido el 19 de noviembre de 1999 en el barrio Los Lirios de Limón.

Solano, quien se dedicaba a vender cuadros casa por casa, murió de tres balazos por la espalda y en aquel momento el OIJ dijo que el móvil del crimen fue un aparente ajuste de cuentas.

Solano tenía con él 45.000 colones y varias cadenas de oro que usaba y no le quitaron nada.

El segundo hecho en el cual sonó de nuevo el nombre del joven sucedió el 3 diciembre de 1999, día del homicidio de Javier Retana Leiva, de 30 años y quien se ganaba la vida como chancero. Fue asesinado de seis balazos en Nochebuena de Turrialba.

El peligroso joven también fue ligado con la muerte de Sony Alberto Rojas Quesada, de 36 años y quien falleció durante un asalto en el barrio Envaco de Limón el 13 de diciembre de 1999.

El 20 de julio del 2000, el muchacho fue detenido junto a otros dos hombres en San José por ser sospechosos de matar al agente de ventas Carlos Vega Quesada, de 49 años y quien recibió dos balazos el 10 de julio de ese año durante un asalto a un restaurante en Sabana Sur.

El joven chancero falleció como producto de seis plomazos. Foto Archivo.
El joven chancero falleció como producto de seis plomazos. Foto Archivo.

Según una nota publicada por La Nación, al momento de ser detenido, el limonense llevaba puesta una esclava de oro que era de la víctima; sin embargo, fue dejado en libertad por la Fiscalía Penal Juvenil debido a que los familiares de Vega tardaron demasiado en reconocer esa pertenencia.

También figuró como sospechoso en el homicidio del guarda Ezequiel Acosta Acosta, de 57 años y quien el 30 de julio del 2000 recibió un tiro en el pecho mientras trabajaba en su puesto en la finca Recope, a la entrada de Moín.

“Era un joven que abordaba a las victimas con un revólver calibre 38, y les decía: “no lo haga difícil esto no es suyo”, dijo el investigador Bennett.
Muy violento

Bennett contó que de todos esos casos el que más recuerda es el del guarda, sobre todo por la forma en la que el delincuente se aprovechó de la bondad de Acosta para engañarlo y luego asesinarlo.

“En horas del día pasó por la caseta de dicho guarda, quien lo saludó. El joven se acercó a él para pedirle un vaso con agua y una vez que se lo tomó le dio las gracias al guarda, quien ingresó a la caseta a dejar el vaso. Cuando el guarda salió este joven supuestamente le dijo: ‘que Dios lo acompañé' y le disparó”, detalla el agente.

Según el investigador, el joven, quien aparentemente actuó con otros sospechosos, usó el cuento del vaso con agua para que el vigilante abriera un portón y lo dejara entrar. Supuestamente, el plan era asesinar al guarda para robarle su revólver calibre 38.

“Se decía que era un joven que les disparaba a las victimas solo por el placer de verlos abatidos en el suelo, después se iba corriendo siempre hacia su casa”, dijo el investigador.

El 4 de diciembre del 2000 el joven fue llevado a juicio por este homicidio y lo condenaron a 8 años de cárcel, sin embargo, en enero del 2001 la sentencia fue anulada y lo dejaron en libertad. Los detalles de la anulación no se dieron a conocer por tratarse de un menor de edad.

El muchacho fue condenado por el homicidio de Arnoldo Fernández en las afueras de una pulpería en Limón . Foto Archivo.
El muchacho fue condenado por el homicidio de Arnoldo Fernández en las afueras de una pulpería en Limón . Foto Archivo.

Bennett recordó que en aquellos tiempos existía el rumor de que había un juez penal juvenil que le tenía miedo al joven y que cada vez que tenía que ver un caso suyo lo dejaba en libertad.

“Tenía varios allegados que siempre estaban afuera esperando a que lo soltaran y luego lo llevaban a comer a una soda que había cerca del edificio de los tribunales, como para festejar. Se decía que era una de las cosas que lo motivaba a delinquir, pues se sentía apoyado”, dijo el investigador.

24 años tenía el joven cuando falleció luego de ser atacado a puñaladas en La Reforma
Escape y trágico final

El limonense siguió siendo noticia aun cuando ya estaba detrás de las rejas debido a que a su corta edad protagonizó tres fugas de centros penales.

La primera ocurrió a inicios del 2001, cuando tenía 17 años. En esa ocasión logró escapar del Centro de Formación Juvenil Zurquí, en San Luis de Santo Domingo, Heredia, pero fue recapturado a los pocos minutos.

La segunda fuga se dio el 7 de febrero del 2002, para ese entonces tenía 19 años y había sido pasado a la cárcel La Reforma, en San Rafael de Alajuela. La Policía logró capturarlo cuando estaba a 700 metros del centro penal.

El último de sus escapes sucedió el 10 de diciembre del 2005, cuando huyó del dormitorio B de adultos jóvenes de La Reforma junto a otro reo apellidado Charleston. Ambos pasaron por debajo de un portón metálico a 50 metros de una torre de seguridad. El delincuente fue capturado a los pocos días.

La vida del joven llegó a su fin de forma trágica por un pleito que se armó el 8 de diciembre del 2007 dentro del Ámbito D (mediana cerrada); allí fue apuñalado en el pecho varias veces. Falleció a las 11 de la noche en el hospital San Rafael de Alajuela.

Murió como había vivido.