El Novelón

Taxista fue asesinado en misterioso viaje de las 7

Benjamín Calderón es considerado como el primer conductor de la fuerza roja que falleció en manos del hampa.

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El asesinato del taxista Benjamín Calderón Fonseca, ocurrido el 14 de abril de 1964, marcó a quienes se dedican a ese brete en Costa Rica.

Este conductor encontró la muerte en un extraño viaje que acostumbraba realizar todos los días a las 7 de la noche y hasta la fecha sigue siendo un misterio.

Ese, según los taxistas más “viejitos”, fue el comienzo de una oleada de violencia que le ha tocado enfrentar a la Fuerza Roja. Aunque no existen cifras oficiales, los conductores de antaño, con más de 40 años de experiencia en Chepe, aseguran que ese fue el primer crimen en el que perdió la vida uno de sus colegas y, según sus cuentas, lamentablemente la cifra ya supera las 60 víctimas.

Uno de los que no olvida ese caso es don Luis Sánchez, quien ahora se dedica a trabajar en una escuelita de fútbol llamada Buruca y a chinear a sus nietos, sobre todo a uno que tiene ocho añitos.

“A mí me tocó manejar ese taxi varios años después del crimen, don Carlos Sing, el dueño del taxi, tenía varios carros, pero a mí me tocó manejar ese, no se me olvida jamás esa placa. Yo no conocí a Benjamín, pero sí sé que fue el primer homicidio de un taxista, y lo que más duele es que nunca se supo quién ni por qué lo mató”, dijo el vecino de Hatillo, quien fue rojo por 38 años.

“Este es un oficio que ya no da para vivir y siempre es peligroso. Antes uno iba a unos garajes que había para recoger a los clientes y no todo mundo andaba taximetro, yo me hice futbolista para que me ayudaran a conseguir la placa de taxi”, dijo el morado de cepa.

La muerte de Calderón ocurrió en Gravilias de Desamparados, meses antes de que el Gobierno reconociera al taxi como un medio de transporte formal.

Y algo que agregó más dolor a este caso, es que por algunos errores policiales durante la investigación, nunca se hizo justicia.

Taxi verde

Benjamín, de 34 años, manejaba un taxi modelo Opel 1700, verde oscuro, con el techo blanco. Esto porque antes de 1977 podían ser de cualquier color, en ese año se estableció que serían rojos. La placa era la SJP 531, propiedad de Carlos Sing, ya fallecido.

Alexis Retana, taxista y locutor-productor de programas de radio de la Fuerza Roja, nos explicó que antes de 1965 a los conductores les daban un permiso para que pudieran manejar, ya luego se fue formalizando todo.

Al conductor lo conocían como “Mincho Calderón”, era uno de los mejores choferes de Sing porque siempre le llevaba buenas ganancias, era un hombre muy honesto, breteaba desde las 5 de la mañana hasta el anochecer, y cuando no andaba conduciendo se ponía a trabajar en una verdulería en San Sebastián, estaba casado y tenía dos hijos.

Sin embargo, le había comentado a su esposa que tenía un problema, pero nunca le quiso dar más detalles, eso sí, le dijo que se iban a vivir lejos de San José por un tiempo.

El dueño del taxi tampoco sabía nada. Y es que no había nada extraño en Benjamín, era un hombre tímido y muy tranquilo, lo único que llamaba la atención era un viaje que hacía todos los días a las 7 de la noche, pero incluso después de su muerte, en su casa nadie supo quién era el cliente y mucho menos el destino.

El día del homicidio recogió el carro cerca del hospital San Juan de Dios y en la noche llegó a su casa a comerse un gallito, esta se ubicaba cerca del beneficio “La Raya”, carretera al antiguo salón de baile Los Juncales.

Luego se fue a trabajar, a hacer el famoso viaje de las 7. Como era rápido, su esposa Berta Alvarado y su hijo de nueve años se sentaron en unas piedras afuera de la casa a esperar a que volviera, pero les ganó la ansiedad de ver que no regresaba.

El último que lo vio con vida fue un compañero con el que también compartía el taxi, quien lo vio cerca de la iglesia del centro de Desamparados.

Buscó el camino a su casa

La calle en la que vivía Calderón era oscura, de lastre y estaba rodeada de árboles y cafetales. En un determinado momento en esa noche, su esposa escuchó que un carro se acercaba de sur a norte. Y sí era el auto de Mincho, pero por más que abría los ojos, la señora no podía distinguir si se trataba de su amado.

El vehículo se acercaba muy despacio, la mujer escuchó varios golpes y un extraño movimiento que provocó que su piel se erizara, su cuerpo temblaba y las luces de los focos del carro la encandilaban.

El taxi pasó por el frente de la casa de don Aurelio Monge, esa vivienda tenía las luces del corredor encendidas, y así ella se pudo dar cuenta de que en el carro iban dos personas. La que iba adelante se tapaba la cara con una de sus manos y la del asiento trasero llevaba su cabeza pegada a la ventana.

Aquel misterio solo tenía una explicación, el cliente del famoso viaje de las 7 de la noche iba en el asiento de atrás y se llevó amenazado al taxista, sin darse cuenta que Benjamín, muy astutamente, tomó la ruta camino a casa.

Pero lamentablemente, antes de que Calderón llegara al frente de su hogar, le pegaron cuatro puñaladas por la espalda.

El golpe que había escuchado doña Berta fue el momento en que el asesino tiró el cuerpo del conductor en el asiento trasero para poder tomar el control del carro.

“El asesino no sabía manejar, los trancanzos y frenazos lo dejaban en evidencia, una pareja caminaba cerca y casi la atropella cuando trató de echar reversa. Ellos escucharon a Benjamín quejarse, como que los llamaba para que lo ayudaran, la muchacha dicen que se quiso acercar, pero el novio no la dejó y se fueron del sitio”, dijo Roy Rojas, un taxista.

La esposa corrió a la casa de don Aurelio y le contó lo que ocurrió, por lo que el señor se fue para el taxi con una pistola sin balas y un cuchillo, pero cuando iba a abrir la puerta del carro escuchó el sonido de cuando se monta un arma y prefirió regresarse con la señora y llamar a la Policía.

El asesino, al verse solo, tiró el cuerpo de Benjamín a 600 metros de donde pasó todo y trato de dar vuelta para escapar, pero empezó a escuchar el sonido de las patrullas, entonces se bajó del carro y se escondió en unos cafetales.

Los oficiales encontraron el cuerpo y le confirmaron la tragedia a su esposa. También hallaron un billete de ¢20 colones.

“Ese fue un golpe muy duro para esa señora. Los que éramos taxistas andábamos asustados porque no se sabía a qué se debía tanta barbaridad, si era que se trataba de algo personal, si era alguien que iba a robar taxis o asaltar a los taxistas”, dijo Rojas, quien ya está pensionado.

Los detectives encontraron la llave del carro pegada, había sangre en la tapicería, el piso y en las puertas, además, en el asiento trasero había huellas de zapato con tierra.

El cadáver de “Mincho Calderón” estaba boca arriba, sobre la hierba y con las manos hacia la cintura, le faltaba el zapato derecho que estaba a unos cuantos metros y el izquierdo lo tenía medio puesto.

En la bolsa de su camisa llevaba un librito de rezos que se lo perforó el cuchillo. Los investigadores encontraron en la puerta un cenicero con el que también lo habrían atacado.

Rojas asegura que el día del crimen los oficiales no cercaron la escena y, además de no ir a buscar al sospechoso, tampoco protegieron la evidencia, pues aquello era un tumulto.

Lo archivaron

“En aquella época, por así decirlo, todo era más rudimentario y al hacerlo mal nunca se dio con el asesino, no se le hizo a Benjamín justicia, la gente se sentía bastante indignada, si eso hubiera pasado ahorita la historia sería distinta”, dijo don Roy.

En 1966, el Juzgado Tercero Penal archivó el caso por falta de pruebas.

Don Luis recuerda que el taxi SJP 531 anduvo en San José un montón de años más, con otros conductores, pero todos se sabían la historia tan triste que ocurrió a bordo.

“Don Carlos tenía unos taxis muy buenos, por eso a la gente le gustaba mucho trabajar con él”, dijo Luis.

Doña Berta murió en el 2009.

Fernando Monge es el taxista más “viejito” de Costa Rica, tiene 63 años “volando” rueda y nos contó que todavía sale ratitos con su chuzo a trabajar.

“No conocí a Benjamín, pero claro que uno oye hablar de los casos, yo trabajaba en la central de taxis, ha sido un oficio peligroso desde siempre”, dijo.

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