Dicen que los sueños no tienen fecha de vencimiento y la historia de don Fernando Calderón Calderón es prueba de ello.
A sus recién cumplidos 90 años, este vecino de Guadalupe vivió uno de los momentos más felices de su vida al recibir el título de sexto grado que, por distintas circunstancias, nunca le entregaron cuando terminó la escuela, hace más de siete décadas.
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La emotiva ceremonia se realizó el pasado viernes en la Escuela Pilar Jiménez, el mismo centro educativo donde estudió cuando era niño. Lo más especial fue que don Fernando nunca imaginó que ese día terminaría usando toga, recibiendo un diploma y escuchando los aplausos de toda su familia.
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Mario Calderón Vargas, uno de sus 11 hijos y con quien conversó La Teja, contó que todo comenzó por una curiosidad que tenían desde hacía muchos años. Siempre escuchaban a su papá decir que había terminado la escuela, pero que nunca recibió el certificado que acreditaba ese logro.
“Nos pusimos a investigar porque él siempre hablaba de eso. Contactamos a la escuela, dimos todos los datos que recordaba y ellos revisaron los archivos hasta confirmar que efectivamente había aprobado sexto grado, pero por alguna razón nunca le entregaron el título”, explicó Mario.
Cuando la dirección de la escuela conoció la historia, decidió hacer algo muy especial. Organizó una ceremonia de graduación igual a la que viven los estudiantes de sexto grado, para que don Fernando pudiera recibir el reconocimiento que llevaba esperando desde 1950.
La familia mantuvo el secreto hasta el último momento. Le dijeron que lo llevarían a una actividad en la escuela, sin darle más detalles. Al entrar al salón y ver la decoración, las autoridades educativas y a sus hijos esperándolo, comprendió que aquella celebración era única y exclusivamente para él.
“La emoción fue enorme. Recordó el nombre de varias maestras, caminó por los pasillos donde estudió cuando era niño y comenzó a contar anécdotas de esa época. Fue como volver a su infancia por un rato”, recordó su hijo con mucho orgullo.
Don Fernando también estuvo acompañado por nietos, hijos, amigos y otros familiares que no quisieron perderse un momento tan significativo. Entre abrazos, felicitaciones, fotografías y aplausos, finalmente recibió el documento que durante décadas creyó que nunca tendría en sus manos.
Pero la historia de este lindo y trabajador señor no solo habla de un título escolar. También refleja la vida de esfuerzo de muchos costarricenses que desde muy pequeños tuvieron que dejar de lado algunos sueños para dedicarse a trabajar y sacar adelante a sus familias.
A pesar de haber cumplido 90 años y de enviudar hace cuatro años, don Fernando continúa trabajando todos los días en Conversiones Hermanos Cava, el negocio familiar ubicado en barrio Cuba, en San José, cerca del Centro Educativo El Carmelo. Allí atiende personalmente a los clientes, quienes lo conocen por su amabilidad, dedicación y por un servicio único.
El taller cuenta con maquinaria especializada, pero una de las más especiales es la máquina para fabricar confeti que el propio don Fernando diseñó hace varias décadas. Gracias a ese invento, en los años setenta la familia elaboraba y vendía bolsas de confeti durante los tradicionales Avenidazos de San José, un trabajo que ayudó a sacar adelante a sus 11 hijos, según un documento que la familia mostró a La Teja.
Hoy, a sus 90 años, don Fernando celebra no solo una vida de trabajo y esfuerzo, sino también haber recibido, 76 años después, el diploma de sexto grado que siempre soñó tener.
Nunca es tarde para empezar
La coordinadora del Programa de Desarrollo Educativo de Extensión de la UNED, Jimena Zeledón Pérez, explicó que en Costa Rica existen opciones gratuitas para que personas adultas y adultas mayores aprendan a leer y escribir o concluyan sus estudios.
Entre ellas destacan los programas del MEP para primer y segundo ciclo, educación diversificada y bachillerato por madurez, así como los proyectos de alfabetización de la UNED.
El proceso se inicia con una orientación para identificar el programa más adecuado y verificar la disponibilidad de grupos en cada comunidad. Las personas interesadas pueden solicitar información por WhatsApp a los números 2527-2725 y 8392-1325.
Además, Zeledón señaló que, aunque las cifras oficiales muestran altos niveles de alfabetización, todavía hay muchas personas adultas que nunca tuvieron la oportunidad de aprender a leer y escribir, por lo que considera que los porcentajes no reflejan por completo la realidad del país.
El poder del cerebro
La psicóloga clínica María José Campos explicó que cuando una persona adulta mayor cumple un sueño pendiente, como aprender a leer o graduarse, experimenta un impacto emocional muy positivo, ya que fortalece su autoestima, aumenta su confianza y le demuestra que nunca es tarde para alcanzar metas importantes.
Añadió que recibir un título representa mucho más que un logro académico: valida toda una historia de esfuerzo y favorece el sentido de pertenencia.
Además, señaló que una de las principales barreras es la creencia de que con la edad ya no se puede aprender; sin embargo, gracias a la neuroplasticidad, el cerebro conserva durante toda la vida la capacidad de adquirir nuevos conocimientos. Aunque el aprendizaje puede ser más lento con los años, las personas adultas mayores siguen siendo capaces de aprender con motivación y práctica.





