La pandemia llegó cargada de incertidumbre, pero también abrió espacio para historias de cambio y reinvención. Una de ellas es la de Gerald Parini Vargas, quien a sus 53 años decidió dar un giro completo a su vida y hoy se posiciona como uno de los nombres más prometedores en el mundo de la coctelería.
Lo que comenzó como un pasatiempo en casa, hoy lo tiene como segundo finalista de Guerra de Cócteles, un reality creado por La Teja.
Gerald, vecino de Granadilla de Curridabat, pasó más de 25 años trabajando como administrador en distintas empresas del sector ferretero.
Aunque contaba con una carrera estable, nunca dejó de lado su verdadera pasión: la cocina. Fue durante la pandemia cuando esa inquietud se convirtió en una decisión firme de cambio.
“Durante la pandemia, como a muchos, me tocó parar. Decidí aprovechar el tiempo para hacer lo que siempre quise: estudiar cocina”, relató Gerald. Así inició un camino que lo llevaría, sin imaginarlo, hasta una competencia nacional de coctelería.
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El inicio en casa: de la pizza a la mixología
El primer paso fue aprender a hacer masa de pizza. Al inicio, los resultados no eran los esperados, pero la constancia y la práctica lo llevaron a perfeccionar la técnica.
Comenzó a vender pizzas entre personas cercanas y pronto descubrió que aquello le generaba una satisfacción especial. Ese entusiasmo lo impulsó a incursionar también en la panadería y la repostería.
Con el tiempo, Gerald decidió ampliar aún más su formación y tomó cursos de pedagogía, lo que le permitió compartir su conocimiento mediante talleres personalizados. Su emprendimiento fue creciendo y, casi de manera natural, dio el salto hacia la coctelería.
“Hace un par de meses empecé con la mixología. Decidí estudiarla formalmente y me atrapó desde el primer momento”, comentó.
El salto a Guerra de Cócteles
Ese gusto por la coctelería fue el que lo llevó a inscribirse en Guerra de Cócteles, un reto que asumió como una oportunidad para poner a prueba todo lo aprendido durante su proceso de reinvención.
Gracias a su talento, disciplina y carisma, logró avanzar hasta convertirse en finalista del segundo programa de cuatro episodios.
“El estar en Guerra de Cócteles ha sido una experiencia única. Ha sido exigente, pero muy enriquecedora”, aseguró.
El segundo programa fue grabado en el restaurante 11:47, en Barrio Aranjuez, un episodio cargado de emoción y retos.
Durante la competencia, los participantes pusieron a prueba sus conocimientos utilizando utensilios de Tips, experimentaron con las sales de Refisal, trabajaron con Ron Centenario y exploraron sabores a partir de frutas frescas de Corporación Quesada. Todo bajo la atenta mirada de los jueces, quienes evaluaron técnica, creatividad y presentación.
Un emprendimiento en expansión
Actualmente, Gerald lidera su emprendimiento Blue Moon, con el que ofrece experiencias personalizadas para eventos especiales.
Paralelamente, continúa impartiendo clases de cocina y panadería, transmitiendo no solo técnicas, sino también la experiencia adquirida a lo largo de los años.
“Enseñar es de las cosas que más disfruto. Poder compartir lo que aprendí a través de prueba y error, y ver cómo las personas entienden y se motivan, es muy gratificante”, expresó.
El valor de reinventarse
Uno de los mensajes más fuertes de su historia es la importancia de atreverse a cambiar, incluso en etapas donde muchos creen que ya no es posible.
“A los 50 años, muchas personas sienten que ya no tienen espacio en el mercado laboral. Yo quise demostrarme que sí se puede, si hay pasión y ganas de aprender”, afirmó.
Hoy, con 53 años, Gerald encontró en la coctelería no solo una nueva forma de ingreso, sino un propósito renovado.
“Nunca imaginé que algo que empezó como un hobby en mi casa se convertiría en mi vida. Estoy agradecido por todo lo aprendido y por las oportunidades que se han presentado”, señaló.
Una pasión marcada para siempre
Su amor por la gastronomía también quedó plasmado de una forma muy personal. Gerald se tatuó un cuchillo y algunos ingredientes representativos de la cocina italiana, una de sus favoritas.
“La cocina italiana demuestra que con pocos ingredientes se pueden lograr cosas increíbles. Ese tatuaje me recuerda todos los días por qué amo lo que hago”, comentó con orgullo.
Un futuro lleno de sabor
Gerald no piensa detenerse. Tiene claros nuevos proyectos y metas por alcanzar.
“Siempre hay algo nuevo que aprender. Quiero seguir creciendo y, sobre todo, seguir enseñando. Mi meta es que las personas disfruten lo que hago tanto como yo disfruto hacerlo”, concluyó.
La gran final de Guerra de Cócteles se realizará en Montaña de Fuego, un hotel ubicado en las faldas del volcán Arenal, donde Gerald continuará demostrando su talento.
Su historia, marcada por la reinvención y la perseverancia, es prueba de que nunca es tarde para empezar de nuevo y convertir una pasión en un proyecto de vida.











