Cuando una tubería se rompe en medio de la montaña o un deslizamiento deja sin agua a un caserío entero, José Miguel Sandoval Cedeño no pregunta la hora. Simplemente sale de su casa y va a buscar la falla, porque sabe que 71 familias de Las Mesas de Paraíso de Santiago dependen de su trabajo.
Sandoval tiene 42 años, vive en la comunidad y trabaja para la Asada de Santiago de Paraíso, una organización comunal encargada del suministro de agua en zonas rurales. Desde hace dos años, forma parte del equipo operativo que vela porque el servicio no falte, incluso en condiciones difíciles.
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En total, son cuatro trabajadores y un administrador quienes atienden distintos sectores, entre ellos Las Mesas y Santiago. “Los cuatro vemos todo”, explicó Sandoval, al detallar que cuando ocurre una emergencia, todos deben responder, aunque muchas veces basta con que uno llegue primero a revisar el daño.
Agua que nace lejos y camina por la montaña
Las Mesas es un caserío pequeño, con apenas 71 familias, donde la naciente de agua se encuentra a unos dos kilómetros de las primeras casas. El agua llega desde zonas montañosas, entre cañales y caminos complicados, lo que hace que cualquier daño en la tubería sea difícil de atender.
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“Aquí el agua está en la montaña, entonces es más complicado”, relató. Las lluvias, los deslizamientos, los árboles caídos o el material suelto suelen provocar rupturas que obligan a subir de inmediato a buscar la fuga.
Emergencias sin horario
José Miguel reconoce que las emergencias no avisan. Ha tenido que salir de noche, de madrugada e incluso en momentos personales, como cuando estaba viendo un partido de fútbol importante de la Sele y el agua se fue en la comunidad. “Me llaman y ya me preguntan a mí”, contó, porque los vecinos saben que vive en el pueblo y siempre responde.
Sin embargo, no siempre es posible arreglar una fuga de inmediato. “Es plena montaña y de noche no se puede entrar por el peligro”, explicó, refiriéndose a riesgos como caídas, animales o la dificultad del terreno. En esos casos, toca esperar al día siguiente, aunque eso implique que el pueblo pase horas sin agua.
Un trabajo que va más allá del agua
Además de atender tuberías y nacientes, el equipo realiza labores de mantenimiento, limpieza, revisión de tanques y trabajos comunales. “Nosotros hacemos de todo”, dijo Sandoval, quien también señaló que este empleo es el sustento de su familia.
Junto a él trabajan Osvaldo Luna Vega, Luis Coto Mata y Leo Moya Valverde, bajo la administración de Gerardo Ramírez, conocido como “Chuna”, quien coordina las operaciones de la Asada.
Aunque reconoce que no es un trabajo sencillo, José Miguel asegura sentirse satisfecho. “Gracias a Dios, me ha ido muy bien y me gusta todo”, afirmó, consciente de que su esfuerzo diario permite que un pequeño pueblo tenga algo tan esencial como el agua.
Nota realizada con ayuda de IA





