La chef y presentadora Jill Paer está viviendo días de mucha angustia por la salud de su papá, el doctor William Paer, conocido por muchos costarricenses por el programa de recetas Qué Rico, que ambos han compartido durante años.
Don William lleva una semana hospitalizado luego de sufrir una complicación que, según contó ella, llegó a ponerlo en una situación muy delicada.
Todo comenzó el lunes anterior, cuando Jill llegó a la casa de su papá y él le contó que había pasado una muy mala noche.
Después de escuchar los síntomas, Jill sospechó que podía tratarse de una infección urinaria y trató de convencerlo para que fuera a recibir atención médica. Sin embargo, don William estaba tan débil que no quería levantarse.
“Tuve que levantarlo literalmente a la fuerza, jalándolo y vistiéndolo. Le obligué a que se parara y logré montarlo al carro y llegar a la clínica”, contó.
En el centro médico les recomendaron trasladarlo inmediatamente al Hospital San Juan de Dios para realizarle más pruebas.
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Después de efectuarle un ultrasonido, los médicos tuvieron que colocarle una sonda para sacar la orina retenida. Jill recordó con angustia que el procedimiento fue muy doloroso para su papá.
Poco después, recuerda que comenzó a temblar violentamente y su estado empeoró.
“Yo lo abrazaba fuerte. No había ni cobija, ni sábana disponible para tratar de calmarle los escalofríos. Lo dejaron así temblando al menos media hora y comenzó a perder la consciencia”, relató.
La situación se volvió crítica cuando su papá sufrió un choque séptico debido a que la infección ya no estaba solamente en las vías urinarias, sino que se había extendido por todo su organismo.
Jill tuvo que esperar afuera mientras su hermano, quien también es médico, pudo ingresar para acompañarlo.
“A cada rato le escribía mensajes a mi hermano: ‘¿Cómo está papá? ¿Ya volvió en sí?’. Gracias a Dios, mi hermano me mantenía informada para saber que papá seguía vivo”, contó.
Después de varias horas, los médicos lograron estabilizarlo y, posteriormente, fue trasladado a observación, donde permanece desde hace siete días.
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Jill aseguró que poco a poco ha ido mejorando, aunque todavía falta mucho para su recuperación. Ella ha estado acompañándolo todo el tiempo que le permiten y hasta consiguió un permiso para llevarle su alimentación.
“Sé que vamos a salir de esto”, expresó con esperanza.
La chef también contó que la ausencia de don William se siente en su casa, especialmente para su gato Babú, quien está “enojadísimo” porque extraña a su principal compañero.
Mientras espera una nueva evaluación médica para determinar qué sigue, Jill agradeció al personal del hospital por las atenciones recibidas y pidió algo muy especial a quienes conocen y siguen a la familia.
“Yo sé que las oraciones ayudan a curar, entonces por favor incluyan a mi papá en las suyas”, solicitó.


